J.L. Fernandez's Blog

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The Rolling Stones, 1978: el año de “Some girls”

Posted by jlfercan en agosto 17, 2009

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Por lo general, a Keith Richards suele reprochársele que siga con vida. Que el guitarrista lograse superar sus adicciones y relajar el ritmo de su estilo de vida y seguir adelante, evitando formar parte de ese altar de mártires rockeros que todos conocemos, supone una grave ofensa para muchos antiguos fans y actualmente detractores stonianos. No le perdonarán jamás el no haber muerto de una sobredosis en los 70, y parte de ese castigo consiste en negar la validez de todo lo que han grabado los Stones desde “Exile on main street”. En teoría, trabajos menores con algúnos buenos singles… bueno, podría compartir esa visión si hablasemos de “Black and Blue” (1976) o “Emotional Rescue” (1980), pero es de locos mirar hacia otro lado en el caso del resto de obras grabadas con Mick Taylor. O del disco que nos ocupa, el asombroso “Some Girls” (1977).

Dejando a un lado a los Beatles y a Bowie, cuesta pensar en una reinvención tan asombrosa, en una banda capaz de resurgir empapándose de las sonoridades del momento, adaptando esos nuevos sonidos a su estilo clásico, dándole un toque callejero y vanguardista a la vez. Quizá el único ejemplo, salvando las distancias, sean los U2 de “Achtung Baby” (1991). Todo eso y mucho más es “Some girls”: una puesta al día, la respuesta stoniana al apogeo de la música disco, al nacimiento del punk, la new wave, el funk… ¿Su última obra maestra? Es posible. ¿Su álbum más ecléctico? desde luego.

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En 1977, tras el nacimiento del punk, los Stones son considerados un dinosaurio. Su último álbum, “Black and Blue”, aunque apreciado con el paso del tiempo, supone una pequeña decepción, y Ronnie Wood aún no se ha ganado el cariño de los fans. Por si fuese poco, las relaciones personales entre Mick y Keith son más tensas que nunca. El vocalista se había distanciado notablemente de Richards, convirtiéndose en un miembro de la jet set y relacionándose abiertamente con millonarios e intelectuales de renombre. Richards seguía metido a fondo en la heroína, estrellando coches carísimos, llevando armas bajo la ropa, destrozando habitaciones de hotel y siendo arrestado por posesión cada dos por tres. Ambos discutían constantemente, Wyman pensaba ya en abandonar el barco debido a las buenas críticas que había cosechado su primer trabajo en solitario, y Charlie Watts llegó a amenazar con irse para dedicarse al jazz. Para rebajar tanta tensión, se refugian en Toronto con el objetivo de grabar un álbum en directo (parte de lo que sería “Love you Live”) y la experiencia casi acaba con ellos. Richards tenía un juicio pendiente en Inglaterra después de que encontrasen heroína y LSD en un coche alquilado con el que se había estrellado un año antes, y el resto de la banda sabía que un nuevo arresto podía llevarle a prisión de por vida. Cuando la banda lleva ya cinco días en Toronto, el guitarrista sigue sin aparecer. Para un adicto, las prioridades estaban claras. Nada más bajar del avión junto a Anita Pallenberg, las autoridades encuentran en una bolsa de la pareja una pequeña dosis de hachís y una cuchara quemada, que simplemente les son confiscadas. Un par de días más tarde, efectivos de la policía montada irrumpen en la suite donde se alojaban ambos, y descubren cocaína y heroína en cantidades industriales, fijando inmediatamente fecha para juicio. El caso salió en todos los informativos, los Stones volvían a escandalizar a la opinión pública y la mayoría de medios profetizaban su final junto con un más que posible encarcelamiento de Richards.

¿Y qué hacían Mick y Ronnie mientras tanto? ¡Pues tener un affair con la mujer del primer ministro! Efectivamente, la chica, de veintinueve años, se llamaba Margaret Trudeau, había sido descrita como “una hija de la era de las flores”, y se había casado con el máximo mandatario canadiense, Pierre Trudeau (una especie de JFK “a lo canadiense”) cuando sólo contaba veintidos años. Después de haber asistido a uno de los primeros shows de la gira, la chica es reconocida a altas horas de la noche paseando en albornoz por los pasillos del hotel donde se alojaba la banda, y entrando y saliendo repetidas veces de las suites de Jagger y Ronnie. Posteriormente, cuando ambos hacen una pequeña escapada a New York, Madame Trudeau (calificada posteriormente por Jagger como “una groupie de categoría”) cancela sus compromisos de primera dama y se une al viaje. La prensa se echó encima del primer ministro, quien por una parte tuvo que defender a su esposa y por la otra legitimar el comportamiento de la justicia con la banda debido a la mala imagen que estaba dando a la juventud de su país. Recientemente, gracias a las memorias de Ron Wood, sabemos que fue éste el fugaz amante de la primera dama, pero en el momento todas las miradas apuntaron a Jagger. La banda provocó un escándalo internacional y casi precipita una crisis de gobierno. El caso fue silenciado, a Richards se le puso una multa por posesión y se le obligaría a ingresar en un centro de desintoxicación nada más poner los pies en América. La banda fue obligada a realizar un show benéfico para compensar “el gran daño causado a la nación canadiense”. Se habían vuelto a salir con la suya.

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Y de esa nueva victoria cuando todo parecía venirse abajo, se encuentra la inspiración para volver a dejar a todos boquiabiertos. Keith se desintoxica en América y Jagger contrae matrimonio con Jerry Hall. La banda se establece en París para plantar cara a los tiempos del punk, el disco y la new wave. Y el resultado es un auténtico collage sonoro, al igual que su portada, que presenta los rostros de varios sex symbols femeninos de la época: Liz Taylor, Raquel Welch, Marilyn, Bridgitte Bardot… Como curiosidad, la portada original, distinta a la comercializada en España, tenía las caras recortadas y las imágenes de dichas mujeres en la funda posterior, funcionando como un juego infantil de recortables y pudiendo cambiar a cada una de las chicas de peinado al moverla. Dentro, podía hacerse lo mismo travistiendo a los miembros de los Stones.

En cuanto al material, “Miss You” sigue siendo el tema más reconocible del disco, y sigue sin faltar en ninguno de sus shows. Un majestuoso tema disco, con un Jagger susurrante, un saxo desbocado y un espectacular solo de armónica a cargo del bluesman Sugar Blue, de quien dice la leyenda que se lo encontraron tocando en el metro de París. Los ritmos negroides, y en especial el funk empapan también la tórrida “Beast of Burden”, quizá el mejor tema del álbum. En varios temas del disco, las guitarras rugen como nunca, y especialmente “When the whip comes down” (“Cuando cae el látigo”), era el tema más macarra que grababan en años: el día a día en la vida de un chapero de la noche neoyorkina. Junto a ésta, el Rock más potente volvía a aparecer en “Lies” y la casi punk “Respectable”, donde Jagger se reía de si mismo y su papel en la jet set, denunciando la hipocresía de una sociedad donde únicamente el dinero marca la posición de cada uno. Y pensar que ha terminado siendo nombrado “caballero del imperio británico”…

En el texto del tema título, el propio Jagger recuperaba la vena misógina de “Under my thumb”, “Bitch” o “Stupid Girl”, en una especie de ataque a todas las mujeres que rodearon al grupo desde sus inicios (Algunas me regalan joyas/ otras me compran ropa/ otras me dan hijos/ que nunca les pedí/ las chicas blancas son divertidas/ a veces me vuelven loco/ las negras sólo quieren follar toda la noche/ ¡no tengo tanto semen!…”). La letra del tema escandalizó a muchos, y el vocalista volvió a ser acusado de machismo. La frase referida a las mujeres negras levantó una ola de protestas encabezadas por el reverendo Jesse Jackson. ¿Una banda como los Stones acusados de prejuicios raciales? Inaudito. La respuesta de Jagger, en una entrevista, fue clara: “Era sólo una broma. Si no saben encajarla, que se jodan”.

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En el resto del trabajo, juegan al despiste mezclando todo tipo de géneros, deconstruyendo el clásico soul de los Temptations “Just my imagination (runnin’ away with me)”, y convirtiéndolo en un nuevo clásico. “Far away eyes” es un hermoso medio tiempo Country, y a su vez una ridiculización de la mentalidad prototípica de los amantes de ésta música. Y es que pese a que Richards seguía fascinado con la música americana de raíces, Jagger nunca se tomó el Country tan en serio como el Blues. El propio Keith aportaba uno de sus mejores temas, “Before they make me run” (que volvió a interpretar en su último tour), una canción que hacía referencia con sorna a su persecución por parte de la justicia, y todo un canto de orgullo del que se siente eternamente indomable. Y cerrando el álbum está “Shattered”, pegadiza y decadente al mismo tiempo, que coqueteaba con los ritmos de lo que se conocería como la “new wave”.

Mirando atrás, “Some girls” fue la última vez que Sus Satánicas Majestades sorprendieron y convencieron al mismo tiempo, y como era de esperar, supuso un gran éxito de ventas. Sí, aún estaban por venir “Tattoo You”, “Undercover” o “Steel Wheels”, y aunque son trabajos a la altura de lo esperado, se trata simplemente de buenas colecciones de canciones que carecen de esa sensación de frescura y solidez de la que sí puede hacer gala éste álbum. Pero quien sabe lo que depara el futuro.

J.L. Fernandez, 2006. Publicado en el nº391 de la revista Popular 1, dentro del artículo “Ladies and gentlemen: The Rolling Stones!”, escrito por Sergio del Río, J.L. Fernandez, Xavi Martínez, Fernando Tanxencias y Jordi Güell.

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