J.L. Fernandez's Blog

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Entrevista con… Seasick Steve

Posted by jlfercan en julio 22, 2015

Con 13 años dejó su hogar en Oakland, California, huyendo de un padrastro brutal que llegó a arrojarlo por la ventana durante una pelea. Su juventud fue digna de una novela de Steinbeck: trabajos como jornalero, viajes clandestinos en trenes de mercancías, vagabundeo y subsistencia como músico callejero en Europa –donde llega con su guitarra y 10 dólares en el bolsillo-, iniciado en los rudimentos del Blues más áspero por maestros como Tommy Johnson y KC Douglas.

Seasick Steve - Press ShotsTodo cambió en 2006 tras ser descubierto al público británico por el presentador televisivo Jools Holland. Desde entonces Seasick Steve se ha convertido en una institución en este país, triunfando en escenarios como Glastonbury o el emblemático Royal Albert Hall londinense, mientras colaboraba con artistas como Jack White, Dave Grohl o el exbajista de Led Zeppelin John Paul Jones, que llegó a formar parte de su banda en directo.

A finales de 2014,  Seasick Steve lanzaba su séptimo trabajo de estudio, Sonic Soul Surfer, cocinado una vez más junto a su inseparable batería Dan Magnusson, y que vuelve a contar como invitado con Luther Dickinson. Nos citamos con él en la capital británica en el muy exclusivo barrio de Knightsbridge, horas antes de un concierto privado para medios de comunicación y representantes de la industria musical. El propio Magnusson prepara unos tés mientras Steve espera en el salón, afinando con cara de concentración una de sus guitarras. Lo primero es hablar sobre sus nuevas canciones.

Nadie espera grandes novedades de un nuevo disco de Seasick Steve. ¿Cómo haces entonces para que tu música siga sonando fresca? Para no caer en la tan temida “zona de comfort”

Ah, la zona de comfort… ¡no tengo ni idea de dónde está ese lugar!. No, en serio, creo que todavía no estoy en esa etapa de mi carrera. Los que caen en ella son los artistas que llevan teniendo éxito mucho tiempo y consideran que ya no deben esforzarse más para mantenerlo.

En mi caso, grabar discos y girar es lo que he deseado hacer durante toda mi vida, y por lo tanto, la lucha sigue. Sólo en 2013 actué en 22 festivales de todo el mundo, y eso me obliga a mantenerme despierto y alerta. No me gusta repetirme, de ahí que cada nuevo disco sea un reto. Pero al mismo tiempo, conozco mi bien mi oficio. Tengo mi propio estudio en un cobertizo en casa, con un buen equipo vintage de los 50 y 60, y suena de muerte. Normalmente, mi batería Dan y yo nos sentamos allí, empezamos a hacer ruido y aporrear nuestros viejos cacharros (Risas), y eso es todo.

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Y tu vida no fue fácil: músico callejero, jornalero, viviste como un sin techo durante una temporada… ¿no resulta abrumador este éxito tan repentino?

Desde luego. A veces todavía me cuesta creerlo, y temo estar soñando y que alguien me despierte en cualquier momento. Por eso no doy nada por sentado: si cometo un error, el éxito podría irse tan rápido como ha llegado.

En tu juventud, llegaste a actuar en el metro en Londres. Seguramente muchos de los que ahora van a verte al Royal Albert Hall ni siquiera te hubieran dado unas monedas entonces

Así es este negocio. La primera vez que estuve en Londres, en 1972, vagabundeé durante unas horas por Hyde Park y di con el Royal Albert Hall por casualidad. De hecho, estuve a punto de ponerme a tocar mi guitarra en la puerta (Risas). Aunque he de decir que Inglaterra siempre fue un país duro para los artistas callejeros. Si quieres ganarte la vida tocando en la calle, Francia es un país mucho más agradecido.

¿Cómo recuerdas aquella etapa?

Fue dura, pero no me arrepiento de nada. La calle es una escuela cojonuda para un músico, te obliga a dar lo mejor de ti. Tienes que esforzarte al máximo en cada “show”. De lo contrario, ¡quizá no comas caliente esa noche! (Risas).

Llegaste a viajar como polizón en trenes de carga. Es algo casi de película

Siento decepcionarte, porque cuando yo lo hacía no había nada romántico en ello. Como dices, es algo de película, es ficción. Una buena película puede hacer parecer fascinante la vida de un tipo que conduce un taxi, lo cual no quiere decir necesariamente que lo sea. Y es que no tener un techo, o subsistir en trabajos miserables te empuja a vivir al margen de la sociedad. Yo tuve suerte, pero conocí a muchos que acabaron mal. La diferencia es que yo nunca fui un vagabundo, ni un mendigo, ni un bohemio por iniciativa propia. En realidad, siempre estaba buscando trabajo.

¿Por qué crees que los norteamericanos están tan fascinados con ese tipo de historias de perdedores y de outsiders?

Los americanos que yo conozco sólo piensan en ganar más y más dinero, y les interesan más bien las historias de triunfadores. Si voy allí y cuento que acabo de escribir una canción sobre viajar en un tren de mercancías, a nadie le importaría un carajo…

sea2Sin embargo, ahí está la Beat Generation, Woody Guthrie, las novelas de Steinbeck…

Eso sólo es popular en Europa, y tiene mucho de mito. ¿Los beats? Viví muchos años en la carretera y conocí a mucha gente, y nunca vi a ningún beatnik, ni nadie mencionó jamás a Kerouac, ni a Woody Guthrie. En realidad, los americanos tienen a despreciar a la gente que vive así, les culpan por no adaptarse a la sociedad y por no haber sido capaces de salir adelante.

¿Qué lleva a una persona a dejarlo todo y lanzarse a la carretera?

La falta de trabajo, los problemas, las ganas de aventura… Cuando yo era joven vivía en una parte relativamente pobre del país, y era bastante normal que los chavales se fueran a buscarse la vida escondidos en trenes o haciendo autostop, y existía una cierta camaradería, o llámalo solidaridad, entre los que nos vivíamos en la carretera. De ese estilo de vida nacieron muchas las viejas canciones y estilos como el Folk, el Country o el Blues. Hoy, por supuesto, nada de eso existe ya. Es bueno, porque quiere decir que la vida no es tan dura y la gente joven no lo tiene tan crudo. Pero al mismo tiempo, me apena pensar que la América que yo conocí está desapareciendo.

Es curioso lo bien recibida que ha sido tu música en el viejo continente. En cierto modo te está pasando lo que a Muddy Waters o Howlin’ Wolf, que tienen más éxito en Europa que en su propio país

Sucedía con el Blues en Inglaterra y con el Jazz en Francia. En los 60 pude conocer a dos de mis músicos de Blues favoritos, T-Bone Walker y Fred McDowell, y ya entonces solíamos hablar sobre este tema. Me ha pasado lo mismo: el 100% de mi éxito se debe al público europeo. En América, probablemente no podría ni conseguir un trabajo barriendo un bar.

¿Cómo era el trato con aquellos músicos?

Eran gente dura, pero humilde. Especialmente Fred McDowell, que era un tipo estupendo. Pero tanto él como T-Bone Walker me dijeron lo mismo: “Preferimos ir a Europa porque allí nos pagan más, y además la gente nos aplaude entre canción y canción” (Risas). Muchos de aquellos tipos sentían que en su país no les entendían pero que en Europa les trataban como estrellas. Pude ver en directo a muchos de ellos cuando era joven, y en general se les trataba como músicos de bar.

¿Quién era el mejor en directo?sea6

¿De Blues? Mi favorito era Son House, desde luego. Verle en directo era intimidante: rasgaba las cuerdas como un maníaco, parecía entrar en trance y estar a punto de volverse loco en el escenario. Pensaba: Jesús, nunca voy a poder tocar así (Risas).

¿Te consideras un Bluesman?

¡En absoluto!. A la prensa le gusta catalogarme así, pero yo procedo de la tradición de los “song and dance men” que solías encontrarte en la calle y que podían tocar lo que fuera: Blues, Country, o viejas canciones populares. Eran gramolas humanas. El que es un auténtico artista de Blues es mi buen amigo Luther Dickinson. Yo ni siquiera me considero a mí mismo un buen guitarrista ni formo parte de esa escena.

Has actuado ya varias veces en España ¿Qué tal fue tu experiencia en el Azkena de Vitoria?

Fue genial, ¡y peligroso!. Hubo una tormenta tremenda, no paraba de llover… Pero la gente vino a vernos y se quedó aguantando el chaparrón bajo la lluvia, y eso se lo agradezco de corazón. Me encantaría volver a tocar en tu país, pero necesitamos que alguien nos lo proponga. Ojalá nos llamen algún día del Primavera Sound.

¿Qué supuso para ti colaborar con John Paul Jones o Jack White?

Lo de John Paul Jones fue tremendo, porque vi a Led Zeppelin dos veces, me maravillaron, y nunca pude imaginarme que su bajista acabaría formando parte de mi banda. John es un tipo muy agradable, pero aún no sé por qué quiso tocar conmigo. Debe ser porque le cae bien Dan (Risas).

DE HAIGHT ASBURY A SEATTLE

Seasick se ganó su apodo cuando uno de sus amigos descubrió que se mareaba viajando en barco, pero a esas alturas ya llevaba mucha carretera a sus espaldas.

Los años 60 le ubican en la psicodélica San Francisco, en la que intentó formar parte de la comunidad musical de Haight Asbury, relacionándose con Janis Joplin y su círculo, aunque nuestro protagonista no pasaría de actuar en la calle. “No triunfé, pero fue una  de las mejores etapas de mi vida. Cada noche salía a ver una banda diferente, y todos vivíamos en la misma zona. Los tipos de Big Brother & the Holding Company, Jefferson Airplane y Quicksilver Messenger Service… si me quería ir de fiesta con ellos, tan sólo tenía que caminar unas manzanas y llamar a su puerta”, relata.

sea4“Todos se consideraban artistas de Blues: Santana, Steve Miller… pero no lo eran. Lo que hacían era más bien música hippy”, asegura, “el único bluesman auténtico de aquella escena era Paul Butterfield”.

El final de la década de los 80 le pilla en otra escena en plena ebullición, la de Seattle, trabajando como productor e ingeniero desde un estudio casero en la vecina Olympia, donde grabó a formaciones entonces primerizas y tuvo como vecino durante un tiempo a un tal Kurt Cobain. “Cuando me fui allí, ni siquiera podía imaginarme que había una escena musical autóctona”, explica. “En los 60 Olympia era un sitio indeseable, lleno de paletos y leñadores, y puedo entender perfectamente lo alienado que se sentía un chaval sensible como Cobain al crecer en un lugar así”.

Aunque reconoce que “aquella no era mi escena, yo ya estaba casado y tenía tres hijos, y lo consideraba algo de críos”, muchos de aquellos músicos apreciaron su estilo con la slide, y Steve pudo presenciar, entre otras cosas, los primeros conciertos de Nirvana. “Cambiaban tanto de formación que todos allí bromeaban diciendo que habían sido batería de Nirvana al menos en una ocasión”, recuerda.

A principios de la década pasada se instaló definitivamente en Noruega junto a su esposa. “Bueno”, apunta, “si tenemos en cuenta el tiempo que me paso de gira, apenas puede decirse que viva allí. El año pasado no pasé en casa ni dos meses en total. Después de este show en Inglaterra me espera Australia. Y aunque a veces sea algo cansado, poder vivir de lo que te gusta es una bendición”.

.J.L. Fernández, 2015. Publicada originalmente en la revista Ruta 66

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