J.L. Fernandez's Blog

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Back to black: Soul en el siglo XXI

Posted by jlfercan en agosto 10, 2009

El éxito de Amy Winehouse es una muestra más de la recuperación de cierta calidad dentro de la vertiente más comercial de la música negra. Si retrocedemos en el tiempo, podemos afirmar que el auge del Soul como estilo y como vehículo de expresión de una comunidad, terminó a finales de los 60, para difuminarse después en géneros más bailables. El Funk dio también grandes discos durante los 70, y muchas estrellas negras terminaron grabando hits Disco, pero está claro que su interés como fenómeno musical se había terminado hace mucho. La propia Stax Records se declaraba en bancarrota y cerraba sus puertas a finales de 1975 después de que su distribuidora, Atlantic, pasase a poseer los derechos de los masters de las grabaciones del sello sureño mediante una treta legal no demasiado ética.

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Tras años de ostracismo, el Soul de corte más o menos clásico vuelve a tener demanda entre el público. En los últimos años, los aficionados apenas subsistían a base de grabaciones vintage, en un estilo tan estancado como el Blues, aunque en ciertos ambientes se ha puesto de moda el llamado northern soul, grabaciones bailables, editadas por sellos negros underground perdidos en el tiempo, y vendidas en single a precio de oro. Pero eso está empezando a cambiar. La nueva propietaria del mítico sello de Memphis Stax es la compañía Concord, bien conocida por los aficionados al Jazz, y ya anuncian una serie de importantes movimientos para reavivar el interés en torno a la sweet soul music. Su idea es crear un sello de Soul clásico moderno y con proyección multinacional. En primer lugar, se estrenará un documental titulado “Respect yourself: The Stax story”. Y de momento, ya se anuncia la reedición de uno de los mejores trabajos en solitario de Carla Thomas, hija de Rufus Thomas e inolvidable compañera de duetos de Otis Redding. Se trata de “The queen alone” (1967), una auténtica delicia.

Otro indicador favorable es la cantidad de viejas leyendas del género, olvidados durante décadas, que en la actualidad están regresando con nuevos trabajos. En cabeza deberíamos situar, sin duda, al gran Solomon Burke, que tras años de grabar funk bailable y bandas sonoras para films blaxpoitation, parece haber renacido de mano del productor Joe Henry. “Don’t give up on me” es una auténtica obra maestra, sabia y vital, y su continuador “Make do with what you got”, no le va a la zaga. Su reciente “Nashville”, álbum Country grabado en compañía de Buddy Miller, Dolly Parton y demás luminarias del género, dejó también muy buen sabor de boca.

soul2Lo mismo podríamos decir de Bettye LaVette, que sin tratarse de una leyenda, si que puede ser considerada una de las grandes. Su álbum debut, “Child of the 70’s”, grabado en Muscle Shoals, tenía que haber sido uno de los grandes hitos de su tiempo, pero permaneció décadas inédito por decisión de su compañía, Atlantic, según las malas lenguas para no eclipsar la trayectoria ascendente de Aretha Franklin, la gran apuesta de la casa en aquellos momentos. Tras décadas malviviendo a base de interpretar musicales de Broadway, los ejecutivos de Anti decidieron rescatarla del olvido. El resultado, “I’ve got my own hell to raise”, es simplemente asombroso, y su nuevo álbum grabado con Drive-by Truckers mantiene el mismo nivel.

No han sido los únicos en volver a reclamar el lugar que les corresponde. Unos históricos de Motown, los enormes Funk Brothers, protagonizan el reciente documental “Standing in the shadows of Motown”. Un film que hace justicia a la historia de esta banda de sesión, intérpretes y en ocasiones compositores de los mayores hits del sello, que la historia decidió mantener en el olvido. La mitad de Sam & Dave, Sam Moore, regresaba por la vía más mainstream con “Overnight sensational”, rodeado de la flor y nata del negocio, en un correcto disco de duetos.

Todavía sin nuevos discos en el mercado, grandes como Al Green o Isaac Hayes han vuelto a nuestro país para ofrecer grandes shows, por no hablar del retorno más sorprendente de todos, ¡el de Sly Stone!. Cuando todos ya le creían con un pie en la tumba, un Sly bastante desmejorado físicamente anunciaba su regreso al estudio de grabación y los escenarios, además de reeditar toda su discografía. El relanzamiento de “There’s a riot going on” ha abierto los ojos a muchos y ha sido considerado la reedicion del año por gran parte de la prensa anglosajona, y sin duda está otorgando a ese álbum el lugar de privilegio que le corresponde por derecho. El loco de Sly se dejó caer por el último festival de Jazz de San Sebastian este verano, y ofreció un extraño concierto que fue retransmitido por TVE, y que es fácilmente localizable en la red. Incluso un maldito como André Williams, representante de la versión más cafre y guarra del Soul y Funk, ha regresado en buena forma, grabando con bandas actuales como los Sadies y girando regularmente por Europa.soul3

Otro subgénero que ha vuelto a suscitar interés es el de las girl groups de los 60, entre otras cosas debido al éxito de Detroit Cobras, especialistas en dotar de vigencia a muchas de esas canciones perdidas en el tiempo. Recientemente, Ronnie Spector regresaba con el estimable “The last of the rock Stars”, demostrando que, pese a que su voz ya no es la de antes, con una buena producción y un listado de temas acertado, es posible realizar un comeback más que digno. Otra de las grandes representantes del género, la ex lider de las Shangri-Las Mary Weiss, regresaba de la mano de la banda Reigning Sound con el álbum “Dangerous game”, prácticamente lo primero que graba desde que abandonase la mítica formación.

Pero no todo se limita a reverdecer tiempos pasados. Pese a que el mainstream musical negro sea aborrecible, en los últimos tiempos han aparecido nuevas caras con cosas que decir. Antes citábamos a Sharon Jones, que pese a no ser exactamente una artista nueva, empieza a ser conocida ahora. Gracia a discos como su reciente “100 days and 100 nights” puede presumir de ser la reina del neo-soul más clásico. Otra vocalista negra de interés es Nicole Willis. Lo suyo es un tipo de Soul más sensual, pero que recuerda a la vieja escuela y en ocasiones a intérpretes como Millie Jackson. Tras años trabajando para otros artistas (Curtis Mayfield sin ir más lejos) debutaba en el 2000 con “Soul makeover”, un gran trabajo, y sigue manteniendo la racha con el reciente “Keep reaching up”. En terrenos parecidos se mueve Carleen Anderson, una joven vocalista de color tejana que no renuncia a aunar calidad con comercialidad. “Blessed burden” (2001), es una buena muestra.

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Otra de las grandes sensaciones del momento es Angie Stone, quien empezó en los terrenos del Rn’B más comercial durante los 90, siguiendo los pasos de cantantes como Erykah Badu, o colaborando con Lenny Kravitz, pero cuya música ha sufrido progresivamente una evolución hacia terrenos más clásicos, algo que sin duda beneficiará a su música. Desgracidamente, muchas de sus canciones siguen un tono excesivamente comercial y bailable, pero su nuevo álbum, “The art of love and war” será uno de los primeros lanzamientos de la resucitada Stax, lo que augura por fin un buen trabajo de Soul a la antigua usanza. En ese sentido, tampoco deberíamos desdeñar lo que hace actualmente Joan Osborne, quien parece haberse alejado del estilo que la hizo famosa en “Relish”, para meterse de lleno en el groove y los sonidos de la música negra de los 70. En los últimos años ha dado muchos bandazos, desde los sonidos modernos hasta el “Americana” más anodino, por lo que no podemos asegurar que no sea una racha transitoria. Pero su último disco, “Breakfast in Bed”, muestra a una Joan desconocida y dando lo mejor de sí misma, pisando con seguridad un terreno tradicionalmente vedado a los vocalistas blancos.

Que no haya lugar a equívocos, en modo alguno este artículo pretende anunciar la llegada de una nueva etapa dorada para la música negra. James Brown, Sam Cooke, Aretha Franklin y tantos otros son figuras irrepetibles, y en absoluto hay nada que indique que estemos ante una generación de artistas capaces de rivalizar con ellos. Pero sí tenemos buenos motivos para el optimismo. Quizá haya unas cuantas voces dispuestas a traer el groove, la sensualidad, y el ritmo arrollador de la música con alma a un panorama tan necesitado, en el que la comercialidad no debería estar reñida con la calidad. Nos conformamos con eso.

J.L. Fernandez, 2008. Publicado dentro del artículo “Amy Winehouse: troubled diva”, en el nº412 de la revista Popular 1.

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