J.L. Fernandez's Blog

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Tom Waits: Glitter and doom

Posted by jlfercan en agosto 23, 2009

Lo que hace apenas cinco años era una utopía, ha sucedido. El “Glitter and doom tour” cierra de una vez por todas la gran asignatura pendiente de la música en directo en nuestro país. El pasado mes de julio, Tom Waits ofreció tres actuaciones en España que son ya un recuerdo imborrable para un pequeño número de afortunados. Enmarcadas en una de sus giras más inusuales en la que, sin compromisos promocionales ni material nuevo que presentar, el genio de Pomona se ha revelado como un brillante entertainer, ofreciendo su cara más histriónica y participativa con la audiencia.

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La trayectoria de Tom Waits como artista en directo ha sido, cuanto menos, curiosa. Desde que se reinventara a nivel artístico con el brillante “Swordfishtrombones” (1983), ha preferido mantenerse al margen de los circuitos habituales reservados para los artistas de su calibre. Y es que el abandono de de cierto estilo de vida trajo consigo, inevitablemente, la renuncia a las largas giras y la carretera, centrándose claramente en su faceta de artista de estudio. Si nos atenemos a los hechos, tanto “Rain dogs” y “Frank’s wild years” fueron presentados en sendos tour, de las cuales quedó como testimonio el álbum y la película “Big time” (1988), tras lo que tenemos que avanzar diez años en el tiempo, hasta la gira de “Mule variations”, para encontrar su último tour convencional, que incluyó además una extensa parte europea.

En la presente década, sólo pisó el viejo continente para ofrecer tres conciertos (Ámsterdam, Londres y Berlin) presentando “Real gone”, en el que ha sido su tour más breve, mientras que las actuaciones esporádicas con las que promocionó el triple recopilatorio de rarezas “Orphans: Brawlers, Bawlers & Bastards” (2006), estuvieron circunscritas a territorio norteamericano. Y es que, como confesó en las pocas entrevistas realizadas desde entonces, nuestro protagonista es un hombre de familia con una vida de lo más convencional, odia pasar mucho tiempo fuera de casa, y no sale de gira salvo que pueda contar con una banda que le convenza plenamente. Conocedor de su posición privilegiada en la industria, considera que el status adquirido tras tantos años de carrera le permite eludir ciertos compromisos, lo que ha terminado convirtiendo la asistencia a un show de Tom Waits en algo realmente insólito. Sus itinerarios de gira son todavía más inusuales. Lejos de pensar en terminos de mercado y contratar fechas en grandes capitales, selecciona personalmente aquellas ciudades que le atraen por cualquier motivo o en las que se siente más cómodo, al igual que los recintos destinados a acoger sus actuaciones, en su mayoría pequeños teatros o auditorios de capacidad media-baja.

Las negociaciones para traer a Tom Waits a España eran un secreto a voces en el negocio, desde que el artista pasase unos días en Barcelona junto a su familia hace cinco años. Y es que en un breve espacio de tiempo, su música ha dejado de ser pasto de minorías en estas tierras. Anteriormente, tan sólo “Rain dogs” había gozado de cierto predicamento a nivel underground entre los oyentes más inquietos. A día de hoy, y por increíble que parezca, todo lo que ha venido editando desde “Mule variations” se ha colado en las listas de ventas españolas, y tanto “Real Gone” como “Orphans” llegaron a estar entre los treinta discos más vendidos en nuestro país, discos consumidos por un público de lo más heterogéneo. Sumémosle esto a la reivindicación de su figura por parte de conocidas estrellas del show business, y encontraremos el motivo de que se haya convertido en el más deseado por promotores de toda clase y condición. Festivales de rock, certámenes de teatro, organizadores independientes… todos intentaron, infructuosamente, ser los primeros en traer al californiano a nuestros escenarios, hasta que una modesta promotora catalana ha conseguido llevarse el gato al agua.

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A finales de mayo, Waits convocaba a los medios para una rueda de prensa y colgaba el resultado en Internet, rompiendo, en principio, su costumbre de citar a periodistas en mugrientos bares de carretera. Una pantomima más a la que nos tiene acostumbrados este hombre. Al final de la charla la cámara muestra una sala vacía y lo que hemos presenciado no es más que un monólogo acompañado de risas enlatadas. En unas horas, el video supera el millón de visitas. Gracias al marketing viral y las nuevas tecnologías, fans de todo el mundo se hacen eco de su nueva afición a la astronomía. La primera parte del tour recorrerá las localidades más calurosas del sur estadounidense en pleno mes de julio (Vamos al sur profundo, donde los lugareños todavía hacen sentir bienvenido a un hombre que vista pantalones rojos”), guiado por la constelación Hidra, que señala en el mapa localidades como El Paso, Atlanta o Saint Louis. Pero las especulaciones se disparan en nuestro país cuando Tom anuncia la pronta confirmación de un segundo tramo europeo, guiado esta vez por otra constelación, Eridanus, “conocida por sus giros salvajes, que nos llevarán de España a Dublín”. La maquinaria se pone en marcha.

Una de las grandes sorpresas del recién anunciado tour es la elección de los músicos destinados a respaldarle en escena. Mientras que en giras anteriores estuvieron presentes habituales de sus grabaciones, caso de Marc Ribot, Larry Taylor o el ex batería de Primus Bryan Mantia, Waits decide empezar de cero y reunir una banda sorpredentemente joven. Intérpretes prácticamente anónimos, entre los que destaca la incorporación del propio hijo de Waits, Casey como batería. Completando la formación, tenemos al guitarrista Omar Torrez, habitual del circuito de LA y saludado por la prensa local como “el Jimi Hendrix latino”, a tenor de su buen hacer en directo. Una incorporación que no debería sorprender a nadie, puesto que las influencias latinas llevan muchos años formando parte del background de Waits, y el antecesor de Torrez en el puesto, Marc Ribot, ya era de origen cubano. Sustituyendo al gran Larry Taylor tenemos al contrabajista Seth Ford-Young, que había participado en algunos de los temas nuevos de “Orphans”, y con una amplia trayectoria a sus espaldas. El saxofonista Vincent Henry, por su parte, es un experimentado músico de sesión, conocido, entre otras cosas, por su participación en el multimillonario “Back to black” de Amy Winehouse, o como músico de estudio en varios álbumes de Ice Cube. Completando el círculo tenemos al teclista Patrick Warren, en un papel mucho más secundario.

No nos engañemos, los motivos que llevan a Waits a embarcarse en un tour de veintiocho fechas sin disco que presentar son puramente monetarios. Una gira alimenticia que problablemente tenga que ver con la crisis de la industria y el descenso de los ingresos por venta de discos, que coincide además con la sobreoferta de artistas clásicos en directo que hemos vivido este verano. Y  aprovechando, por supuesto, el revuelo mediático que ha causado la publicación del disco de versiones perpretrado por Scarlett Johansson, que ha puesto su nombre en la palestra de los medios de comunicación, llegando a mucha gente que probablemente no lo había escuchado anteriormente. Asi pues, todo hacía presagiar un tour de greatest hits al uso, algo inédito en un artista famoso por no dejar nunca nada al azar y reinventarse en cada nuevo paso. Desde su trilogía en Island compuesta por “Swordfishtrombones”, “Rain dogs” y “Frank’s wild years”, últimos trabajos con un perfil más o menos homogéneo (sus canciones podrían ser fácilmente intercambiables) su trayectoria ha resultado tan sólida como imprevisible. Cada nuevo capítulo de su obra ha sido más sorprendente que el anterior, en una interminable lucha contra sí mismo buscando huir del mimetismo y la autoindulgencia en que se convierten las carreras de tantas leyendas consagradas.

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Era obligado pues preguntarse a qué Tom Waits nos encontraríamos sobre las tablas, al más áspero y cacofónico de “Bastards” (el volumen de “Orphans” que siente más cercano), o si asumiría de una vez su condición de mito viviente para limitarse a ofrecer un set list previsible donde tengan cabida sus temas más conocidos.

La gira dio comienzo en Phoenix, y en las dos fechas consecutivas que tuvieron lugar en el teatro Orpheum, se despejaron la mayoría de las incógnitas. La escenografía es de lo más sobria y se basa, ante todo, en cambios de iluminación. Waits se mueve sobre una plataforma circular, en medio de un escenario deliberadamente desordenado y adornado por objetos de todo tipo (viejos megáfonoso, extraños pedales, bombillas de colores…) rodeado por su nueva banda, esos “bailarines de polka que tocan con la precisión de un coche de carreras”, y pronto queda claro que no mentía en cuanto a la potencia del motor. Desvela cuál es el tema con el que abrirá todas sus actuaciones, la fantástica “Lucinda”, la historia de ese pobre diablo que “vendía opio, fuegos artificiales y plomo”, mientras espera su ahorcamiento, que intercala habilmente con el ignoto Blues “Ain’t going down to the well” mientras el saxofonista Vincent Henry se desgañita a la armónica. Tom marca el ritmo de la canción, notablemente ralentizada, a base de pisotones en la tarima de madera sobre la que permanecerá casi todo el show; con cada zapatazo, se levanta una nube de polvo que le cubre por completo. En base a estas dos primeras fechas, podemos hacernos una idea clara en torno a cómo ha decidido estructurar los shows, e intuir cuáles serán los temas fijos en el setlist. Tres álbumes sobresalen claramente: “Rain dogs”, del que ha interpretado de forma habitual el tema título, y momentos como “Jockey full or bourbon”, “Singapore” o “Cemetary polka”; “Mule variations”, del que ha rescatado la bella “Hold on”, y temas como “Get behind the mule”, “Eyeball kid” o “Black market baby”, y el más reciente “Real gone”, del que no han faltado en casi ningún show “Hoist that rag” y “Make it rain”.

La actualidad de algunas de sus canciones también ha sido un factor decisivo, y “Way down in the hole”, de “Frank’s wild years”, sonará en todos los conciertos. Una canción muy conocida en América ahora mismo por ser la cabecera de la famosa serie de tv “The wire”, y versioneada por Steve Earle en su último trabajo. Asi mismo, un tema tan olvidado como “Falling down” (de su directo “Big time”), ha terminado sonando en la fase inicial de todas sus actuaciones, y es que, pese a ser una pieza claramente menor de su discografía, es el single elegido la Johansson para promocionar su álbum de versiones.

El único punto de fricción entre el artista y su audiencia es, en la actualidad, lo que se refiere a su material de los 70, y es motivo de alegria para muchos el que por fin se haya decidido a basar una parte de sus actuaciones en su interpretación al piano de algunos de sus temas de esa época. Una etapa que el propio Waits lleva años ninguneando frente a un público que tiene en un altar trabajos como “Blue valentines” o “Small change”. Evoluciones artísticas aparte, algo tendrá que ver el hecho de que no posee los derechos de sus canciones de esa etapa, y no pueda obtener ningún beneficio de ello. No sabemos si sentará precedente, pero en esta ocasión ha dado su brazo a tocer, y bajo una iluminación tenue y el acompañamiento de Seth Ford Young al contrabajo, se sienta al piano y revive la magia de “Christmas card from a hooker in Minneapolis”, con una intensidad que hace que a más de uno se le humedezcan los ojos. Tras algún chiste, sigue con “Picture in a frame”, y recupera “Invitation to the blues” de “Small change”, de una forma tan apagada que no hace sino evidenciar que los temas de sus primeros años le importan más bien poco. Elige para cerrar este pequeño set la emocionante “Innocent when you dream”, más cercana a la versión “desnuda” que cerraba “Frank’s wild years”, y repitiendo el estribillo una y otra vez provocando un karaoke masivo que crea una estampa tabernaria realmente bella.

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Tras la vuelta de los músicos a escena, el final de los shows corresponde a temas como la simplona “Lie to me” que sirvió como single de presentación de “Orphans”, y que se revela como bastante eficaz en directo. La elegida para despedirse, prácticamente cada noche, será la tremebunda “Make it rain”, que suena todavía más dura que en disco, y que termina con una lluvia de purpurina dorada. Detalles que revelan que estamos ante un tour más visual de lo que nos tiene acostumbrados, donde él es la máxima atracción, y el grupo se limitará a marcar el ritmo de forma precisa pero algo mecánica, salvo momentos de protagonismo puntuales cedidos por el maestro.

Una decisión que tiene, como es lógico, sus pros y sus contras. Puede ser más atractivo para el público ver a un showman volcado con él (al contrario de gente como Dylan, que se limitan a integrarse en una banda y donde prima la ejecución en detrimento del espectáculo), pero también corre el peligro de caer en la mediocridad de algunos momentos si el público está más frío de lo habitual o el frontman no acaba de encontrarle el punto a la canción esa noche, y esa ambivalencia de sensaciones se repetiría prácticamente en cada una de las fechas.  Lo mismo sobre el grupo, ya que Tom ha preferido rodearse de excelentes músicos, a los que sin embargo ha confinado a un papel de meros ejecutores. Hasta el mínimo detalle está preparado de antemano, y uno se da cuenta de ello si va siguiendo los diferentes bootlegs en video y audio de la gira. Frente a la creatividad de antaño, representada por gente como Marc Ribot o Larry Taylor, personajes claves del sonido de Waits en estudio, que podían mirar de tú a tú al de Pomona en cuanto a background musical, y que gozaban de  bastante espacio en el directo de giras anteriores, Waits es ahora el centro de todas las miradas, y sus acompañantes, carentes de cualquier tipo de carisma escénico, llegan a parecer a veces incluso intimidados ante la leyenda que tienen ante sí.

Caso aparte supone la discutible decisión de introducir en el show a sus dos hijos, el mayor, Casey, fijo a la batería, y al más pequeño, Sullivan, que realizará apariciones puntuales golpeando unos timbales y tocando el clarinete junto a Vincent Henry. Y es que está bien que el crío haya sacado buenas notas y papá se lo lleve de gira, pero un detalle como ese parece más un capricho de estrella que una decisión basada en su aportación real a los shows, y hace que uno empiece a echar de menos los tiempos en que el cantante mantenía oculto lo referente a su vida privada.

La respuesta es que en este tour, Waits ha buscado entrar en la lista de grandes entertainers, esos que pueden embarcarse en largas giras, llevar todo el peso del espectáculo y dejar satisfechas a miles de personas cada noche, ofreciendo en cada show algo nuevo. Dejado atrás su fama de intérprete esquivo con los escenarios para convertirse en una garantía en directo. A tenor de lo visto, lo ha conseguido.

J.L. Fernandez, 2008. Artículo completo publicado en el nº419 de la revista Popular 1, dentro del reportaje “Tom Waits: Glitter and doom tour”, escrito por Ignacio Reyo, Sergio del Río y J.L. Fernandez.

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