J.L. Fernandez's Blog

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Recordando a The Nymphs

Posted by jlfercan en septiembre 27, 2009

Pocos les recuerdan a día de hoy, pero la de Inger Lorre fue una de las personalidades más explosivas de los 90, y el auge y declive de su banda The Nymphs, una de las grandes injusticias de la época. De modo que me gustaría aprovechar este modesto blog para recomendar su debut, “Nymphs” (1991) y recordar a una formación muy especial, y a mi entender, injustamente olvidada. No es sólo que sea complicado localizar su único disco, descatalogado desde hace años y sin posibilidad de reedición a la vista, sino que, incluso a la hora de escribir unas líneas como éstas es complicado encontrar fotos del grupo en Internet.

ny6The Nymphs eran una banda maravillosa, pero no estaban hechos para acatar las duras reglas de la industria musical, y podemos decir que ésta les acabó destruyendo. Contar con una personalidad tan extrema como la de su vocalista Inger Lorre tampoco ayudó, y arrojaron la toalla justo cuando parecían tener el viento a su favor. Podríamos definir a Inger como una versión femenina de Perry Farell sin miedo a exagerar. No es que los Nymphs y Jane’s Addiction compartieran demasiadas similitudes en cuanto a sonido, pero ambos venían de la misma escena (el underground de L.A. a finales de los 80), y sin duda Inger era tan iconoclasta y provocadora como el Farrell de los buenos tiempos.

Geffen los fichó, entusiasmados con la histeria que la banda desataba en sus conciertos, y habiendo tomado nota del éxito de Jane’s. Su sonido era único y misterioso, reinventando un Hard Rock dominado por guitarras densas, y un cierto regusto Glam, algo totalmente mágico y personal. Pero si algo destacaba, era el magnetismo de Inger y su desquiciada personalidad. Estaba destinada a convertirse en una estrella. Víctima de una violación en su adolescencia, de manos de un perturbado que la recogió mientras hacía autostop, parecía vaciar toda su rabia en sus caóticas actuaciones, y escribía letras de alto voltaje emocional. Bajo la protección del mismo sello que tenía en nómina a Guns N’ Roses y Nirvana, todo parecía estar a punto para el éxito comercial. Bastaba con ser buenos chicos y vender el producto, y Inger y sus compañeros podrían convertirse pronto en decadentes estrellas millonarias.

Pero nada puede ser predecible ni lógico cuando tienes al frente de tu grupo a una mujer tan especial como Inger Lorre, y su nombre pronto fue sinónimo de escándalo. Por aquel entonces la vocalista acusaba diversos traumas, era alcohólica y consumidora habitual de drogas duras, y salía con Chris Scholosshardt, guitarrista de los maravillosos Sea Hags, otros grandes perdedores cuya politoxicomanía destruyó su carrera justo cuando empezaba a despegar. Chris e Inger eran una pareja muy extrema, y durante un show de los Nymphs, protagonizó un incidente por el que se la recordaría durante años, cuando Inger invitó a su chico a subir al escenario y le practicó sexo oral delante del público. Desde entonces, su banda estará en la lista negra de los clubs y empiezan a ser un problema para su discográfica, ya que el incidente corre de boca en boca.

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La banda deja de dar conciertos y se encierra en el estudio para dar forma a su debut, y todo comienza a ir mal desde el principio. Un ejecutivo de Geffen se obsesiona con Inger, y comienza a acosarla por teléfono cada día, primero intentando concertar una cita con la cantante y ofreciéndole dinero, y después directamente masturbándose y gritándole obscenidades. Ella acude al jefe de la compañía, el multimillonario David Geffen, esperando encontrar algo de apoyo, pero Geffen le da la espalda aludiendo a que el tipo era uno de sus empleados más valiosos. Cuesta trabajo ahora imaginar lo competitivas que eran las cosas entonces. La compañía recibe presiones de Courtney Love, que tenía buenos contactos en el sello, para sabotear el inminente debut de los Nymphs (Nirvana estaban a punto de publicar “Nevermind”). Las cosas se ponen feas cuando, durante los últimos retoques de su debut, Tom Zutaut (productor ejectivo del disco, y manager de Guns N’ Roses) decide trasladar al ingeniero de sonido para que termine antes las mezclas de “Use your Illusion” de Guns N’ Roses, proyecto prioritario de la compañía en aquellos momentos. Ese hecho demora seis meses la salida del disco, los Nymphs tienen prohibido actuar en directo hasta que el trabajo esté en la calle, y para entonces, Nirvana ya han explotado comercialmente, y el Grunge es una realidad. Muchas de las bandas que triunfan por entonces se habían inspirado claramente en la actitud de Inger en escena, pero es demasiado tarde. Ahora es ella la que parece una vulgar imitadora.

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Furiosa, y probablemente más intoxicada de la cuenta, decide que ya ha tenido bastantes sinsabores en el show business. La posibilidad de ser unos pioneros se ha ido al carajo por culpa de las decisiones de un departamento de marketing. Inger se presenta en el despacho de Tom Zutaut, se sube a su mesa, se baja los pantalones, y orina sobre su escritorio, su teléfono y la foto familiar que preside su entorno de trabajo. Cuando termina, se limita a decirle “Esto es para que sepas qué se siente cuando otro mea sobre tu trabajo”. Fue uno de los incidentes más sonados de la época, y prácticamente supuso el fin de la relación de los Nymphs con su discográfica.

Igualmente, el álbum, titulado simplemente “Nymphs”, termina saliendo al mercado en 1991, y se trata de una auténtica joya, uno de los grandes discos de aquellos años (y estamos hablando de un año muy fértil en cuanto a lanzamientos). Una colección de canciones robusta y variada, donde encontrábamos temas potentes como “Just one happy day” y singles más accesibles llamados a conquistar la MTV, como “Imitating angels”. Dulzura, rabia, melancolía… todo era posible por medio de una Inger Lorre capaz de llevar todas esas sensaciones a su terreno, y que además se reveló como una gran compositora. El álbum tiene un tono claramente escabroso y confesional, y la torturada personalidad de Inger sale a relucir en el ajuste de cuentas con su educación católica en la emocionante “The river”. “The highway” habla sobre la atracción real que por aquel entonces sentían muchas chicas jóvenes hacia asesinos en serie encarcelados como Richard Ramírez. En el clip de “Sad and damned”, la vocalista aparece masticando gusanos. Son días en los que lo políticamente incorrecto vende, y la MTV empezó a programar este clip y el de “Imitating angels” asiduamente, y se programa una gira a lo largo de Estados Unidos para apoyar el disco. Incluso Iggy Pop colabora en un tema, y actuan como teloneros de Soul Asylum, pero el golpe de gracia llegará justo en el momento en que todo parece reconducirse.

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Chris Scholosshardt, al que antes citábamos como pareja de Inger en aquellos momentos, muere de sobredosis de heroína mientras ella está de gira. Inger sufre un colapso nervioso, y anuncia la separación de la banda, para asombro de sus compañeros. Vuelve a su New Jersey natal y se encierra en casa de sus padres durante años. Sufre depresiones, entra y sale de psiquiátricos durante algún tiempo, y finalmente logra recuperarse. Los restantes miembros jamás lograron recuperarse del varapalo (su bajista Cliff Jones, llegó a intentar suicidarse) y no han vuelto a grabar nada destacable. Y la vida de Inger hasta la actualidad ha sido bastante triste. Pareció levantar cabeza a finales de los 90, como colaboradora de Jeff Buckley. Jeff e Inger fueron grandes amigos y ella incluso coescribió “Yard of blonde girls”, una de las canciones más rockeras del malogrado vocalista, destinada a formar parte de su segundo trabajo. Pero Buckley murió en 1997, lo que volvió a sumir a Inger en otra terrible depresión. En 2002, en una entrevista con Popular 1, afirmaba que otro de sus grandes amigos era Elliot Smith, que se suicidaría ese mismo año, asi que es de suponer que su vida en estos últimos años no ha sido fácil en absoluto.

Pero de vez en cuando da señales de vida. Publicó un disco en solitario, “Trascendental medication”, aunque se negó a girar para presentarlo. En la actualidad se dedica a la pintura, actúa en films underground, y lleva varios años anunciando la publicación de su autobiografía. Hace algún tiempo se anunció una posible reunión de The Nymphs, pero parece que finalmente la vocalista se ha echado atrás. Esperemos que algún día se anime a volver al mundo de la música. Perder a personalidades tan fuertes y con tantas cosas que decir, en un panorama musical más aburrido y corporativizado que nunca, es una auténtica tragedia.

Mientras tanto, tenemos su fantástico debut, “Nymps”. Uno de esos pequeños clásicos underground que seguirán siendo patrimonio de una minoría, al igual que sucede con el primer disco de los Sea hags”, “The language of vagabonds and thieves” de The Throbs, o “Gettin’ pretty good and barely gettin’ by” de The Four Horsemen.  Porque, para los que no nos conformamos con seguir a cuatro o cinco artistas, la buena música no se termina nunca, y siempre existe un tesoro escondido a descubrir a la vuelta de la esquina.

Una respuesta to “Recordando a The Nymphs”

  1. the Fanfuckin 'tastic sleazyEARcyclopaedia. said

    El colmo del mal fario, Inger… Todo lo que le rodea es oscuro, extraño, enrevesado, maldito. Una pena, porque parece no recomendable el acercarse a ella…

    Hoy, por fin, después de muchos años, he conseguido encontrar su disco. Confío en encontrar algún día una copia de su disco. Uno de los retos aparentemente imposibles, ya ves. Por ahora sigo conformándome con su disco en solitario, Trascendental Medication…

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