J.L. Fernandez's Blog

Interviews, articles, and other synthetic delusions of the Electric Head

Tom Waits: predicando en el infierno

Posted by jlfercan en noviembre 20, 2010

Hay momentos en los que echar la vista atrás y abordar en su conjunto la carrera de un determinado artista se convierte en un inesperado ejercicio de introspección, y es en momentos como ese cuando nos damos cuenta de hasta qué punto la música puede llegar a influir en nuestra propia vida. Al escuchar por primera vez “Real Gone”, la obra más reciente de Tom Waits, sus seguidores hemos tenido esa misma sensación. Enfrentarse a un nuevo trabajo del genio californiano supone reencontrarse con un viejo amigo, con una voz inconfundible que nos ha acompañado en los mejores y peores momentos. Sabemos que todo puede fallar, que las personas pueden cambiar o decepcionarnos, y que todo puede caer roto en pedazos ante nuestros ojos de un momento a otro, pero podemos estar seguros de que ciertos discos estarán siempre con nosotros. Y si sentimos como propias las historias que siguen vivas en los álbumes del protagonista de este artículo, ellas constituyen a su vez un reflejo fiel de la trayectoria artística y vital de uno de los músicos más grandes que quedan vivos, poseedor de un talento fascinante que le ha hecho destacar en multitud de terrenos: cronista del lado salvaje, crooner decadente, adorador del blues primitivo más crudo y pantanoso, personaje de novela negra, actor de carácter, excéntrico inventor de instrumentos imposibles o creador teatral de desquiciados musicales… El viejo Tom no olvida a sus fans, y vuelve a entrar en el estudio con cierta regularidad para demostrarnos que tras más de medio siglo de existencia tiene todavía muchas historias por contar. Su situación personal puede haber cambiado tras haber encontrado la estabilidad junto a su esposa Kathleen Brennan (coautora de la mayoría de sus canciones), pero esa capacidad para emocionarnos que subyace en los surcos de sus discos sigue intacta, revalorizando una discografía inabarcable que cada cierto tiempo se hace necesario redescubrir.

Puede que en los últimos tiempos el sombrero de ala ancha haya sustituido la gorra de vagabundo con la que un joven y bohemio Thomas Allan Waits solía sentarse tras un destartalado piano a principios de los 70’s para tocar hasta el amanecer, pero la capacidad de fascinación de sus canciones continúa siendo la misma. Atrás quedan los años de bares sórdidos y clubs nocturnos a últimas horas de la madrugada, los días de vino, ataques al corazón y sueños rotos reflejados en el fondo de un vaso que estaba siempre medio vacío. El corazón del sábado por la noche sigue latiendo, aunque de un modo diferente.

Ahora su mirada, limpia de excesos, es mucho más sabia, compleja, y por qué no decirlo, no está exenta de cierto sentido del humor. Su nuevo trabajo conforma un excéntrico mosaico donde están presentes todas las caras del genio: arropado por sus músicos habituales de los últimos años, y por nuevos invitados entre los que se cuenta su propio hijo Casey, “Real gone” es uno de los discos más desconcertantes (y difíciles) de su carrera, y su autor nos sorprende mirando hacia el futuro con una confianza en sí mismo propia del que conoce su posición dentro de la industria, instalado cómodamente en un sello independiente (Epitaph), que le da carta blanca para que su creatividad fluya sin ataduras. “Real Gone” es vanguardia pura creada a partir de los sonidos más tradicionales, llevando la crudeza de su sonido al extremo, y unos textos marca de la casa, desde el lamento en clave de blues del condenado a muerte en la sobrecogedora “Sins of the father”, pasando por la femme fatale que protagoniza las imagenes en blanco y negro de “Dead and lovely”, hasta llegar a la desoladora visión de la vida militar presente en “Day after tomorrow” que sirve como cierre del álbum; en todas ellas está presente su maestría como storyteller, que le ha encumbrado como uno de los mayores songwriters de la música contemporánea, letras que encajan en un cóctel sonoro totalmente impredecible donde por momentos Waits parece burlarse de sí mismo, explorando todos los estilos imaginables a la vez que utiliza su descarnada voz como el más histriónico de los instrumentos, una voz capaz tanto de rugir amenazadora como de mostrar calidez y ternura, reflejo de la fina línea que separa a veces la lucidez de la locura, lo que en cierto modo emparenta este nuevo disco con “Bone Machine”. Habría sido fácil para un artista de su talla aburguesarse y recoger los frutos de glorias pasadas, pero su carácter inquieto y una inagotable capacidad de renovación sitúan a Waits más cerca de Captain Beefheart que de Leonard Cohen, siendo el suyo uno de esos casos tan inusuales donde la madurez coincide con una capacidad mayor que nunca para asumir todo tipo de riesgos, algo que nuestro protagonista viene haciendo desde el desbordante “Swordfishtrombones” (1983). El éxito de su reaparición a finales de los 90’s con el soberbio “Mule Variations” (una de esas obras difíciles de describir con palabras), supuso su confirmación a todos los niveles como un auténtico clásico en vida, capaz de sorprender a propios y extraños con la edición simultánea hace dos años de los arrebatadores “Alice” y “Blood money”. Su triunfo es, al mismo tiempo, el triunfo de todos los que amamos su música, un merecido reconocimiento que, aunque tardío, erradica el aura de artista maldito que le había acompañado desde los inicios de su carrera. La victoria final de un hombre que en el mundo del espectáculo solía apostar siempre a caballo perdedor, y cuya racha creativa en estos momentos parece no tener fin.

LOS AÑOS SALVAJES DE TOM: PRIMERA ÉPOCA

Altas horas de la madrugada en un sórdido club nocturno de cualquier ciudad. Canciones de desamor, falta de esperanza y mala fortuna. Un piano y una botella de whiskey barato esperando en el camerino. Una gorra de vagabundo y un billete de autobús para ir a cualquier parte… Durante años, el propio Waits solía afirmar en sus entrevistas que su madre le había dado a luz en el interior de un taxi que circulaba por Los Angeles. Aún en el improbable caso de que eso sucediera realmente, es sólo otro ejemplo más de como en su caso pueden llegar a confundirse realidad y leyenda. En pleno 2004 resulta imposible, al hablar de su primera etapa, saber cuánto hay de autobiográfico en las canciones de álbumes como “Small Change” o “Blue Valentine”, pero lo cierto es que durante la década de los 70, su carácter aventurero y una acusada fascinación por los héroes de la beat generation llevaron a un joven Thomas Allan Waits a lanzarse a las carreteras californianas para buscar su propio camino, empujado más por un sueño bohemio que por la necesidad, imitando peligrosamente el estilo de vida al límite de muchos de los personajes marginales que retrataría en sus canciones, y encontrando el consuelo a su mala suerte en el fondo de una botella.

Durante los años que precedieron a la grabación de su primer álbum Tom se buscaba la vida como podía, caminando solitario por las calles y desempeñando todo tipo de oficios para sobrevivir, tales como lavaplatos, camarero de un pequeño establecimiento llamado Napoleone’s Pizza House (que luego inmortalizaría en su segundo álbum) o chico de los recados para varios restaurantes. Uno de esos trabajos fue el que le colocó como portero del extinto club nocturno Heritage, en San Diego, y allí fue donde nuestro protagonista comenzó a fascinarse con el ambiente nocturno de humo y alcohol que inundaba el local cada noche. Fue allí donde empezó a convertirse en un agudo observador de la realidad que le rodeaba, prestando atención a las conversaciones que escuchaba al pararse junto a las mesas de los clientes del club, anécdotas que luego utilizaría como ideas para sus primeras canciones. Fue también en el Heritage donde actuó por primera vez en público, interpretando a la guitarra versiones de artistas como Dylan. El Heritage era un pequeño club donde solían actuar artistas folk y country, que tocaban en el minúsculo escenario del local acompañandose sólo de una guitarra, pero cuando Tom fue finalmente contratado para actuar regularmente y empezó a presentar sus propias composiciones se dio cuenta de que necesitaba interpretarlas al piano, y en el club no había ninguno. Son varios los testigos que afirman que en esa primera época Waits utilizaba el piano de un amigo que vivía a unas pocas calles del club, y junto a varios empleados del local tenían que trasladar el piano cada día en una plataforma con ruedas hasta el interior del Heritage. Al parecer existía otro problema, no podían colocarlo sobre el escenario, ya que la estructura de las tablas no estaba preparada para aguantar tanto peso, pero eso no supuso ningún contratiempo: Tom interpretaba unas cuantas canciones a la guitarra sobre el escenario, y más tarde se bajaba y finalizaba su set al piano, mientras alguien, subido en una escalera, modificaba los focos apuntando hacia el instrumento. Parecia que Tom por fin había encontrado al fin su lugar en el mundo, y siguió actuando tras el piano del Heritage y de otros clubs como el Trobadour, hasta que llamó la atención del entonces manager de Frank Zappa, Herb Cohen, quien le consiguió un contrato con Asylum Records y el dinero necesario para la grabación de su primer álbum, que sería registrado con la ayuda del ex-Lovin’ Spoonful Jerry Yester, en unas sesiones donde corrió el alcohol y que se alargaban a la salida del estudio, con los dos músicos bebiendo hasta el amanecer en cualquier bar de dudosa reputación.

En esos tiempos, y en álbumes como “The Heart of Saturday Night”, sus canciones respiraban jazz, fraseos de crooner decadente, ensoñación y romanticismo a corazón abierto. El álbum “Nighthawks at the Diner” (1975) , grabado en vivo, refleja la espontaneidad de sus shows en aquella época. El productor Bones Howe relata como fue la grabación del disco: “Tom era un gran performer en directo, y decidimos grabar una actuación en los estudios Record Plant, donde Tom haría un show completo al piano con una gran sección de jazz detrás. Pusimos pequeñas mesas y sillas en el estudio, y lo acondicionamos como si fuese un auténtico night club. Pusimos una barra, bebidas y algo para picar sobre las mesas. Herb Cohen y yo vendimos entradas a todos nuestros amigos y logramos un lleno absoluto durante dos noches. Comenzaba abriendo el espectáculo un número de striptease: la stripper se llamaba Dewana y su marido era taxista. Mientras se desnudaba la banda tocaba música para calentar el ambiente, algo muy sencillo, es imposible encontrar a un músico de jazz que jamás haya tocado en un club de striptease. Entonces apareció Tom, se sentó al piano y empezó a improvisar, leyendo la sección de anuncios del periódico mientras ellos tocaban. Era increíble, como Allen Ginsberg con una gran banda detrás.”

El Tom Waits que grababa un par de años más tarde el soberbio “Small Change” era alguién muy diferente a aquel joven inocente que había debutado con “Closing Time”. Su voz sonaba ahora mucho más grave, desesperanzada y terrible, mientras sus letras se centraban en todo tipo de delirios alcohólicos con una visión de la vida realmente desoladora, textos con sabor a Bukowski, fiel reflejo del fracaso del sueño americano, que se había vuelto una pesadilla: pese al beneplácito unánime de la crítica, sus discos no terminaban de encajar en las listas, y Waits sufrió experiencias terriblemente frustrantes en directo al telonear a artistas como Frank Zappa y sus Mothers of Invention, recibiendo un trato extremadamente hostil por parte de la audiencia, como él mismo se ha encargado de relatar “Actuar delante del público de Zappa fue algo aterrador, era como en Frankenstein, podía ver las antorchas a lo lejos mientras las masas gritaban “¡Frank, Queremos a Frank!”. En otra ocasión, cuando se disponía a abrir para Roger McGuinn y su banda, estos irrumpieron en el escenario dando por finalizada su actuación a los pocos minutos de empezar a tocar, frustrando otro de sus intentos por llegar a un público más amplio. Pero la experiencia más desastrosa de su carrera en directo llega en 1977, en Hollywood Bowl, cuando acepta actuar en un show benéfico por los derechos de los homosexuales, acompañando al piano al cantante Richard Pryor, que acudió al show totalmente borracho y a quien la causa homosexual no parecía convencerle del todo, porque antes de empezar su actuación se dirigió a los espectadores con expresiones tan delicadas como “maricones de mierda”, gritándoles que podían irse al carajo y abandonando inmediatamente la escena, que se quedó a oscuras mientras miles de personas indignadas amenzaban con arrasar el escenario. Los focos volvían a encenderse y alli estaba Tom Waits sólo tras el piano frente a una audiencia que nunca le había oído pero que quería matarle, fumándose un cigarrillo en los que debieron de ser los cinco minutos más largos de su vida. El resto del show fue cancelado. A todos estos incidentes en directo hay que sumar una fallida gira por Europa le hunde en una profunda depresión, mientras seguía esperando un reconocimiento que no terminaba de llegar y su vida se hundía en un círculo vicioso de frustración y aficción a la bebida que ya no era capaz de controlar (llegó a ser arrestado en numerosas ocasiones por conducir ebrio), despertando resacoso en habitaciones de moteles baratos como el Tropicana, que fue su hogar durante bastante tiempo, rodeado de botellas vacías, vómitos y colillas, tras noches de desenfreno en locales como el Trobadour y largas conversaciones hasta el amanecer en el café Dukes junto a compañeros de aventuras como su novia de entonces, Rickie Lee Jones, quien antes de convertirse en artista de culto acompañó a Waits en los años más salvajes de su vida, o el eterno songwriter maldito Chuck E.Weiss, que guarda grandes anécdotas de aquella época: “Solía subirme a vagones de mercancías junto a Tom y Rickie, solo por diversión. Recuerdo una ocasión en la que nos invitaron a una fiesta de la alta sociedad en Hollywood Hills, fuimos invitados por el abogado de Tom. Rickie se sentó y se puso un gran aguacate entre las piernas, y Tom y yo paseábamos por alli con las manos empapadas en alcohol, dandole apretones de mano a todo el mundo. Fue una tarde muy divertida, pero nadie volvió a hablarnos desde entonces”.

De esa espiral de excesos nace la mejor inspiración posible, y su asombrosa madurez como letrista marca sus siguientes álbumes, al mismo tiempo que ya se empiezan a ver algunas de las pinceladas vanguardistas que marcarán su obra posterior. Con ese estilo de vida al borde del abismo, todos pronostican un final fatal para su carrera, mientras el callejón sin salida que es su relación con Rickie Lee Jones llega a su final y el último álbum que graba con Asylum “Heartattack and vine” empieza a mostrar ciertos síntomas de estancamiento. Francis Ford Coppola fue el encargado de devolverle al mundo de los vivos, encargándole la banda sonora para su película musical “One from the Heart”. Con este trabajo el artista se instala en los estudios Zoetrope, alejándose de la vida en las calles y logrando la estabilidad que le había faltado hasta el momento, y conoce a una joven editora de guión llamada Kathleen Brennan, con la que se casa al poco tiempo, y que es la culpable tanto de su profunda renovación artística como del abandono de sus peores vicios. Ha llovido mucho desde entonces, y él mismo se encarga de sembrar la duda al hablar de su vida en aquella época “Todos dicen que era un borracho, pero en realidad era un entertairner, si hubiese sido un auténtico alcohólico nunca habría podido conseguirlo. Ser alcohólico es una ocupación a tiempo completo”. La mayoría de locales en los que Waits solía tocar y beber hasta desfallecer ya no existen, pero cada vez que volvemos a hacer sonar uno de sus discos de aquellos años, las puertas del Heritage vuelven a abrise, una vez más, para que el más decadente de los pianistas vuelva a maravillarnos con su voz rota, mientras el humo inunda la estancia y saboreamos el lado más oscuro de la noche americana. Última ronda, es hora de cerrar.

SUEÑOS DE CELULOIDE: WAITS Y EL CINE

Al mismo tiempo que experimentaba una asombrosa evolución como letrista, dotando a sus canciones de unas atmósferas cada vez más cinematográficas, era de esperar que, más tarde o más temprano su abrupto rostro terminase asomándose a la gran pantalla, encarnando en el mundo del cine algunos de los estereotipos con los que suele relacionársele: tipos duros, alcohólicos irrecuperables o personajes excéntricos en una trayectoria como intérprete algo irregular pero con algunos momentos destacables.

Su primera intervención en el mundo del celuloide llegó en 1978 de la mano de Sylvester Stallone , quien intentaba afianzarse como director serio tras el éxito de “Rocky”, vió a Waits actuando en el Troubadour una noche y le ofreció la oportunidad de interpretar al pianista Mumbles en “Paradise Alley”, su primera incursión tras las cámaras, un drama que pasó por las salas de forma bastante desapercibida, pero que fue una buena prueba de fuego para el artista, que además pudo contribuir a la banda sonora de la película con dos canciones inéditas. Dos años más tarde haría un cameo como pianista de club nocturno en “Wolfen”, film protagonizado por Albert Finney, en el que Waits hacía una interpretación terriblemente alcohólica de “Jitterbug Boy” frente a un público desganado. Esto no debió suponer un gran esfuerzo interpretativo por su parte, ya que su vida era exactamente así. En esos años sus intervenciones en películas se reducían a pequeños cameos interpretando el estereotipo de pianista alcoholizado y bohemio que era la viva imagen de su figura en directo, y es muy significativa su aparición en un curioso documental rodado por el director Ron Mann a principios de los 80’s llamado “Poetry in motion”, donde Waits compartía protagonismo con algunos de sus ídolos beat como Allen Ginsberg, William S.Burroughs o Charles Bukowski, en un curioso mosaico donde cada uno exponía su particular visión de la vida y la creación artística.

Llegaban los años 80, su vida cambiaba y se implicaba más que nunca en el cine de la mano de Francis Ford Coppola, gran admirador de la obra de Waits, que tras quedar fascinado con su dueto con Bette Midler en “I Never Talk to Strangers” (tema del álbum “Foreign Affairs”) le propone componer la música de “One from the heart”, pensando en un principio en una banda sonora interpretada a medias entre Waits y Midler, aunque debido a los compromisos de ésta, finalmente la elegida fue Crystal Gayle. Pero la colaboración con el creador de “Apocalypse Now” no se quedaría ahí, sino que se incrementaría en los años posteriores, ofreciéndole la posibilidad de huir del encasillamiento como actor en el que se encontraba su carrera en ese momento, haciendo que su trabajo empezase a ser tomado en serio por la crítica. Waits intervino en dos adaptaciones hechas por Coppola de las novelas de Susan E. Hinton sobre la delincuencia juvenil “Rebeldes” y “Rumble Fish (La ley de la calle)”, ambas producciones bastante modestas en cuanto a medios (Coppola acababa de perder los estudios Zoetrope tras el descalabro que había supuesto “One from the Heart”). La primera (“Rebeldes”) era una película bastante irregular, que reunía a toda una generación de jóvenes promesas (Matt Dillon, Patrick Swayze o Tom Cruise entre otros), en la que Waits interpretaba al inexpresivo camarero Buck Merrill. La segunda, “Rumble Fish”, pasa por ser uno de los filmes más especiales de los 80’s, película pionera del estilo independiente que triunfaría años más tarde y donde Mickey Rourke hacía el papel de su vida, junto a otras grandes interpretaciones de grandes actores como Matt Dillon, Dennis Hopper o Laurence Fishburne, en la que Waits destacaba con una sorprendente interpretación de Benny, el dueño de los billares donde sucedía parte de la trama, y para la que le permitieron escribir sus propias partes de diálogo. ¿Quién no recuerda aquella secuencia del diálogo entre Dillon y Waits sobre la locura o aquel monólogo frente al reloj del establecimiento? Un papel inolvidable que le iba como anillo al dedo. Mucho más inadvertido pasaba Waits en “Cotton Club”, su última colaboración con Coppola durante los 80’s, en la que tenía un pequeño papel como portero del mítico local que daba título a la película. Durante el resto de la década siguió aportando su particular carisma en títulos de calidad muy desigual como “Cold Feet”, “Tallo de hierro” (con Jack Nicholson y Meryl Street). Pero fue un joven director llamado Jim Jarmusch quien sacó más partido de la excéntrica personalidad de Waits, incluyendo su voz como locutor radiofónico en “Mystery Train”, y dándole su primer papel protagonista en la excelente “Down by Law”, uno de sus films más personales, que cualquier seguidor del de Pomona debería ver al menos una vez al mes. Una trama en la que da vida a Zack, un locutor radiofónico fracasado, entre rejas después de que la policía encuentre un cadáver en el maletero de un coche que conducía por encargo, un guión mezcla de cine negro, drama carcelario y comedia ácida, en la que Waits sorprende con una actuación en la que desprende magnetismo en estado puro, y con momentos memorables; el traveling inicial mostrando el paisaje de New Orleans mientras suena “Jockey full of Bourbon”, Waits conduciendo totalmente borracho mientras balbucea “Crying” de Roy Orbison antes de ser encerrado en una celda junto a John Lurie y un histriónico Roberto Benigni…todo en el film es magistral, una pequeña obra maestra de esas que sólo aparecen una vez en la vida. La conexión entre Jarmusch y Waits fue inmediata, y éste le encargó la producción de su siguiente película, la también imprescindible “Night On Earth”, muestra de la química existente entre dos de los talentos más inquietos de su época, y Jarmusch siempre ha manifestado una admiración incondicional hacia el artista. “Siempre he admirado a Tom, porque es fiel a sí mismo y trabaja siguiendo sus propias reglas, sin prestar atención a los códigos impuestos por otras personas o a opiniones ajenas. Es además alguien que posee una forma de expresarse totalmente única, la mitad del tiempo que pasas con él no puedes dejar de reírte, y la otra mitad de asombrarte con sus extrañas ocurrencias y observaciones sobre lo que le rodea”.

En los años posteriores aparecería como secundario de lujo en filmes de entrañables outsiders como Terry Gilliam (memorable su papel como veterano de guerra en silla de ruedas en la delirante “El rey pescador”), o en films más convencionales como “Jugando en los campos del señor”. Coppola volvería a llamarlo para uno de sus papeles más recordados y excesivos: la interpretación de Renfield en su polémica adaptación de “Drácula” en 1993, con un Waits más sobreactuado que nunca, encerrado en un manicomio mientras devoraba lombrices y vociferaba a través de los barrotes de su celda, en el mismo año en que daba toda una lección de carisma en otra de las películas clave de los 90’s, “Short Cuts (Vidas Cruzadas)” de Robert Altman, como Earl Piggot, conductor de limusinas alcoholizado que intentaba desesperadamente salvar su relación con la camarera interpretada por Lily Tomlin, en un papel que parecía un guiño a su propia vida.

En los últimos tiempos no se ha prodigado demasiado en la gran pantalla, a excepción de algún pequeño papel en algún film olvidable como “Mystery Men”, donde interpretaba a un excéntrico inventor de armas, pero podemos verle este mismo año en el largometraje “Coffee and Cigarrettes”, recopilación de cortos realizados por su viejo amigo Jim Jarmusch en el que Waits e Iggy Pop discuten sobre lo divino y lo humano frente a una taza de café y un cenicero humeante lleno de colillas, y en el que Tom vuelve a dar rienda suelta a su ingenio con observaciones memorables: “Lo mejor de haber dejado de fumar es que ahora puedo fumarme un cigarrillo cuando quiera”. No sabemos si se animará a intervenir en más películas en el futuro, de momento su carrera musical parece ser la prioridad. Cuando le preguntaron a Coppola al respecto respondió lo siguiente: “Por ahora no tengo intención de volver a llamar a Tom para otra película, ya que como actor, él tiene una capacidad asombrosa para entender la narrativa cinematográfica y las formas en las que se debe contar una historia. Definitivamente, está a otro nivel. “

OLD FRIENDS

Han sido muchos los artistas que han interpretado algún tema suyo, pero al mismo tiempo muchos otros han querido dejar su impronta en alguno de los temas de Tom Waits, firmando una serie de colaboraciones muy especiales, nacidas de la admiración, la afinidad de criterios o la simple amistad a lo largo de los años. Al contrario que otros artistas legendarios, el creador de “Bone Machine” no se ha encerrado en sí mismo, y se ha visto involucrado en multitud de proyectos y colaboraciones que casi siempre han dado resultados excelentes. Repasar sus conexiones con otros artistas es como hojear un viejo álbum de fotos, algunas más recientes y otras descoloridas por el paso del tiempo. La primera, más cercana al momento actual, es donde aparecen algunos de los músicos que le han acompañado en los últimos años, y que son ya parte esencial del sonido Waits, músicos en cierto modo vanguardistas e inadaptados, incapaces de encajar en un panorama musical dominado por la mediocridad y la falta de riesgo, artistas entre los que cabe destacar al bajista Larry Taylor, ex-miembro de los legendarios Canned Heat, el multiinstrumentista Greg Cohen, el saxofonista Ralph Carney y el constituye la auténtica piedra angular del sonido del de Pomona en los últimos tiempos: el extraño guitarrista Marc Ribot, uno de esos intérpretes que reconces inmediatamente, y que ha inundado la música de Waits con el sonido de su guitarra minimalista y con aires latinos. Ribot había tocado en el pasado con otro viejo amigo de Tom, John Lurie, en su banda The Lounge Lizards, y desde su primera colaboración en “Rain Dogs”, se ha convertido en imprescindible, el propio Ribot se encargaba de relatar la química que surgió en aquellas sesiones: “”Rain Dogs” fue el primer disco importante en el que participé, y creo que aprendí mucho de aquella experiencia. Tine una forma muy personal de trabajar, no contempla el proceso como algo mecánico, sino que está abierto a todo tipo de ideas nuevas, y tiene una forma muy curiosa de relacionarse con sus músicos. La primera instrucción que me dió nada más llegar fue “toca como un bar-mitzvah de enanos”. Y ya que hablamos de músicos virtuosos y desconcertantes, no podríamos obviar a Les Claypool, el excéntrico líder de Primus, cuya amistad con Waits ha dado como resultado una ya abultada lista de colaboraciones. Primero en el que fue el mejor trabajo de Primus, “Sailing the seas of cheese”, donde Tom ponía su voz a la introducción de “Tommy the Cat”, uno de los temas más accesibles de la banda (es un decir). Ese mismo año Claypool participaba en la grabación de “Bone Machine” tocando el bajo en “Earth Died Screaming”, y volvía a intervenir en su siguiente obra maestra “Mule Variations” a finales de los 90. Waits le devolvería el favor cantando un tema en el hasta ahora último trabajo de Primus “Anti Pop”, y Claypool, quien parece haberse convertido en colaborador habitual, vuelve a intervenir en “Real Gone” junto al batería de su banda Brian Mantia, nada extraño si tenemos en cuenta que Primus siempre reconocieron estar fuertemente influenciados por el californiano.

Otros rostros conocidos que han querido echar una mano a Waits en sus últimos trabajos de estudio han sido artistas como el ex-police Stewart Copeland, o David Hidalgo (Los Lobos), aunque de forma más puntual. Sin embargo, alguien que encontro en Waits un alma gemela fue Keith Richards; bien sea por su pasado de excesos, por su adoración hacia la música de raíces o por su voz rota, lo cierto es que ambos parecían destinados a trabajar juntos, y su primer encuentro se produjo en el álbum “Rain Dogs”, en palabras del propio Waits, una colaboración que surgió de forma totalmente inesperada. “Me preguntaron si estaba interesado en colaborar con alguien en especial, y yo dije “¿Por qué no me traéis a Keith Richards?”, lo dije en broma, creía que era imposible, ¡pero se mostró interesado!…Escribir con Keith es maravilloso, es un gran misterio, algo así como el voodoo, un ritual extraño, porque escribe todo tipo de canciones, las intuye, y tú te idenfiticas con todo lo que hace…Aunque hay algo que es cierto, puedes escribir con él, pero es imposible beber con él, te dejaría en un lugar muy embarazoso, tú harías de mesa, y él se limitaría a colocar las bebidas sobre ti”. La colaboración funcionó excepcionalmente tanto a nivel artístico como personal, mientras ambos artistas declaraban que se divertían comprando juntos ropa interior para sus mujeres (?) y escribían material en el estudio. Waits intervino en el disco “Dirty Work” de los Stones, en el tema “Sleep Tonight”, y Richards volvía a aparecer en “Bone Machine”, aullando junto a Waits en el soberbio tema “That feel” que cerraba el álbum. Retrocediendo un poco en el tiempo, hasta el año 1976, otra de sus colaboraciones más recordadas fue el dueto amiga Bette Midler, un tema con sabor a cine negro titulado “I Never Talk to Strangers”, que parecía haber sido grabado en los años 40 y que constituía el momento álgido del álbum “Foreign Affairs”. Al parecer la relación de amistad con Midler iba más allá de la simple colaboración, y la cantante se comportó como una buena amiga que le echó una mano en los duros años en los que Waits malvivía en su habitación del Tropicana. “La primera vez que le fui a visitar, no me podía creer lo que veía: Tom tenía su piano en la cocina, y solo la encendía para encender sus cigarrillos, y utilizaba el frigorífico para guardar todos sus martillos y llaves inglesas…Me llevó hasta el frigorífico, y con una cara de póker que no olvidaré jamás me dijo “¿Sabes? tengo algunas herramientas interesantes aqui”. Hemos sido amigos desde entonces”.

Si hablamos de sus intervenciones como invitado de lujo en carreras de otros artistas, se hace necesario citar el imprescindible documento “Roy Orbison and Friends: a Black and White Night”, grabado en 1988 poco tiempo antes de la muerte de una de las mejores voces de la historia de la música, donde Orbison ofrece una emocionante interpretación de sus mejores clásicos apoyado en directo por algunos de sus mayores admiradores, y donde además de a Waits podemos ver también a Bruce Springsteen, Elvis Costello o Jackson Browne entre otros, dejando el protagonismo al creador de “In dreams” en la que fue una noche mágica. Fue también muy curiosa su colaboración con uno de los grupos más creativos e infravalorados de los 80’s, The Replacements, con los que colaboró en el single “Date to Church” en 1989. En los últimos años ha seguido visitando a viejos amigos: su viejo compañero de borracheras Chuck E. Weiss reaparecía a finales de la pasada década con un nuevo disco, “Extremely Cool”, que el propio Waits se encargaba de producir, llegando incluso a acompañar a Weiss en un entrañable dueto, “It rains on me”; y colaboraba en “Friends of mine”, el álbum de duetos del veterano Ramblin’ Jack Elliot, con dos temas, “Louise” y “Old time feelin'”.

Por otra parte, ha estrechado su vinculación con el mundo del cine, además de como actor, en forma de temas inéditos para bandas sonoras de diferentes películas en los últimos años, siendo los más destacables el magistral tema “I’ll never let go of your hand”, para “Corazón Roto”, un drama protagonizado por Jeff Bridges; su participación en la banda sonora de “Pena de muerte”, la polémica cinta de Tim Robbins para la que aportó “Fall of Troy” y “Walk Away”, y que posicionó su posicionamiento público en contra de la pena capital, llegando a ofrecer actuaciones benéficas que defendían la causa. Sus últimas colaboraciones han sido para los filmes “Pollock”, “El fin de la violencia” de Wim Wenders, y la sorprendente incursión de su tema “Little Drop of Poison” en el taquillazo “Shrek 2”. En su caso, se pone de manifiesto una coherencia e implicación personal en todo lo que hace, y mientras otros artistas se limitan a ofrecer temas deshechados de grabaciones propias, en el caso de Tom Waits, sus colaboraciones con otros artistas y los temas cedidos para proyectos varios conforman una especie de universo paralelo a su propia música igual de excitante, auténticas rarezas buscadas como un tesoro por todos sus fans.

PALABRA DE “RAIN DOG”

“Esta es la belleza del negocio del espectáculo: es el único negocio en el que tu status mejora cuando has muerto”.

“Existe un sentimiento idéntico de soledad que recorre este país, que se extiende de costa a costa: es como una crisis de identidad común, la oscuridad y calidez de la narcótica noche americana”.

“Sólo bebo en dos circunstancias: cuando estoy acompañado o cuando me siento solo”.

“Siempre he amado las canciones que tratan sobre aventuras, asesinatos, hundimientos de barcos y actos terribles de depravación y heroísmo. Eróticos relatos de seducción, romance, valor salvaje y misterio. Todos hemos intentado en alguna ocasión vivir dentro de una canción, una canción donde la gente muera por amor, o donde exista una salida. Lo que yo intenté muchas veces fue vivir dentro de una canción y no volver jamás. Una canción debe ser la receta para una desaparición inexplicable”.

“Escucha “Trout mask replica”, de Captain Beefheart, y quedarás saciado. Bebe de sus aguas, y nunca volverás a tener sed”

“Hay canciones que simplemente salen de la tierra, como una patata”.

“¿El punk? Bueno, lo prefiero a todos esos grupos aburridos como Crosby steals the Cash. Prefiero ver a un chaval vestido de cuero y con imperdibles gritando que quiere comerse a su madre”

“Mientras caminaba por la calle vi un local de Striptease con siete X’s en lugar de las tres habituales. ¿siete X’s? ¿qué significa eso? ¿chicas bailando sin piel?”

“Conozco a una chica que se casó tantas veces que tiene moratones causados por el arroz a lo largo de su cara”

“Creo que Charles Bukowski es uno de los mejores poetas de todos los tiempos”.

“Prefiero ser un fracaso en mis propios términos que un éxito en los de otra persona. Siempre he creído que lo que cuenta es como afecta tu música a las personas del público, y no la cantidad de personas de los que este se componga”.

“Para mi, hablar con la prensa es un poco como hablar con la policía”.

“Nací en el asiento trasero de un taxi, en el aparcamiento de un hospital en Los Angeles, y el taximetro seguía corriendo. Nada más salir grité “Rápido, a Times Square”.”

” Estoy en la punta de la lengua y la muerte ya me está empujando hacia dentro de su boca. Alguien me dijo que los vivos en realidad eran muertos de vacaciones. Piensa en ello. Estábamos muertos antes de venir aquí, ahora tenemos unas vacaciones de ese estado y luego volveremos a él, moriremos y nos iremos de nuevo…”

“No se cual es mi opinión sobre la religión…es como creer en cosas, como cuando somos niños y creemos en Santa Claus…luego nos damos cuenta de que todo eso no existe. Pero hey, no estoy poniendo en duda la existencia de Dios, eso solo lleva a discusiones sin sentido. Tenéis razón, quizá haya alguién sentado en una cueva, con cuernos en su cabeza, o un gran ojo en la mitad de la frente. Seguramente se pasará el día con una caña de pescar.”

“Un caballero es alguien que sabe tocar el acordeón pero no tiene el mal gusto de tocarlo”.

La razón por la que los teatros no hacen espectáculos los lunes por la noche es porque los lunes por la noche eran la noche de la Horca, y nadie podía competir con la noche de la Horca. Hasta hoy, los teatros permanecen a oscuras los lunes”.

“Para mí el corazón es el cielo y la cabeza, el infierno. No puedes usar la lógica emocional para escuchar las canciones, porque la información llega de otro modo… es más como una paja, o como la hiedra, o como alguien vertiendo petróleo sobre tu oreja. No es como leer un libro, es completamente distinto. A veces es como irse a dormir y tener un sueño y que tú puedas escuchar mis sueños y conectarte con ellos.”

“Una canción debe tener su propio sistema nervioso. La melodia es como el humo, y el ritmo son las toses.”

“Ser músico de culto resulta irritante. Pero a veces es irritante ser disecador o conductor de trenes. Y hay momentos en los que es lo más maravilloso que puede existir”.

J.L. Fernandez, 2004. Publicado originalmente en la revista Popular 1, dentro del artículo “Tom Waits: predicando en el infierno”, escrito por J.L. Fernandez, Alberto Díaz y Sergio del Río

 

Una respuesta to “Tom Waits: predicando en el infierno”

  1. Chals said

    Menudo artículo te has trabajado. Muy Bueno, lo leeré por capítulos. Un placer.

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