J.L. Fernandez's Blog

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Mujeres y Americana: savia nueva

Posted by jlfercan en abril 8, 2011

La presencia femenina en el mundo del Country y la música de raíces siempre ha sido fundamental, y no es de extrañar que ellas también estén llevando el timón en éstos momentos. Son sin duda las herederas naturales de Emmylou Harris, June Carter, Patsy Cline, Loretta Lynn y tantas otras mujeres que han dejado una huella en la historia. Y, por supuesto, las destinadas a recoger el testigo de otras como Lucinda Williams o Stacey Earle, que pasan ahora mismo por su mejor momento. Esta es una pequeña selección de las artistas más interesantes aparecidas en los últimos años, que en su mayoría han tenido la valentía de desafiar el purismo y prejuicios inherentes al mundo del Country para encontrar su propia forma de hacer las cosas. Un pequeño homenaje a una serie de mujeres que han grabado algunos de los discos más interesantes de los últimos años y que ni siquiera son demasiado conocidas en su país. Si todo va bien, el futuro parece suyo.


ALLISON MOORER, Terciopelo Underground

Casada recientemente con Steve Earle (¡séptimo matrimonio del “hardcore troubadour!), Allison Moorer es la gran promesa femenina en esto del country, sobre todo porque pese a su juventud ya tiene una discografía a tener  muy en cuenta. El suyo es un caso atípico, ya que pasó de ser una figura puntera en el Nashville más mainstream a buscar su lugar en el panorama Americana, de momento sin conseguirlo del todo. La mayor baza de esta mujer es sin duda su excepcional voz, así como una forma de cantar muy profesional alejada de lo que predomina en la escena, que desde luego es difícil no tomarse en serio.

La de Allison es una historia que se inicia con una tragedia familiar, cuando su padre mata a su madre de varios disparos y luego se suicida, tras lo que nuestra protagonista queda al cuidado de su hermana mayor, la reputada cantante de la escena de Nashville Shelby Lynne, que es también quien la introduce en la música. Tras casarse con el también compositor Butch Primm, autor de la mayoría de sus canciones, el éxito le llega con el tema “A soft place to fall”, incluído en su primer disco “Alabama Song” (1997), y nominado al Oscar como canción principal de la película “The horse whisperer” de Robert Redford. La Moorer de aquellos días era una de tantas bellezas enfundadas en sombrero y botas en busca de sillas de montar calientes, y ni siquiera la personalidad de su voz la hacían destacar en un panorama notablemente saturado de productos similares. Ni siquiera con un segundo trabajo, “The hardest part” (2000), donde se incluyen arreglos más cercanos al pop pero no evita la sensación de que su carrera se halla cercana al estancamiento. Su tercer intento, “Miss Fortune” (2002), es el típico disco que no contenta a nadie, un trabajo centrado en las baladas (excelente “Cold in California”), que hace creer a muchos que intenta colarse en la MTV con canciones para todos los públicos.

Pero la razón de que la vocalista aparezca en este pequeño repaso se llama “The duel” (2004), el disco que le abrió todas las puertas dentro del Americana. Editado por el sello independiente Sugar Hill, es un disco de puro Country Rock lleno de electricidad y donde su voz ocupa el lugar merecido, con momentos francamente emocionantes, donde Allison se luce tanto en soberbias baladas (“Baby Dreamer“) como en arrebatos rockeros (“All aboard”, “I ain’t giving up on you“). Con la crítica de su lado, una gira internacional junto a Steve Earle la ha descubierto ante un público más numeroso que nunca, y su matrimonio junto al tejano hace presagiar al menos una colaboración artística interesante, ya que Earle será el productor de su nuevo álbum, que saldrá presumiblemente a finales de este año.


KASEY CHAMBERS, La gran promesa australiana

Aunque parezca extraño, la que es para muchos la interprete femenina de raíces más prometedora de los últimos diez años viene de…¡Australia!. Efectivamente, y pese a contar únicamente con 26 años ya ha sido saludada por gente como Lucinda Williams o Steve Earle como alguien a tener en cuenta.

Su historia es la de una vida familiar errante, viviendo en varias de las zonas más despobladas de la geografía australiana y viendo actuar a sus padres, entusiastas de la música americana de raíces, en pequeños pueblos. Con una experiencia vital como esa su futuro estaba predestinado en cierto modo, y pronto se unió junto a sus hermanos a la banda de sus padres, denominada Dead Ringer Band, con los que actuó por todo su país ante audiencias cada vez más grandes. Tras la separación de sus progenitores, varios parientes le echan una mano para registrar su primera obra, “The captain” (1999), en la que incluso colaboran Buddy y Julie Miller. El resultado es uno de los discos más exitosos del año en Australia, e incluso llega a girar por Europa. Su magnífico tema título llegó a sonar en un capítulo de Los Soprano, y es a día de hoy su mayor éxito.

El estilo de Casey sigue la estela de todas las grandes del pasado, en especial Emmylou Harris o June Carter, pero dotando a sus composiciones de unas letras muy personales y unos arreglos que van del honky tonk al rock eléctrico. Su talento no pasa desapercibido en USA y maravilla al público americano cuando Lucinda Williams se la lleva de gira varios meses, llegando a tocar incluso con Emmylou Harris. Pero se corona en 2002 con uno de los mejores discos de este estilo publicados en los últimos años, “Barricades and Brickwalls”, que deja a crítica y público sin palabras. Una colección de canciones cálida y magistral, donde colabora Lucinda Williams en “On a Bad Day” y que incluye una gran versión del “Still Feeling Blue” de Gram Parsons, junto a temas propios como “Not pretty enough” o “Runaway Train”. Un disco que nadie debería pasar por alto. Su último álbum fue “Wayward Angel”, editado hace un par de años, y aunque no supera a “Barricades and Brickwalls” (algo francamente difícil), tampoco se queda muy lejos. Sólo hay que dar una oportunidad a canciones como “Hollywood”, “Pony” o la sensual “Guilty as sin” para seguir confiando en una artista que parece destinada a grandes cosas.


PATTY GRIFFIN, La voz de la experiencia

El ser humano es impaciente por naturaleza, pero hay cosas que requieren su tiempo. ¿Puede alguien con un talento y carisma innatos esperar casi hasta la cuarentena para ofrecer su primera actuación?. Pues visto lo que está dando de sí la ejemplar trayectoria de esta mujer, podríamos decir que es una opción de lo más adecuado.

Así es, Patty dedicó casi veinte años de su vida a atender a su marido mientras trabajaba como camarera. Entre tantos años desperdiciados sirviendo café y desayunos a camioneros, canturreaba y componía sólo como un hobby. Seguramente, mientras duraban esas jornadas interminables jamás imaginaría que gente como Emmylou Harris terminaría considerándola una de las artistas más destacables del momento, pero como decíamos, el tiempo pone las cosas en su sitio. Después de que su marido le pida el divorcio empieza a actuar en nightclubs con la única ayuda de su voz y una guitarra, cautivando al público cada noche. No tardará en grabar “Living with ghost” (1996) con la multinacional A&M, un trabajo que recibe todo tipo de elogios, y que recuerda, sobre todo debido a su forma de cantar, a la Lucinda Williams pre-“Car Wheels”, pero integrando en su sonido influencias negras y una virtud de la que muy pocos artistas pueden hacer gala: una voz cautivadora (más que canciones, hablamos de confidencias al oído), y muchos llegaron a comparar la calidez de sus canciones con las de Tori Amos.

Obviamente no cabía esperar grandes innovaciones de ella, y sus siguientes trabajos, “Flaming Red” y “1.000 kisses” siguen la misma senda, mejorando la producción y basándose más en el folk. Pero “Impossible Dream”, el nuevo capítulo de su discografía publicado el pasado año, ha vuelto a poner el listón muy alto. El auge del Americana en cuestión de ventas la ha beneficiado, y da la impresión de que toda la escena ha reconocido la valía de esta mujer, empezando por Steve Earle, fan confeso de sus discos, y sobre todo Emmylou Harris, quien colabora en el disco junto a Buddy Miller o Lisa Germano. Se trata de un trabajo bastante más reposado y melancólico, donde temas tan emocionantes como “Top of the World”, “Mother of God” o “Florida” acaban de redondear una de esas obras con carácter, que acaban revelando su gran valía con el paso del tiempo.


KIM RICHEY, El revulsivo de Nashville

Cualquiera que haya seguido la escena de Country Rock de los últimos años estará familiarizado con el nombre de esta compositora, una de las que más ruido están haciendo con sus últimos trabajos. No estamos hablando precisamente de una recién llegada, y si su primer álbum se publicó a mediados de los 90 es porque la vida de Richey transcurrió por muchos lugares distintos hasta asentarse definitivamente.

Natural de Ohio, Kim crece entre vinilos de todo tipo, ya que una de sus tias regentaba una tienda de discos. El eclecticismo del que hace gala en sus álbumes, que van desde el Country o Folk al Pop convencional e incluso algún coqueteo con la psicodelia, se debe a su propio background, cercano a Janis Joplin o los Beatles e incluso al rock de los 70. Después de terminar sus estudios y recorrer buena parte de su país (parece ser que llegó a residir incluso en Sudamérica algún tiempo), recala en Nashville definitivamente para dedicarse a la música a tiempo completo. El resultado es un trabajo homónimo editado en 1995 que se distancia notablemente de lo que se espera de una debutante en Nashville: contando con algunos de los mejores músicos de estudio de la escena (entre ellos Angelo, “creador” de los afamados y muy sospechosos Kings of Leon), marca la diferencia. En esos años lo que hoy entendemos por Americana o Country Alternativo estaba aún en estado embrionario, y Richey tuvo la valentía de negarse a ser la nueva Shawn Colvin o Sarah McLachlan de turno. Lo suyo estaba más cercano a outsiders como John Hiatt, y sus letras tampoco caían en los tópicos habituales. Tan solo hace falta dejarse cautivar por temas como “Just my Luck” o la contagiosa “You’ll never know” para darse cuenta del valor de un disco así en esos años.

Sus siguientes discos, “Bitter Sweet” (1998) y “Glimmer” (1999) pasaron como discos incomprendidos en una escena cerril como pocas, y pese a su indiscutible calidad se notan en ciertos momentos las presiones para conseguir un sonido más pop.

Pero el tiempo estaba de su lado, y hoy es elogiada como una de las puntas de lanza de la nueva Roots music. Hoy Richey se mueve con gente como Chuck Prophet o el anteriormente nombrado Angelo e incluso participa en proyectos como el relanzamiento de la carrera de Kim Carnes. “Rise” (2002) es su mejor y último álbum, donde maneja con maestría todos los hilos como una suerte de Sheryl Crow con su credibilidad intacta.


TIFT MERRIT, Enfant Terrible

Si eres una artista semidesconocida y puedes contar con George Drakoulias para producir tu segundo álbum es que algo pasa. Pero si aún por encima en ese trabajo colaboran Gary Louris, Neal Casal, Maria McKee, Mike Campbell o el virtuoso del steel pedal Robert Randolph ya es para tomarselo en serio. Y eso es exactamente lo que ha sucedido con “Tambourine”, segundo disco de la asombrosa Tift Merrit, joven intérprete que ya ha puesto Nashville patas arriba, y que ha ganado incluso un Grammy al mejor álbum de Country contemporáneo. Pero lo de Merrit, pese a proceder de Nashville, tiene muy poco que ver con el Country. Yo me atrevería a catalogarla simple y llanamente como Rock americano. En primer lugar, por la producción netamente rockera que consigue Drakoulias en dicho álbum, y también por su voz, mucha más cercana al Soul, que muchos ya han comparado con la de Dusty Springfield. En ciertos momentos, su estilo incluso le hace parecer una versión femenina de John Mellencamp.

Su valía es evidente, pues ejerce como cantante, guitarrista y compositora, y debe sus habilidades a su padre, que le enseñó a tocar desde muy joven. Según ella misma afirma, sus inquietudes de juventud estaban cercanas al punk rock y el rock alternativo de los 80, pero escuchar a Joni Mitchell le hizo interesarse por el folk de forma mucho más profunda. Su talento llamó la atención de Ryan Adams y su manager, Frank Callari, quienes se movieron para logar que firmase su primer contrato discográfico con una multinacional, aunque finalmente su álbum de debut, “Bramble Rose” (2002) fue lanzado por la independiente Sugar Hill. Desde luego, no estamos ante la enésima imitadora de Patsy Cline o Emmylou, sino de una artista que entiende las raíces como el camino más creíble hacia el Rock n’ Roll, y su música tiene momento realmente brillantes que podrían encajar sin problemas en la radiofórmula junto a cualquier hit de Tom Petty y artistas similares.

“Tambourine”, más allá del impacto del gran número de colaboraciones, supone un soplo de aire fresco para los que seguimos a este tipo de artistas, por su nervio como intérprete y la calidad de sus canciones. “Wait it out”, “Stray Paper” o “Late Night Pilgrim” no deberían dejar lugar a dudas: puro Rock americano con sabor Rootsy.

J.L. Fernandez, 2006. Artículo completo publicado en el nº391 de la revista Popular 1, dentro del dossier “Americana: Generación No Depression”, escrito por Mickey Ribera, Marcos de Lahueria, Xavi Bordes y J.L. Fernandez.

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