J.L. Fernandez's Blog

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Entrevista con… Sharon Jones

Posted by jlfercan en octubre 1, 2012

En el elegante I learned the hard way (2009), su último trabajo de estudio, la fiera parecía domesticada entre orquestaciones y sofisticados arreglos cercanos al Philly sound. Pero los que echaban de menos el lado más salvaje de los Dap Kings y nuestra soul sister favorita están de enhorabuena, ya que la pantera vuelve a rugir en Soul Time!, fabulosa colección de rarezas y caras b con la exuberancia sonora marca de la casa. Lejos de lo anecdótico que se le presupone a un lanzamiento de éstas características, estamos ante uno de los grandes discos del estilo facturados en los últimos tiempos, tal es el momento de gracia de éstos cruzados del groove venidos de Brooklyn. Es sólo el principio de otro gran año para la banda, que publicará su nuevo álbum el próximo otoño.

En «Ain’t no chimneys in the projects», primer tema de su completa autoría, Sharon rememora una infancia sin regalos de Navidad en el bloque de viviendas sociales de Brooklyn donde creció junto a su madre y sus cinco hermanos. No imaginaba por entonces que acabaría agotando las localidades del legendario teatro Apollo neoyorkino durante dos noches consecutivas, compartiendo escenario con Prince en el Madison Square Garden o siendo considerada por buena parte de la crítica mundial como la última gran diva Soul de nuestra era. Sharon muestra abiertamente su disgusto cada vez que la califican como la “reina del Soul”, al menos mientras Aretha Franklin siga subiéndose a los escenarios. Pero, ya que hace tiempo que James Brown abandonó el edificio, permíntannos presentarla como the hardest working woman in show business: Miss Sharon Jones.

 El material incluído en Soul Time! se deja de sutilezas y muestra la cara más incendiaria de la banda. ¿Estamos ante una mera recopilación de descartes o se trata de una pista acerca de vuestra futura evolución?

No busques segundas intenciones, Soul Time! es simplemente una recopilación de material antiguo. Los Dap Kings somos una banda tan trabajadora, que cada vez que grabamos un nuevo trabajo terminamos registrando siempre una veintena de canciones, y las mejores las editamos como singles de 45rpm, o las regalamos a nuestros fans en formato digital. El sello quiso editarlas en cd para poner las cosas fáciles a los que nos siguen, porque hay mucha gente que no tiene tocadiscos o que no se conecta a Internet. Parte de ese material es muy apreciado, como las dos partes de «Genuine», que es uno de nuestros temas más Funk y un single se vendió muy bien, o «When I come home», uno de los momentos álgidos de nuestros conciertos. También nos hizo especial ilusión incluir «What if we all stopped paying taxes?», una canción que escribió Bosco Mann (Nota: Gabriel Roth, bajista de los Dap Kings y co-fundador de Daptone Records) en contra de la guerra de Irak cuando George Bush era presidente. Si seguimos trabajando a éste ritmo, podríamos publicar un segundo volumen dentro de unos años. Pero no tiene nada que ver con nuestra evolución. Estamos terminando un nuevo trabajo, que seguirá una línea completamente diferente.

¿Qué nos puedes adelantar sobre él?

Hemos seguido una rutina de trabajo distinta a la habitual. Hasta ahora, siempre nos reuníamos en el estudio cada dos o tres años para escribir temas nuevos allí, pero esta vez después de estar de gira durante año y medio decidimos hacer un parón, irnos a casa a descansar y a escribir nuevo material por separado. A la vuelta, teníamos unas treinta canciones escritas por todos nosotros, yo también he contribuido. Ahora lo difícil es hacer la  criba. Confiamos en que el disco pueda estar en la calle en octubre o noviembre.

Hasta ahora sólo te habíamos conocido como intérprete. ¿Te sientes cómoda escribiendo tu propio material?

Sí, lo he ido haciendo de forma progresiva. En nuestros primeros dos álbumes, todo el material era de Gabriel Roth, y eso empezó a cambiar a partir del tercero, 100 days, 100 nights, para el que contribuimos todos, yo por ejemplo aporté parte de la letra de «Tell me». Posteriormente, escribí el tema «Ain’t no chimneys in the projects» que podéis escuchar en Soul Time!.

En ese tema hablas sobre tu infancia en los projects de Brooklyn. ¿Cómo fue crecer en un sitio como ése y por qué te animaste a escribir sobre ello?

Mis hermanos y yo nacimos en Georgia, pero mis padres tenían muchísimos problemas entre ellos, y de pequeña viví borracheras, gritos, peleas, prácticamente a diario. Se divorciaron cuando yo tenía tres años, y mi madre nos llevó a Brooklyn, al complejo de viviendas sociales de Brownville, en Brooklyn. Ahora el lugar es bastante famoso porque es de donde salió el rapero Jay Z, que ha rodado varios de sus videoclips allí. Creo que en Europa las viviendas de protección oficial no se parecen en nada a las nuestras, así que te lo explicaré brevemente:  las hay de dos tipos, las que llaman housing complex, que suelen estar bien, y los projects, que son directamente el ghetto: enormes bloques con unos doscientos apartamentos en cada complejo, ascensores viejos y averiados, trapicheos de droga en los alrededores, paredes sucias, etc. En el tema que citas recuerdo que siendo niña solía preguntarle a mi madre por qué no recibíamos regalos de Navidad como los otros críos, y ella me decía que el motivo era que allí no había chimeneas, y Santa Claus no tenía por donde descolgarse (Risas). Se trata de una historia que le había contado muchas veces a Bosco Mann, y él me animó a convertirla en una canción.

Durante una época, trabajaste como guardia en la prisión de Riker’s Island en New York

Sí, pero fue sólo durante unos meses. Lo extraño fue que me hacían trabajar con los reclusos masculinos.

¿Era un trabajo peligroso?

Bueno, la mayoría de los reclusos eran chavales que se habían metido en líos de drogas. Cuando la gente generaliza sobre la cárcel, muchas veces no se da cuenta de cómo influye criarte en determinados ambientes. Yo misma me daba cuenta de que muchos de mis amigos podían haber terminado allí, asi que siempre intentaba ser agradable con ellos, y hacerles la vida lo más sencilla posible, ya que todos teníamos que pasarnos el día tras aquellos muros. Cuando empecé a trabajar allí, nos dieron un curso en el que nos aconsejaban que lo más importante era no mostrar jamás miedo o inseguridad antes los presos. Yo no trabajaba con los más peligrosos, pero hubo momentos tensos. Había un recluso en particular que tenía muy mala fama. Un día que tuve que entrar en su celda me arrinconó, y me preguntó mirándome fijamente a los ojos: “¿Qué pasaría si te ataco ahora? Estás sola, nadie te escucharía gritar”. Era un tipo enorme, hacía pesas y sus bíceps eran más grandes que mi cabeza. Estaba muerta de miedo, pero mantuve la sangre fría y le dije: “¿Qué conseguirías con ello? En ese caso, yo estaría muerta o inconsciente y ni siquiera me enteraría. Y para ti, los problemas no harían más que empezar”. Y me dejó ir. Otra vez cometí el error de contarle a uno de ellos que yo era cantante, porque entonces cantaba en bodas los fines de semana como afición. Se corrió la voz en seguida, y al día siguiente todos lo sabían. Tenía que vigilarlos en una sala para actividades comunes y llevarlos a sus celdas al final de la jornada, pero ese día hicieron amago de amotinarse, y juraron que no se moverían de allí hasta que no les cantase “The greatest love” de Whitney Houston (Risas). Fue muy embarazoso, pero me aplaudieron y después se metieron en sus celdas como corderitos (carcajadas).

¿Has vuelto a encontrarte con alguno de ellos fuera?

Sí, una vez, pero cuando ya no trabajaba allí. Uno de ellos me vio por el barrio, me siguió hasta casa y llamó a la puerta, dándome un susto de muerte. Pero resultó ser un buen chico, que sólo quedaría saludar y darme las gracias por haber sido agradable con él mientras estuvo encerrado. Le dije que más le valía encontrar un trabajo y alejarse de las drogas, y me contó que había cambiado de vida y tenía un trabajo como repartidor. Ahí me di cuenta de lo importante que es tratar bien a la gente en un sitio así, y mostrarles respeto. Unos cuantos me dijeron que no duraría en aquel oficio, que era demasiado buena persona como para ser guardia penitenciaria. Es lo mejor que me podían haber dicho. ¡Y además tenían razón! (Risas). En cuanto pude lo dejé, y tuve otro trabajo como guardia jurado en el que estuve varios años. Justo entonces conocí a los chicos de Daptone, que estaban en un sello llamado Desco Records.

Alcanzaste el éxito con casi 50 años. ¿Supone eso una presión extra? ¿cómo si se te acabase el tiempo para demostrar de qué eres capaz?

Pienso en ello a menudo. Mis actuaciones son muy físicas, y tengo que asumir que dentro de diez años tendré 65, y quizá no pueda seguir haciendo esto. En ese caso me retiraría, dejaría de vivir en New York y me volvería al sur, donde nací, porque siempre he tenido la ilusión de vivir en el campo, o junto a un lago, porque una de mis mayores aficiones es la pesca. Pero de momento me siento ilusionada y fuerte, y confío en conservar mi energía y mi voz durante muchos años más.

Naciste en Augusta (Georgia) la ciudad natal de James Brown. Al parecer tus padres le conocían

Sí, pero en los inicios de su carrera, antes de que se hiciera famoso. En aquella época, James Brown se buscaba la vida como podía bailando y cantando en la calle, trabajando como limpiabotas… No eran amigos, pero se conocían. Pude verle varias veces en directo en Augusta, porque aunque me fui con mi madre a Nueva York, volví allí varios veranos con mi padre, y él me llevaba a sus conciertos. Recuerdo el primero al que asistí, y quedarme alucinada viendo a aquel hombre que no caminaba, sino que parecía flotar sobre el escenario. Recuerdo que mi hermano Henry solía imitarle cuando éramos pequeños, y como yo era la típica niña que siempre estaba rodeada de chicos, empecé a hacerlo también, y creo que esa influencia perdura a día de hoy a nivel escénico.

Es evidente que tienes una gran voz. ¿Por qué crees que la industria tardó tanto en descubrirlo?

El problema en esa época era que yo no tenía el físico que las discográficas querían para sus “estrellas”. Elogiaban mi voz, pero siempre me decían que era demasiado mayor, o demasiado baja, o que estaba demasiado gorda como para tener una carrera musical de éxito. Un tipo de una gran compañía incluso me dijo que era demasiado negra, y me recomendó utilizar productos para aclararme la piel. Parecía que todo estaba bien si me limitaba a ser corista en un segundo plano, que me prohibían expresamente intentar destacar como solista. Yo sabía que mi voz era un don que me había regalado Dios, y era frustrante que sólo me juzgasen por mi aspecto, y no por mis cualidades.

¿Llegaste a pensar alguna vez en tirar la toalla?

Nunca dejé de cantar, ya fuese en bodas o en bares, y siempre interpreté la música en la que creía: Gospel, Soul, Funk… y seguí mejorando, aunque sí es cierto que cuando cumplí los 40 pensé que nunca dejaría de ser una corista de segunda fila. Pero en mi interior, confiaba en que algún día encontraría a la gente adecuada. Cuando conocí a Gabe Roth me di cuenta de que estaba en la clase de sello que no daba importancia al aspecto de sus artistas, sino únicamente  a su talento. Buscaban tres coristas para un single de Lee Fields, y me hicieron una audición gracias a mi novio en aquel entonces, que era saxofonista y había trabajado con ellos. Nada más escucharme me propusieron hacer un álbum.

Lo que más valoré de ellos fue que no querían hacer videoclips, ni convertirme en una cantante pop, sino que sólo pensaban en grabar buena música. Daptone es como una gran familia, y participé activamente en sus comienzos, construyendo el estudio y decidiendo temas clave como el nombre de la compañía. Por eso cuando me preguntan cómo es ser una artista de Daptone Records me gusta decir que yo soy Daptone Records (Risas). Cuando me retire, espero poder seguir colaborando con ellos en la medida que me sea posible, porque creo que están haciendo una gran labor.

¿En qué ha cambiado el éxito tu vida?

Aún lo estoy asimilando. Desde hace dos o tres las cosas han empezado a ir realmente bien en el aspecto financiero y he cumplido varios objetivos muy importantes, como poder comprarle una casa a mi madre y sacarla de los projects. Ella es muy mayor y es diabética, siempre la he cuidado y por fin he conseguido darle una vida mejor. Gracias a cosas como ésta empiezo a sentirme satisfecha, pero nunca hay que bajar la guardia. No tengo hijos, pero sí unos sobrinos maravillosos, y espero que puedan ir a la universidad gracias a mi. La lucha continúa, y cada vez que nos subimos al escenario siento que los Dap Kings aún lo tenemos todo por demostrar.

.J.L. Fernandez, 2012. Publicada en la revista Ruta 66

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