J.L. Fernandez's Blog

Interviews, articles, and other synthetic delusions of the Electric Head

Entrevista con… Lucinda Williams

Posted by jlfercan en agosto 30, 2009

Es, con diferencia, la artista femenina más relevante de las últimas décadas en la música americana. Elogios críticos, éxito de público, actuaciones junto a Bob Dylan o Bruce Springsteen, Grammys por doquier… Sería incomprensible que no fuese así, ya que el de esta mujer es uno de los talentos más desbordantes de nuestra época, y firmar obras como “Car wheels on a gravel road” o “Essence” es un privilegio reservado a unos cuantos elegidos. Pero el auténtico talento muchas veces procede del abismo, y en ese sentido, Lucinda tiene fama de tener una personalidad tan oscura, melancólica, y llena de demonios como su propia música. De modo que, aprovechando que por primera vez se decidía a hablar con medios españoles de cara a su gira por estas tierras, era conveniente basar la entrevista en la incierta naturaleza de ese extraño proceso conocido como creación artística. Los fantasmas del pasado parecían estar dormidos aquella tarde, y la autora de “World without tears” resultó ser todo amabilidad.

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El material de tu último disco, “Little honey” es notablemente más crudo, y basado en el Blues, que el del anterior, “West”, pero tengo entendido que escribiste las canciones de ambos al mismo tiempo.

“Si, prácticamente todo lo que aparece en “Little honey” ya estaba compuesto cuando grabé “West”, pero el problema fue que salí del estudio, y me di cuenta de que tenía demasiadas canciones. Asi que cuando tuve que hacer la selección, tenía canciones suficientes para dos cds, y pregunté a la compañía por la posibilidad de publicar un disco doble, de veinticinco temas o asi, y soltarlo todo de golpe. Pero a la discográfica no le convencía la idea, y me dijeron que no querían hacerlo. Parece ser que financieramente, suponía correr un riesgo muy elevado. Ya sabes, hoy en día les cuesta mucho vender discos, y poner uno doble en las estanterías de las tiendas es bastante caro, porque los costes del diseño son más elevados… no lo se, igual era una excusa, pero me dijeron eso. Ya sé que hay otros artistas que editan álbumes dobles hoy en día, pero ellos no querían hacer eso conmigo, y me sentí bastante decepcionada. Sobre todo porque mis canciones siempre reflejan períodos concretos de mi vida, y yo quería sacarlas fuera a todas, ¡como un parto! (Risas)”.

Asi que, cuando tus canciones ven la luz, es como si dejases atrás una etapa de tu vida.

“Claro, las dejo atrás, y empiezo a componer de nuevo fijándome en el presente. Y ahora estoy algo confusa, porque muchos de mis fans interpretan mis canciones literalmente, como si fuesen un diario de mi vida, y eso no se cumple en este caso”.

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¿En qué sentido?

“Pues en que la gente mezcla cosas sobre las que hablo en entrevistas actuales, con lo que digo en las canciones de “Little honey”, que como te decía, tienen ya dos o tres años de antigüedad. Por ejemplo, confunden la letra de la canción “Real love” con mi relación con Tom (Nota: Tom Overby, actual pareja de Lucinda, asi como su manager y co-productor de “Little honey”). Porque he hablado bastante sobre mi relación con Tom, y leía las primeras reseñas de “Little honey”, y en muchas decía que “Real love” reflejaba lo feliz que era ahora junto a Tom, y que era una canción muy optimista… y, ¿sabes?, ni siquiera había conocido a Tom cuando la escribí (carcajadas), y claro, nadie sabe eso, y es bastante extraño para mi cuando se confunden esas dos facetas de mi. “Real love” no es autobiográfical, es sólo un tema rockero que abre bien el disco, y fue una canción que escribí muy rápido. No es que su letra hable sobre nada en particular, la escribí pensando en alguien que conocía en ese momento, pero fue una historia que nunca se hizo realidad, y no deja de ser la típica canción rockera sobre vivir el presente y dejarse llevar. Hasta estoy pensando en volver a incluirla en el próximo disco, porque encajaría mejor ahi (Risas)”.

Como tú misma señalas, tus discos son pequeñas entregas por capítulos de tu vida. ¿No te sientes excesivamente expuesta a los demás escribiendo sobre temas tan directos?

“No, para mi es algo bueno. De todos modos, no me expongo totalmente, me guardo muchas cosas de mi vida privada para mí. No convierto cada cosa que me pasa en una canción, mantengo escondidos los trapos sucios (Risas). Pero por otra parte, me gusta que la gente se identifique con lo que digo, que se vean reflejados en mi. Me considero una rebelde y me gusta abrir los ojos a la gente, y siento que estoy transmitiendo un mensaje sobre la vida en general. Me considero una artista ante todo, y para mi el arte significa auto-expresión, y una gran parte de mi debe expresarse en mis letras”.

En la canción “Little Rock Star”, hablas de los peligros de la fama y de cómo se autodestruyen las jóvenes promesas en el mundo del Rock. ¿Pensabas en alguien en concreto cuando la escribiste?

“Sí, pero no literalmente. En la canción parece que le estoy dando consejos a alguien, y no es así. Ese tema surgió a raíz de leer en los periódicos todas esas historias sobre Amy Winehouse, y cómo parece que la fama y las drogas están acabando con ella. Leer sobre lo que le está pasando a Amy me recordó a una persona que conocí hace mucho tiempo, un chico que era un gran compositor de canciones, y que de hecho lo sigue siendo, y la canción habla sobre él también”.

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¿De quien se trata?

“No se si debería decirlo… bueno, lo diré: el que me inspiró para la canción fue Ryan Adams. Le conocí cuando estaba empezando, y creo que es un genio, uno de los mejores compositores que he conocido. Pero él es tremendamente autodestructivo, y toda esa presión ha terminado afectándole. De modo que “Little rock star” posiblemente nació de algo que leí en el periódico sobre Amy Winehouse, pero al final terminó siendo una canción que habla sobre mucha gente a la vez, y convirtiéndose en un tema universal”.

Es muy curioso. Los años pasan, las modas musicales van y vienen, pero la figura de la estrella autodestructiva sigue estando ahí…

“Es algo que tiene que ver con el estilo de vida del músico. Porque como artista, tu trabajo es un trabajo solitario, y esa soledad a veces es difícil de sobrellevar. De alguna manera, tienes que saber protegerte a ti mismo, antes de que tu personaje te consuma”.

En directo sueles hacer de vez en cuando el “Riders on the storm” de los Doors, y por lo que decías en una entrevista reciente, te estás planteando grabar un disco de versiones de otros artistas.

“Es sólo una idea, y aún no se muy bien qué hacer. Creo que está bien sorprender un poco cada cierto tiempo, para que no todo se reduzca a lo mismo: álbum, gira, álbum, otra vez gira, etc. Hace tres años publiqué el directo en el Fillmore, después dos discos más, y ahora me gustaría variar un poco. La idea sería volver un poco atrás, y hacer algo parecido a lo que hice con “Ramblin’”, mi primer disco, un nuevo álbum de canciones de Blues. Pero hay otra opción, que cada vez me atrae más, que consistiría en un álbum de versiones, pero con una orientación distinta, compuesto de canciones de songwriters desconocidos, temas que me parecen fantásticos, pero que casi nadie ha tenido la oportunidad de escuchar”.

Te refieres a songwriters que componen canciones para otros…

“No, no, a gente que escribe e interpreta su propio material, pero que nadie conoce. Por ejemplo, hay una compositora increíble llamada Maria Taylor, que grabó un álbum impresionante, pero no tuvo apenas promoción, y no consiguió repercusión de ningún tipo, y me gustaría grabar uno de sus temas y si es posible echarle una mano. Me gustaría hacer un disco con material de ese tipo, en vez del típico álbum de versiones con canciones super conocidas. Te pongo un ejemplo: nunca podría versionear a Otis Redding (Risas), porque seguramente mi versión jamás podría hacerle justicia a Otis y quedaría en ridículo”.

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Me gustaría preguntarte por tu forma de trabajar. Tu música es tan visceral que no te imagino componiendo de nueve a cinco, como si se tratase de un trabajo normal.

“No, ¡no tengo tanta disciplina! (Risas). No me marco un horario, pero si que puedo componer a cualquier hora, en cualquier lugar”.

Eso es lo que me gustaría saber, porque a fin de cuentas es lo que más os distancia a los músicos de la gente de a pie. Me gustaría saber si ya te levantas por la mañana siendo consciente de que eres Lucinda Williams, y empiezas a pensar en canciones con el desayuno…

(Risas) Pues sería una buena forma de describirlo, sí. En cuanto me levanto me gusta sentarme en la mesa de la cocina, hacer un poco de café, y ese es uno de mis momentos favoritos del día para escribir. Y mientras lo hago, necesito estar totalmente sola, no ser molestada por nada ni por nadie hasta varias horas más tarde. Y cuando siento que estoy inspirada, y las canciones van tomando forma, entro en una especie de ciclo en el que necesito estar encerrada en casa trabajando, y esos ciclos pueden alargarse durante semanas enteras. Ahora mismo estoy algo ocupada, porque Tom y yo nos compramos ésta casa, hará un año, y todavía estoy sacando cosas de cajas e intentando organizarme. La verdad es que soy un desastre para estas cosas (Risas). Es un problema, porque necesito que todo esté en orden y tener un sitio cómodo para trabajar en mi música. Pero como podrás imaginar, no siempre sucede de la misma manera, porque constantemente me vienen a la cabeza frases para canciones, imágenes, temas, etc., y tienes que estar alerta, como si las tuvieras que cazar antes de que remonten el vuelo y las pierdas de vista”.

¡Suena un poco estresante!

“Lo es, pero siempre tengo a mano una libreta en la que voy anotando esas pequeñas cosas que se me ocurren. A veces, las utilizo en alguna canción que esté terminando en ese momento, otras, tardan años en salir… A veces estoy quedándome dormida, y tengo que encender la luz y correr a apuntarlo, otras veces me sucede nada más despertar, y también pasa a veces que estoy en un restaurante, y necesito pedir un bolígrafo y escribirlo en la servilleta y después llevármela a casa. Porque la inspiración no siempre llega de golpe, no me siento con mi guitarra y me sale un tema del tirón, sino que son como pequeños fragmentos”.

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Eso quizá explique que tardes una media de cuatro años entre disco y disco.

“Es posible, porque las canciones necesitan su tiempo para nacer. Ahora mismo tengo unas quince canciones que he empezado, pero que todavía no se como terminar. Porque lo más importante, lo que requiere más tiempo, es saber de qué va a tratar, pensar “¿qué quiero contar exactamente aquí?”, y no parar hasta que se adecúa a lo que tenías en mente, aunque tarde años en materializarse. Hay otros artistas que se lo toman como un oficio, como algo más mecánico, y escriben poniendo el molde. Eso no funciona conmigo, para mi es más parecido a realizar una escultura, a pulir un material para conseguir una forma determinada. Puedo pasarme uno o dos años trabajando en una sola canción, una y otra vez”.

¿Qué canciones te han llevado más tiempo?

“Drunken angel” de “Car wheels…” me llevó unos dos años, y “Lake Charles” creo que incluso más. Por supuesto, no me pasé todo ese tiempo trabajando únicamente en esos dos temas, entre medias escribía otras, volvía a ellas cuando me sentía preparada… creo que es una forma muy orgánica de componer. Y además, yo jamás tiro nada, tengo estrofas enteras de canciones que empiezo y que no van a parar a ningún sitio, y lo guardo todo. Eso es bueno, porque cuando me siento a componer, asi tengo mucho donde escoger”.

Precisamente iba a preguntarte por “Car wheels on a gravel road”. Para mi gusto, uno de los mejores discos de la historia.

“Gracias. Me siento muy orgullosa de ser su autora”.

En nuestra revista adoramos ese álbum, y hemos entrevistado a algunos de los protagonistas de su grabación. Cuando hablé con Steve Earle, me dijo que fue muy complicada. En otra entrevista que publicamos con Buddy Miller, nos comentó exactamente lo mismo.

“Ooooh, ¿le preguntaste a Steve Earle por eso? Dios mio… (se queda callada unos segundos). Seguro que te dijo que fue horrible, y que yo era cómo un grano en el culo”.

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No, no, Steve dijo que te tiene mucho cariño, pero que en el estudio perdiste un poco los papeles, y que grabarlo fue un infierno.

“¡Lo fue!”.

¿Qué pasó exactamente?

“Resulta que primero grabé el disco con Gurf Morlix, que era mi productor habitual, con el que grabé “Sweet old World” y “Lucinda Williams”, pero no me convencía, y tuve que grabarlo otra vez, y por eso tardó tantísimo tiempo. Hay otra versión distinta de “Car wheels…” con el disco al completo, totalmente terminado, con arreglos muy diferentes, y es el disco que hice con Gurf en un principio. Y para mi sorpresa, esa versión ha terminado filtrándose en Internet. Lo se porque una vez hablé con otro chico como tú, que me estaba haciendo una entrevista, creo que era de Ámsterdam. Bien, pues éste chico me dijo que había escuchado la versión del disco que hizo Gurf, y que era mucho mejor que la que finalmente se editó, pero yo no estoy de acuerdo”.

¿Por qué no te convencía esa primera versión?

“Me parecía demasiado standard. Yo ya había hecho dos discos con Gurf, y cuando empecé a grabar “Car wheels…” con él, era obvio que iba a sonar como “Sweet old World”, y no quería eso”.

Precisamente ayer iba escuchando en el coche “Sweet old world”, y no podía evitar pensar que, pese a que las canciones son prácticamente igual de buenas que las de “Car wheels…”, los arreglos son terriblemente convencionales.

“A mí me gusta, tanto “Sweet old world”, como “Lucinda Williams”, que es el otro disco que hice con Gurf. Son dos bellos discos, pero no quería hacer un tercer disco así. Las canciones necesitaban sangre y sudor, necesitaban vida, y traer a Steve fue lo mejor que pude hacer. Yo sabía que tenía entre manos un gran disco, y a veces hay que escoger lo mejor, aunque eso signifique hacer daño a otras personas que tienes alrededor. ¿Qué mas podía hacer?”.

¿Cómo reaccionó Gurf?

“Para él, fue una traición, como si le estuviese diciendo a la cara que no sabía producir el disco, aunque no se trataba de eso, sino de que aquellas canciones necesitaban otro registro distinto, y yo en aquellos momentos necesitaba a Steve, y a Ray Kennedy. La relación entre Gurf y yo se fue al garete, es más, no me ha vuelto a hablar desde entonces”.

Muchos de los títulos de las canciones de “Car wheels…” hacen referencia a lugares de Louisiana. “Lake Charles”, “Jackson”, “Greenville”… ¿Son sitios de tu infancia?

“Sí, viví en esos sitios, y también en Macon, Baton Rouge… mi padre era profesor y cambiábamos de casa continuamente. Tuve mucho tiempo para completar “Car wheels…”, y decidí incluir todas esas canciones sobre lugares, para darle un cierto aire conceptual. Ya tenía otras asi, como “Pineola”, pero en esta ocasión quise casi todos los temas del disco fuesen explícitamente sobre esos sitios, para situar físicamente al oyente, como en un mapa. Sentí la necesidad de recrear esa parte de mi infancia en mi música”.

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Son canciones muy melancólicas. ¿Por qué es tan agridulce volver a esos sitios?

“Porque volver a la infancia es siempre algo agridulce, cuando te haces mayor y te das cuenta de que muchos de esos lugares ya solo existen en tus recuerdos”.

Después de “Car wheels…” llegó “Essence”. Es un disco mucho más sombrío.

“Es más intimista, no tan narrativo como “Car wheels…”. Cuando escribí esas canciones, había sufrido mucho. Porque la vida es sufrimiento, ¿no?. Y que conste que no lo veo como algo negativo, es una fuente de experiencias. Todos lo pasamos mal, y de hecho, no creo que eso haya terminado para mi. Sigo sufriendo, y aprendiendo de ello”.

Tu padre, Miller Williams, es un poeta bastante conocido. En el libreto de “West” incluías un extracto de uno de sus poemas. ¿Dirías que hay influencias de Miller Williams, el poeta, en las canciones de su hija?

“Desde luego, porque como songwriter, creo que una de las cosas más importantes que aprendí de él fue la economía de la escritura. Y con “economía” me refiero a aprender a utilizar las palabras exactas, cuantas menos mejor. Yo, más que escribir, lo llamaría editar. ¿Se me entiende o estoy siendo muy abstracta?”.

Por lo que dices de “editar” y demás, el trabajo de un songwriter se parece al de un periodista.

“¡Como un periodista, eso es!. Es muy difícil saber decir exactamente lo que quieres decir, de la forma más original posible. Parece una tontería, pero es una de las cosas que llevan más trabajo cuando intentas convertirte en escritor de canciones, porque al principio sueles emplear demasiadas palabras. Teniendo a mi padre cerca, la verdad es que fue una gran ventaja, porque fue una de las primeras cosas que me enseñó. Y volviendo al mundo del periodismo, es cierto, yo creo que son dos mundos muy parecidos. Alguna vez he escrito articulos para algunas publicaciones, y me di cuenta de que en el fondo es lo mismo que escribir canciones. Escribes la base de la idea, añades algo, borras, después vuelves a añadir, te empiezas a volver loco (Risas), lo borras de nuevo… cuando estoy terminando un disco, hago exactamente lo mismo”.

Viniendo de un entorno familiar tan artístico, ¿sentías que convertirte en songwriter era tu destino en cierto modo?

“Siempre me sentí distinta del resto. Cuando iba a la escuela, era una especie de bicho raro en comparación con el resto de niños, pero es que mi familia no se parecía en nada a las demás. Además, yo nunca pude asentarme en ningún lugar en concreto, porque viajábamos mucho, y no siempre estábamos en Louisiana. En 1963 vivimos en Santiago de Chile, porque mi padre daba clase en la universidad alli, y en 1967 vivimos un año entero en Ciudad de México, asi que cuando volvía a Estados Unidos, a la típica escuela sureña, yo ya tenía una visión del mundo mucho más global, y mis experiencias vitales eran radicalmente diferentes a las de otros niños de mi edad, que ni habían salido de su país. Y ya desde un principio tuve claro que no quería limitarme a tener un trabajo normal, ni lo que se consideraba una vida normal. Empezar a escribir canciones fue algo muy natural para mi”.

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Gracias a gente como tú o Steve Earle, el Country Rock, Americana, o como quieras llamarlo, es un género que goza de muchísima aceptación, sobre todo en Europa, donde siempre había sido algo marginal. ¿Crees que has contribuido a convertir el Country en un estilo musical más abierto de miras?

“Creo que entiendo lo que quieres decir, pero es que yo no me considero a mí misma una artista Country, que viene de una tradición que ha de respetarse. Yo siempre he querido marcarme mis propios límites. Para mi, todo empieza con Bob Dylan y su concepción de la música, que coge el Folk Tradicional y lo hace trizas, para crear un nuevo Folk donde cabe todo, desde el Blues al Rock, el Country… “Highway 61 revisited” fue el primer disco de Dylan que tuve, y el que lo cambió todo para mi. Esos son los artistas con los que me identifico. En la mayoría de entrevistas, siempre me están preguntando: “¿Eres una cantante de Country o de Rock?”, y yo siempre les respondo que ni una cosa ni la otra, que yo quiero ser lo que sería Dylan si fuese una mujer, o lo que sería Neil Young. Pero el número uno sería Dylan, porque la carrera de Dylan es como un puente generacional que abarca la mejor etapa cultural del siglo XX en America, y logró que colisionaran el mundo del Rock y el de la escritura. Porque Dylan en los años 60 se relacionaba con Pete Seeger y Woody Guthrie, que eran músicos, pero es que también salía por ahí con gente como Allen Ginsberg o Charles Bukowski (Risas), y para él era lo más natural”.

¿Con qué otros artistas te identificas?

“Con Van Morrison, Leonard Cohen, Hank Williams, Jim Morrison…”.

Hasta ahora, no has citado a ninguna mujer…

“Es verdad. Pues diría a Chryssie Hynde. Ella sería un buen ejemplo de lo que debe ser una cantante de Rock. Y también me gusta mucho Loretta Lynn, ya dentro del Country, la escucho muy a menudo”.

Muchos artistas han versioneado tus canciones, y me gustaría preguntarte tu opinión acerca de algunas de esas revisiones. ¿Has escuchado la que hace Bettye LaVette de “Joy”?

“Me encanta. Es fenomenal. Me siento honrada de que una artista del calibre de Bettye haya versioneado una de mis canciones. Hay muchos songwriters de Country y Rock que han grabado canciones mías, pero siempre había querido que alguien del Blues o el Soul me versionease, y que yo sepa, Bettye ha sido la primera en hacerlo”.

Eres uno de los pocos artistas que pueden decir que han sido versioneados por el mismísimo Tom Petty.

“Lo sé. Eso también fue muy especial para mi”.

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¿Qué te parece lo que hizo con “Changed the locks”?

“Tom Petty es otro ejemplo de artista con el que me identifico, y me encanta su versión, pero la verdad es que me sentí un poco decepcionada de que no sonase en la radio. Si la hubiese incluido en uno de sus álbumes, hubiese sido otra historia, pero está en la banda sonora de la película “She’s the one”, y muy poca gente conoce ese disco”.

Eso es cierto, y parece que el propio Petty reniega un poco de ese disco. En el documental que rodó Peter Bogdanovich, repasa uno por uno todos sus álbumes, pero no hace una sola mención a “She’s the one”.

“Sí, por eso lo digo. Cuando la grabó, me emocioné muchísimo, pensé que sonaría todo el día en la radio, pero no ocurrió nada, y por eso estoy un poco decepcionada”.

Hablemos un poco sobre los inicios de tu carrera. Cuando empezaste a componer canciones, tengo entendido que no te gustaba demasiado tu voz.

“No, no es exactamente así. Yo siempre me fijaba en Bob Dylan, y él es alguien que nunca ha destacado precisamente como cantante. Lo que he dicho en otras entrevistas es que desde que empecé a componer, yo supe que jamás podría ser la típica cantautora, porque mi voz no alcanzaba registros demasiado altos, asi que decidí que lo más importante era destacar como compositora, y no como cantante. Porque si te fijas en cómo estaba el panorama de las cantautoras en los 60, es normal que estuviera asustada. Porque por entonces sólo podías fijarte en Joan Baez, en Judy Collins, en Joni Mitchell. Después llegó Linda Rondstat… Todas eran cantantes fantásticas, y yo sabía que no podía competir con ellas a ese nivel. En lugar de en ellas, yo fijé mi objetivo en Bob Dylan, porque no había ninguna mujer que me sirviera de inspiración como songwriter. Estaba Bobby Gentry, que cantaba en tonos más bajos, y después empecé a fijarme en las cantantes de Blues, y eso me ha servido de inspiración hasta ahora, que creo que es cuando me he sentido más segura de mi misma como cantante. Pero cuando empecé… intentaba ser una cantante de Country, o ser Joni Mitchell, y nuestras voces estaban a años luz. Asi que me pasé varios años preocupándome en aprender las reglas de la composición, porque sabía que si podía escribir buenas canciones, no tendría que preocuparme demasiado de cantar, y decidí que se me conocería por mis canciones, y no por mi voz”.

Es muy curioso que digas eso, porque precisamente creo que tu voz es una de las más personales en la música actual

“Creo que mi forma de cantar ha ido cambiando con los años. Si te fijas, en mis primeros discos, todavía puedes escucharme intentando ser una cantautora, y después eso cambia. Me llevó muchísimos años sentirme cómoda conmigo misma como cantante. Y ni siquiera me importa mucho a día de hoy, para mi lo importante siguen siendo las canciones”.

Tu éxito actual es el resultado de muchos años de trabajo duro, pero ahora prácticamente todo el mundo se deshace en elogios hacia tu música. ¿Sientes que de alguna manera lo estás consiguiendo?

“La lucha nunca se termina, tienes que mantenerte a flote como sea. Esa sensación, la de sentir que tus sueños se hacen realidad, la he tenido muchas veces, asi que ya no significa nada para mí. Me sentí así cuando grabé mi primer disco para Folkways Records, “Ramblin’”, porque era lo primero que editaba, y fue muy especial, y creí que a partir de ahí todo iba a ser muy fácil, y lo cierto es que aún me esperaban muchas decepciones”.

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¿Te sentiste muy decepcionada con la industria en los años posteriores?

“Hubo demasiados momentos amargos, e hice giras en las que lo pasé muy mal. Aunque ahora, saliendo de gira con Tom a mi lado, creo que todo va a ser más fácil. Pero sí, siempre tengo problemas con los sellos discográficos, aunque ahora mismo me tratan bien”.

Por ejemplo, pasó una eternidad entre la edición de “Lucinda Williams”, y “Sweet old world”.

“Sí, me cambié de compañía, y es una pena, porque el disco “Lucinda Williams” no se ha podido reeditar, y es muy difícil de encontrar, porque primero Elektra, y ahora Atlantic, tienen los derechos de ese disco, y no me los quieren ceder. Todavía seguimos con abogados, intentando conseguirlos, pero se niegan, y me molesta mucho, porque tienen el disco secuestrado, y ni siquiera van a reeditarlo y ponerlo a la venta, y es algo muy frustrante. Hay tantas cosas incomprensibles en el mundo musical… yo edité ese trabajo con Rough Trade Records, y después me pasé a RCA, porque uno de los A&R de RCA era un buen amigo mio. Bien, pues por aquella época, en RCA estaban fichando a bandas muy interesantes, que no eran exactamente Country, aunque tenían algo de eso, y sentía que quería estar alli. Pero entonces mi amigo se fue, frustrado con la política del sello, y decidí que no quería estar en RCA ni un segundo más. Mi amigo fundó Chameleon Records, y me fui alli, que es donde edité “Sweet old world”.

¿Quizá RCA era demasiado mainstream para ti?

“Sí, la dirección cambió, y se volvió la típica compañía que sólo quería dinero y más dinero. No entendían mi música, y lo único que les preocupaba era grabar un disco de Country que fuera un éxito, y que mis canciones sonasen en las emisoras Country, y producirlas como ellos querían, y me coartaban bastante, a nivel artístico. Son cosas que me siguen molestando a día de hoy, pero ahora ya tengo un cierto nombre, y puedo controlar más los procesos de grabación de mis discos. Pero en aquel momento, era una especie de purista, mi mayor temor era que mis canciones sonasen sobreproducidas, y fue un largo camino. Lo pasé muy mal hasta conseguir respeto en esta industria, y me volví muy suspicaz y escéptica sobre la gente que trabaja aquí. Me volví una maniática del control y me gusta supervisar cada detalle. Asi que dejé RCA por Chameleon, y por eso pasó tanto tiempo entre “Lucinda Williams” y “Sweet old world”, y después firmé con American, el sello de Rick Rubin, y en principio “Car wheels on a gravel road” iba a salir con ellos, pero fue justo la época en la que American empezó a tener problemas, así que acabé en Mercury Records, y finalmente en Lost Highway, que era una parte de Mercury y…(suspira, cansada). Siempre es igual… Es muy difícil ser creativo en una industria asi. Te ves atrapada en toda esta red de compañías, sin saber lo que está pasando a tu alrededor, si tienen problemas o se van a fusionar con otras… y tú solo quieres publicar tu disco y que la gente pueda escucharlo, y cada vez hay más obstáculos, y todo es muy frustrantluci8e”.

¿Cuál sería el trago más amargo por el que pasaste?

“La grabación de “Happy woman blues”, el segundo álbum que hice para Folkways, fue un desastre, estaba totalmente perdida. En primer lugar, ni siquiera tenía una banda fija, y cuando entré al estudio para grabar el disco, yo lo iba a hacer en acústico, sin batería, sólo guitarra y bajo. Era un estudio bastante famoso, alli se habían grabado muchos discos de Blues de Texas, material de Freddy Fender y gente así. El estudio lo contrató Micky Moody, que era el ingeniero de sonido para el álbum, y grabábamos el disco por las noches, lo hicimos en una semana. Pues resulta que voy alli el último día, cuando ya estaba hecho, y me encuentro con que Micky Moody había llevado a un batería, que había grabado todas sus partes a mis espaldas, sin avisarme. Igual hoy no sería tan traumático, pero por entonces lo fue, y creí enloquecer, porque nadie me había dicho que iba a sonar una batería ahi. Y para empeorar las cosas, Micky cogió el dinero, y se fue de la ciudad en plena noche, y nunca le pagó al estudio. ¡Ese fue mi primer contacto con la realidad del negocio! (Risas). Creo que eso fue la semilla de mi paranoia e inseguridades cuando estoy en el estudio, que siempre pierdo un poco la cabeza y no me fío de nadie (Risas)”.

J.L. Fernandez, 2009. Entrevista completa publicada en el nº429 de la revista Popular 1.

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