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La cinta blanca, de Michael Haneke

cintabl3Michael Haneke acaba de firmar, probablemente, su película más lograda. “La cinta blanca” se coronó como la gran triunfadora en Cannes hace escasos meses, y pese a ello, ninguna distribuidora se ha decidido a estrenarla en condiciones normales en nuestro país. En otros tiempos, algo así hubiera supuesto, con toda seguridad, el acceso de la obra al gran público. Pero la aceptación tácita de la existencia de un cine para festivales en contraposición a otro para salas comerciales, nos deja huérfanos, una vez más, de parte de lo más destacable de la producción mundial.

Lejos quedan ya aquellos primeros 90, cuando algunos escuchamos por primera vez el nombre de Haneke a raíz de la polémica suscitada por “El vídeo de Benny”, una de sus primeras películas. Artesanal y modesta en cuanto a medios, pero de premonitorias reflexiones, trazaba una línea entre la violencia y los medios de la comunicación, reflejada en la mirada morbosa de un adolescente obsesionado con una videocámara. Dos décadas después, con el auge de YouTube, las palizas registradas en teléfonos móviles, etc., la tesis de aquel perturbador film no ha venido sino a reforzarse. Esa fijación por la violencia y su representación, y sobre todo, por nuestro propio papel como observadores de la misma, ha venido siendo el eje que ha cimentado la carrera de su director, dando como resultado la controvertida “Funny games”, que le consagró como autor a nivel internacional.

Desde entonces, su ascenso ha sido meteórico, de la mano de films brillantes como “La pianista” o “Caché”. Haneke siempre ha sido un director excesivo, y a pesar de cosechar los mil y un premios, parecía haberse instalado en una suerte de limbo destinado a los autores malditos e incomprendidos. Faltaba esa obra definitiva que legar a las generaciones venideras, y ésta podría ser perfectamente la película que nos ocupa. Un proyecto que tardó más de diez años en materializarse, y para el que ha contado con el director de fotografía Christian Berger, que ha impregnado la pantalla de un preciosista blanco y negro que da al film un aire atemporal. Enmarcado en una aldea alemana de fuertes convicciones protestantes en los años anteriormente posteriores a la Primera Guerra Mundial, todo en “Das weisse Band” remite a Bergman, a Dreyer, y destila un amor y un respeto absoluto hacia una forma de hacer cine que parecía perdida en el tiempo. 

Ésta podría ser una película fechada en los años 50 o 60, y es que Haneke ha depurado su estilo hasta lo inimaginable. Limando todas esas asperezas de su estilo que en ocasiones chirriaban. Esa fascinación morbosa por la misma violencia que dice criticar, su gusto por romper el ritmo narrativo mediante escenas de gran crudeza, o la extrema crueldad que acostumbra a mostrar para con sus criaturas. No hay nada de eso aquí, aunque cada plano rezume potencia visual. Lo que queda fuera de campo resulta notablemente más perturbador que lo mostrado, y cada gesto y cada mirada parece ocultar terribles secretos.

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Ello no quiere decir que haya renunciado a sus señas de identidad. En ese sentido, su nuevo trabajo es posiblemente uno de sus films más incómodos de ver, y su atmósfera es tan opresiva y asfixiante como la de “El séptimo continente” o “La pianista”. La diferecia radica en que, ésta vez, ningún plano nos hace apartar la vista de la pantalla. Al contrario que Lars Von Trier, que acaba de firmar con “Anticristo” un manual de truculencia visual, Haneke consigue horrorizarnos con inusitada sutileza. Describiendo el Mal con mayúsculas, el terror en estado puro que se cierne de forma inexplicable sobre una comunidad en forma de misteriosos accidentes, incendios, mutilaciones y torturas infantiles. Radiografiando con maestría la dinámica de una sociedad hermética que se mueve en torno al castigo, la brutalidad y la hipocresía, conformando un mundo de pesadilla que se ceba, como no podía ser de otra manera, con los más débiles, conformando una de las visiones sobre la infancia más perversa que se hayan mostrado jamás en pantalla. Concretamente la de unos niños que (aunque la historia se detenga en 1914) terminarán alimentando las filas del nazismo un par de décadas después.

No vamos a decir que “Das weisse Band” sea una obra maestra, afirmación sumamente arriesgada para una obra que cuenta con escasos meses de vida. Pero desde luego, es una de esas películas imprescindibles de la década que dejamos atrás. Y podría exhibirse, sin desmerecer, al lado de las obras de esos directores a los que toma como referencia.

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  1. dontdisturbmagazine
    Diciembre 16, 2009 a las 12:59 pm | #1

    La fecha de estreno prevista de la película de Haneke es el 15 de enero. Imagino que los premios recibidos (mejor película, guión y dirección) en la reciente edición de los Premios Europeos del cine y su consecuente difusión en prensa harán que un estreno que, conociendo el desolador panorama de las carteleras de cine en España, hubiera pasado desapercibido (aunque hubiera ganado ya la Palma de Oro en el último Festival de Cannes y sea la candidata por Austria para los Oscar a mejor película de habla no inglesa), tenga su hueco, aunque sea pequeño.

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