J.L. Fernandez's Blog

Interviews, articles, and other synthetic delusions of the Electric Head

Entrevista con… Willie Nile

Posted by jlfercan en mayo 5, 2012

Èsta entrevista comenzó a fraguarse tras su actuación en la Sala Son de Cangas do Morrazo (Pontevedra) en agosto de 2010, dentro de una gira en la que el neoyorkino actuó en España respaldado por los Stormy Mondays presentando “The innocent ones”. Desde entonces, el autor de “Streets of New York” se ha convertido en un habitual de nuestros escenarios. Cierto es que buena parte de su público acude a los shows debido a su bien publicitada amistad con Bruce Springsteen, pero  tambien que sus conciertos de dos horas y media cargados de intensidad son de los que dejan huella. Aquella noche tuve la suerte de compartir cena y buena conversación con él y su troupe, e intercambiamos números de teléfono para hacer una entrevista telefónica en condiciones una vez terminada la gira europea. El resultado acabó saliendo publicado en Ruta 66 en enero del año siguiente, y en ella hablamos acerca de su amistad con Jeff Buckley, Springsteen o Lou Reed, sus inusuales raíces familiares, su amada Nueva York o el plagio que sufrió por parte de los Stones. Cuelgo aqui una versión más amplia de aquella charla.

«The innocent ones» , tiene un tono más positivo que los anteriores. ¿Dirías que estás en un momento dulce de tu carrera?

Rara vez pienso en los álbumes como entidades independientes. Para mi, un disco es simplemente una colección de canciones. Diría que éste es un disco muy rockero, simple pero profundo en cierto modo. Creo que esa simpleza hace que los temas fluyan, y ese dinamismo me encanta.

Es más Pop, menos crudo que el anterior, «House of a thousand guitars»

Quizá sea por los arreglos. Veo ambos discos bastante similares.

Siempre has destacado por dejar pasar largos períodos de tiempo entre tus obras. ¿Te sentías especialmente inspirado ésta vez?

En mis primeros años, también grababa un disco cada año, me pasaba el día escribiendo canciones. Diría que ahora me pasa lo mismo, es como volver a aquellos momentos. De hecho, estoy decidido a seguir publicando un álbum por año en el futuro. Escribo temas nuevos todo el rato, y me gusta lo que estoy componiendo. Normalmente, no entro en el estudio hasta que no siento que tengo las canciones que necesito para tener un gran álbum. En los viejos tiempos, escribía durante las grabaciones, en el estudio, pero ahora lo hago en casa, porque es más barato y se trabaja de una forma más relajada.

Ahora ya tienes cierto renombre y supongo que puedes hacerlo a tu manera. Pero imagino que en el pasado, las presiones de las discográficas para tener nuevo material cuanto antes serían algo habitual

No, para nada. Hice los dos primeros discos muy rápido porque tenía mucho material preparado, pero después estuve diez años sin grabar nada, y nadie me presionó. Siempre dejé claro a mi compañía que sólo registraría un trabajo cuando estuviese satisfecho con el resultado.

En su día entrevisté a una buena amiga tuya, Lucinda Williams, que definía su manera de trabajar como la de un escultor que va modelando cada pieza. Muchas de sus canciones tardaban años en salir a la luz. ¿Cómo calificarías tu forma de componer?

Yo soy todo lo contrario: por lo general escribo muy rápido. Cuando tengo una idea, la sigo y ¡boom!. Normalmente termino una canción en dos o tres días.

En tu anterior obra,«House of a thousand guitars», el tema principal era un homenaje a todos los artistas que te han influenciado. Y todos eran músicos del pasado, la mayoría de ellos muertos. ¿Ves a algún artista actual que pudiera ingresar en esa “house of a thousand guitars” en el futuro?

Por supuesto. Me encanta Jesse Malin, que acaba de grabar un gran disco. Y también estaría Ron Hawkins, que era cantante de la banda canadiense The lowest of the low. O Dave Bielanko, de Marah. De los más conocidos, Billy Joe Armstrong, de Green Day, podría estar allí también. Y otros que se me olvidó incluir en la canción, como mi amigo Bruce Springsteen, o Joe Strummer, deberían estar en la “house of a thousand guitars”.

En tus giras españolas, sueles estar acompañado por los chicos de la banda asturiana Stormy Mondays. ¿Cómo empezaste a trabajar con ellos?

Después de un tour que hicimos juntos, creo que fue en 2001. Conocí a Jorge Otero y al resto del grupo a través de un amigo común, en Barcelona, y me encantaron. Tocaron conmigo cinco o seis temas en el festival Light of day, y la química funcionó. Jorge es un gran guitarrista. Él también estará en la “house of a thousand guitars”.

¿Conoces a más formaciones españolas?

A algunas con las que he coincidido en la carretera, como Los Madison, que son buenos amigos míos.

Tu infancia fue muy inusual. Por lo que me contaste cuando nos conocimos, tu casa paterna estaba siempre abierta a turistas, viajeros, o a cualquiera que necesitase un lugar para pasar la noche

Vivíamos en Buffalo, en el estado de New York, muy cerca de las cataratas del Niágara. Éramos una familia muy numerosa, con ocho niños. Siempre alojábamos a un par de estudiantes extranjeros de intercambio, que a veces se quedaban seis meses, y otras, un año entero. Mis padres estaban metidos en organizaciones solidarias, y llegó el punto en el que abrían la casa a cualquiera que se dejase caer por allí, el tiempo que deseasen si contribuían con la comida y nos ayudaban con las tareas de la casa. Tuvimos a monjes budistas, a gente de la india, a personas que simplemente necesitaban un techo…

¿Dirías que eso influenció tu visión del mundo?

Claro que sí. Yo tenía cinco años de edad, y recuerdo que tuvimos como invitado a un sacerdote chino, que había estado dos años en la cárcel por subversivo, y que nos enseñó a todos a comer con palillos. Recuerdo mirarle embobado, y que llevaba sandalias y contaba grandes historias. Para mi, fue como conocer a Marco Polo. Para mi, conocer a aquellas personas que se quedaban en casa, supuso una gran fuente de historias diversas, porque eran viajeros de todo el mundo: de Japón, del Mediterráneo, de la India, etc. Tuvo mucho impacto en mi personalidad, porque me enseñó a ser tolerante con cualquiera, por excéntricas que pareciesen sus costumbres, o su vestimenta. Siempre recuerdo una mañana de Navidad, en la que mi hermana y yo nos despertamos y corrimos a abrir los regalos, y nos encontramos a un desconocido durmiendo junto al árbol de Navidad, en nuestro sofá. ¡Y nos pareció una situación de lo más normal! Le dejamos seguir durmiendo, y nos fuimos a abrir los regalos a otra habitación. Le conocimos varias horas después, y supimos que era egipcio. Se quedó dos semanas con nosotros, nos hicimos grandes amigos y aún puedo recordar su nombre, cincuenta años después. Eso pasaba constantemente, y creo que era mi destino en cierta forma ganarme la vida contando historias, y visitando diferentes países por todo el mundo. Mi madre murió hace ahora cuatro años, y ella sabía que yo sería un contador de historias, porque llegó a decírmelo. De mis padres aprendí lo que era la amabilidad, la solidaridad, y la tolerancia con los que son diferentes. Creo que crecí en una familia maravillosa. Es como lo que cuenta una de mis nuevas canciones, «The innocent ones», y que habla sobre los desheredados del mundo, aquellos que no tienen nada, las víctimas de las guerras. Siempre les tengo muy presentes, gracias a lo que aprendí de mis padres. Vivimos en un mundo duro, pero podemos mejorarlo intentando comprender a los demás.

Fuiste escritor antes que músico

Empecé escribiendo poesía, sí.

¿Cómo se produjo la transición hacia la música?

Toco el piano desde los diez años, pero a los quince, lo que me interesaba era la poesía. Había estudiado piano clásico, pero me aburría y lo dejé durante bastante tiempo. Cuando lo retomé, me dediqué a interpretar canciones actuales, y eso me divertía mucho. Y a raíz de eso me propuse aprender a tocar la guitarra, y lo que escribía ya estaba más orientado a formar parte de canciones.

¿Quienes eran tus escritores favoritos?

Walt Whitman, John Keats, Percy B. Shelley, Allen Ginsberg, y todos los beats en general y los simbolistas franceses, creo que me influenciaron mucho.

A veces se cae en el tópico de definir a ciertos músicos como “poetas”. Tú, que lo has sido, ¿estarías de acuerdo?

No tengo ninguna duda de que Bob Dylan, Leonard Cohen y Tom Waits son grandes poetas contemporáneos. Y Springsteen, aunque nunca lo ha pretendido, también podría considerarse como tal. Y aún diría más: si John Keats, Arthur Rimbaud o Percy Shelley estuviesen vivos, estoy seguro de que cogerían una guitarra y se pondrían al frente de una banda. Porque es el vehículo más poderoso para acercar la poesía a la gente.

Tu música es inequívocamente neoyorkina, pero aglutina dos Nueva York diferentes que no siempre se han entendido entre ellas: la comprometida y folkie de los 60 y la cultura del Punk nacida en el CBGB’s

Asistir al auge del CBGB’s fue fundamental para mi, y ver aquellos conciertos de Ramones y Patti Smith me cambió la vida, como le pasó a muchos de los que estuvimos allí.

Hay muchos nostálgicos de aquella escena, pero al mismo tiempo, algunos de sus protagonistas, como Lenny Kaye, defienden precisamente que la grandeza de New York es que siempre está cambiando

Estoy de acuerdo con Lenny, y no creo ser demasiado nostálgico, aunque los primeros años del CBGB’s fueron muy, muy especiales. Ver a los Cramps, Heartbreakers o Television cada noche es algo irrepetible, pero también me gustan las cosas que están pasando ahora. Están abriendo muchos clubs en el Lower East Side otra vez, y ahora la escena musical se ha movido a Williamsburgh en Brooklyn. Echo algunas cosas de menos, pero NYC sigue muy viva.

Eres uno de esos veteranos que jamás han conocido el éxito a nivel económico. Es obvio que eres alguien muy positivo, y que disfruta con lo que hace, pero, ¿No es eso frustrante después de tantos años?

Lo fue a veces, pero es que nunca quise ser famoso. Me hubiese encantado ser rico, eso sí (Risas), pero no una estrella, y que me acosaran los fans cuando saliese a la calle. Es algo ridículo, no me imagino viviendo como Michael Jackson. Asi que, en el fondo, creo que soy un tipo con suerte. El año pasado, mismamente, pude tocar con Bruce Springsteen en el Giants Stadium, delante de 75.000 personas, y abrí para The Who a lo largo de todo Estados Unidos porque Pete Townsend me llamó personalmente para que lo hiciese. Y también he girado con Ringo Starr, y cantado con él “With a little help from my friends” en el escenario. Y con mucha más gente a la que admiro, como Roger McGuinn. He cumplido todos esos sueños, aunque no niego que es algo descorazonador no haber vendido muchos discos, después de haber invertido tanto tiempo y dinero en hacerlos, pero eso no está en mi mano. Y también reconozco que tuve parte de culpa, porque cuando te pasas casi veinte años sin sacar una nueva obra, es difícil mantener una carrera, pero espero que eso cambie a partir de ahora, publicando y girando con mayor asiduidad.

Y en aquellos tiempos duros, ¿no hubo un momento en que pensases en arrojar la toalla?

¡Claro! Intenta ganarte la vida con la música cuando tienes cuatro hijos: vestirlos, comprarles libros para la escuela… Fueron años muy precarios, y sí que hubo algún momento en que pensé “Ésto es imposible, es una industria demasiada competitiva y nunca me voy a ganar la vida componiendo canciones”, pero nunca perdí la fe en mi sueño. Y supongo que me ayudó a madurar y que de ahí salió un compositor todavía mejor. Pero ahora corren buenos tiempos para mi, o eso me gustaría creer.

En España, la mayoría te descubrieron con «Streets of New York», que casi podríamos definir como un disco conceptual sobre tu ciudad. ¿Qué querías expresar exactamente sobre ella en aquellos momentos?

Lo veía como una serie de retales sobre lugares que marcaron mi vida. Diría que es mi declaración de amor a ésta ciudad, que precisamente me encanta por su carácter cosmopolita y abierto a todos.

¿Cuando tomaste la decisión de mudarte de Buffalo a New York?

Fue algo muy natural, porque aquí estaban todos los clubs y los grandes conciertos. Cuando me gradué en el instituto, ya pensaba en venirme a vivir a la ciudad.

¿Quien dirías que es el artista que mejor ha descrito New York a través de sus canciones?

Lou Reed, claro. Él es el príncipe de la ciudad. Y creo que Jesse Malin viene pisándole los talones en ese sentido.

Uno de tus grandes amigos fue Jeff Buckley, y sigues recordándole cada noche en escena. ¿Cómo os conocisteis?

A través de un amigo común, Bill Flanagan, en una cena con varios amigos precisamente antes de un show de Jeff Buckley en el Sin-è. Algunos trabajan en discográficas, y venían a escuchar a ese artista del que todos hablaban. Y aquella fue la noche en la que Columbia fichó a Jeff, en cuanto se bajó del escenario, porque fue un concierto espectacular, en el que interpretó temas de Led Zeppelin, y cantó «Hallelujah», dejándonos con la boca abierta a todos. Poco antes de que muriese, Jeff y yo habíamos hablado sobre escribir juntos algunas canciones, y por eso terminé componiendo en su honor «On the road to Calvary», para homenajearle de algún modo. Pensé que era la clase de tema que a él le hubiese encantado cantar. El mundo perdió a un gran artista con su muerte.

¿Cómo definirías su personalidad?

Como un aventurero, siempre explorando sus posibilidades como artista. Solíamos hablar mucho sobre la vida y la música, y siempre tuve claro que estaba ante un auténtico explorador. Se muchos detalles sobre lo que pasó la noche en que murió, porque un amigo mío estaba con él. Jeff se adentró en el Mississippi en una noche calurosa, vestido y con sus botas puestas, tarareando «Whole lotta love», mientras sonreía, y esa fue la última vez que le vieron con vida. Creo que es una buena metáfora sobre su personalidad. Fue un gran error meterse en el agua en una noche como aquella, pero no puedes detener a alguien tan osado como él.

Un artista que ha alabado públicamente tu trabajo es Lou Reed. ¿De donde viene vuestra amistad?

Le conocí en un concierto en el Beacon Theatre. Actuábamos varios artistas, y mientras bajaba del escenario, le vi en las escaleras, y le di la mano. Le dije “Hola Lou, me encanta tu trabajo y sólo quería saludarte”. Y me contestó “Te conozco. Eres Willie Nile. Aunque no lo creas, tengo todos tus discos”. Y efectivamente, no me lo podía creer (Risas). Hasta que empezó a decirme cuales eran sus temas favoritos, y me di cuenta de que era un tipo muy agradable.

La fama de huraño le ha acompañado siempre, al menos con la prensa

Mucha gente le tiene miedo, pero tienes que entender su situación. Piensa en ello: todo el rollo de los medios y la fama es ridículo, prestan demasiada atención a una persona, y eso a Lou no le hace gracia, porque siempre se ha considerado un rebelde y un solitario. Tiene que tratar mucho con la prensa, y lo hace a cara de perro para proteger su propia intimidad, pero conmigo siempre ha sido una persona muy cercana. Si eres famoso, y no te proteges a ti mismo, puedes pasarlo muy mal.

Sin embargo, otro de tus grandes amigos, Bruce Springsteen, es todo lo contrario

Se trata de personalidades muy diferentes. A Bruce le encanta la gente. Lo que más admiro de él es que siga tratando de tú a tú a músicos jóvenes que podrían ser sus nietos, y colaborando con ellos. Cuando Bruce respeta a otro artista, es un colega más, y lo ha hecho conmigo, con Joe Grushecky, con Marah… Es un tio genuíno, que le encanta lo que hace, y rodearse de sus amigos. Por eso su música es tan mágica y divertida.

¿Cómo le conociste?

Conocí a su mujer Patti Scialfa, cuando estaba promocionando mi álbum «Places I have never been», que publicó Columbia en el 91. Coincidimos en el mismo hotel, en California, y me la encontré comiendo. Ya nos habíamos conocido años atrás, por medio de Southside Johnny, pero yo aún no conocía a Bruce. Asi que Patti vino a saludarme, y me dijo que tenían mi disco nuevo y que lo escuchaban a menudo, y que les gustaría venir a verme tocar. Bruce tocaba en New York un par de meses después, Patti nos presentó y hemos sido amigos desde entonces. Creo que es un orgullo para el mundo del Rock, tenerle ahí ofreciendo conciertos de tres horas es un privilegio.

Volviendo a tu carrera, otro de tus grandes discos fue tu debut. ¿Cómo lo ves a día de hoy?

Normalmente no escucho nunca mis discos, e intento pensar en el siguiente. Sobre mis dos primeros trabajos, creo que cambiaría algunas cosas relacionadas con la producción, y quizá habría interpretado mejor algunas canciones, pero me siguen gustando, porque creo que suenan reales y callejeros, y eso me enorgullece.

Allí estaba tu tema «She’s so cold», que los Stones plagiaron en el álbum «Undercover». ¿Cómo te hizo sentir eso?

No sé qué decir. No era una canción demasiado original, de hecho tenía un riff saqueado de Chuck Berry, asi que tampoco me preocupa demasiado. Si les influenció, pues me alegro, porque ellos me influenciaron a mi primero. Intentaron convencerme de que les demandase por plagio, pero la idea no me convencía. ¿Cómo voy a demandar a los Stones? (Risas). Todos estamos “tomando prestadas” cosas de aquí y de allá, constantemente.

¿Cuales son tus próximos proyectos?

Girar sin parar, y volver a Europa pronto. Y espero que el próximo disco no tarde mucho en llegar.

J.L. Fernandez, 2010. Publicado originalmente en la revista Ruta 66

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: