J.L. Fernandez's Blog

Interviews, articles, and other synthetic delusions of the Electric Head

Entrevista con… Tom Jones

Posted by jlfercan en enero 18, 2016

Una decisión aparentemente trivial –dejar de teñirse el pelo- cambió el rumbo de la carrera de Tom Jones. Al menos eso asegura en su recién autobiografía Over the top and back, cuya publicación coincidió el mes pasado con la de su nuevo trabajo, en el que versionea con acierto clásicos del Blues junto a piezas más recientes de Gillian Welch o Los Lobos.

tj1Long Lost Suitcase constituye el tercer capítulo de una fructífera colaboración con el productor Ethan Johns, tras Praise & Blame y Spirit in the room, discos que le devolvieron el favor de la crítica y en los que asumió su madurez, alejándose definitivamente de las pistas de baile para volver a los orígenes, cuando se labraba el camino a la fama en los pubs de Gales como sudoroso intérprete de rhythm & blues, antes de aterrizar en el bullicioso swingin’ London de los 60.

Residente desde hace cuatro décadas en Los Ángeles como exiliado del fisco británico –y no obstante condecorado Sir en 2006-, en la actualidad Tom Jones se mueve cómodamente en el lucrativo circuito de los festivales de Blues y los grandes teatros, y tiene en nómina a su propio hijo, Mark Woodward, como mánager y consejero.

Hombre tradicional y monárquico recalcitrante, acaba de protagonizar cierta polémica en los medios británicos tras sus airadas declaraciones contra los ejecutivos de la BBC, que decidieron no renovarle como coach para la próxima temporada del programa The Voice y reemplazarle por Boy George.

tj4La entrevista tardaría cerca de un mes en concretarse, y vino precedida de una actuación íntima en el Royal Festival Hall londinense. El encuentro tendría lugar, por fin, en el lujoso hotel The Savoy, con vistas al Big Ben y la Casa de los Comunes.

Me recibe una de sus asistentes, que me guía hasta la suite en la que tendrá lugar nuestra entrevista. Soy el primer periodista al que recibirá ésta mañana, y eso me garantiza que estará fresco y con ganas de hablar. Tras servirme una copa de vino, regresa con el cantante, que luce saludable y viste de negro de los pies a la cabeza.

Tom Jones acaba de cumplir 74 años y derrocha energía, así como por un sentido del humor directo y un tanto rudo, típicamente galés. Tras un firme apretón de manos, me cuenta que acaba de regresar de dar un pequeño paseo matutino, saca unas gafas de sol y un gorro del bolsillo y reconoce que no le queda otro remedio que ocultarse tras ellos cada vez que sale a la calle si quiere evitar ser reconocido en su país.

Da la impresión de que este Long Lost Suitcase tiene mucho de autobiográfico, empezando por tu fotografía de cuando eras joven en la portada. Seguro que no es casualidad que se haya publicado a la par que tus memorias

No, fui yo el que sugirió que salieran al mismo tiempo. Ambas obras están relacionadas y se complementan. Como tantos otros artistas, vivo buena parte del año viajando, y esa Long lost suitcase del título es una metáfora, de la maleta que llevo siempre a cuestas conmigo, y compartir su contenido con mis seguidores. Las fotografías del artwork, muchas de las canciones escogidas… son parte de esa selección, cosas que tienen un gran valor sentimental para mi y de las que no quiero desprenderme.

Aqui encontramos mucho rhythm & blues, soul, rock de los 50… los estilos que solías interpretar cuando empezabas en Gales

Es como volver atrás a aquellos primeros días de mi carrera, cuando actuaba en pequeños pubs y clubs de mi comarca. Cuando hice el primer disco con el productor Ethan Johns, Praise & Blame, ya se trataba de eso, de recuperar temas que hubiese cantado en aquella época, y grabarlos como entonces, con una pequeña banda de tres o cuatro músicos. Sin ir más lejos, «Bring it home» de Sonny Boy Williamson, que es una de mis canciones favoritas. Me fascina todo el material de Chess en esa época, de hecho para hacer el disco le llevé a Ethan una lista con un montón de sugerencias en esa onda, de canciones que conozco desde hace muchísimo tiempo, y nos quedamos con ésta, con «I wish you would» del armonicista Billy Boy Arnold, y con «Tomorrow night» de Lonnie Johnson, que también versionearon en su día Elvis Presley y Jerry Lee Lewis.

Precisamente entrevisté a Ethan Johns la semana pasada, y me contaba que trabajar contigo era muy fácil. Tanto, que sentía que su presencia en el estudio no era necesaria. “Tom lo llena todo con su voz”, me decía

Ethan es muy modesto, y es un cumplido por su parte, pero creo que no responde a la realidad. Su trabajo en estos discos ha sido clave. Créeme, he grabado con muchísimos productores, y mi experiencia con Ethan ha sido de las mejores. Su papel fue fundamental: cuando empezamos a trabajar juntos, me dijo que veía un potencial en mi voz que todavía no había sido explotado, y que su objetivo era desnudar las canciones de artificios. Porque casi todos mis grandes hits tenían arreglos complejos y grandes orquestaciones: escucha el principio de «It’s not unsual», y cómo entra la orquesta en tromba (tararea la melodía), y pasa también con «Delilah», «Green Green grass of home», con el coro de fondo y la sección de cuerda, o incluso «Sex bomb»… todas suenan “grandes”. Él tuvo la intuición de seguir el camino contrario.

¿Y has escuchado la cover que hemos hecho de «Elvis Presley Blues» de Gillian Welch? De nuevo, otro arreglo suyo magistral, no hay adornos ahí, es pura emoción: solo mi voz y Ethan tocando la guitarra de fondo. La original de Welch, especialmente, era mucho más folkie. La nuestra es mucho más etérea y misteriosa, tiene entidad propia.

¿Sentiste, de alguna manera, que a tu edad ya no era creíble intentar mantener tu imagen anterior? ¿Que corrías el peligro de quedar desfasado?

Creo que a mi edad ya he hecho todo lo que se puede hacer en este negocio, y lo que me mantiene fresco es probar cosas nuevas y reinventarme. Necesito afrontar retos y sentirme como un joven inexperto que graba su primer disco.

No parece algo fácil. Estuve en tu actuación en el Royal Festival Hall la semana pasada. El público recibió tus nuevas canciones con respeto, pero no parecieron entusiasmarse hasta que no sonó tu versión del «Kiss» de Prince que grabaste en los 80

Es un proceso que lleva tiempo, pero mis discos recientes han tenido muy buena acogida crítica, y creo honestamente que están entre lo mejor que he hecho. Eso no quiere decir que no disfrute cantando mis hits, que seguirán sonando en mis conciertos, con unos arreglos más adecuados al tipo de música que hago ahora. Porque me encanta todo lo que he hecho a lo largo de mi carrera. Pero, ojo, cada cosa tuvo su momento, y el momento ya ha pasado, y no puedo aparentar seguir siendo joven, interpretando con el descaro y la energía que tenía cuando era un chaval. Lo bueno es que el Soul o el Blues son géneros ideales para la madurez, ahora que he vivido, creo que mi voz es más profunda, más madura, y que resulto creíble abordando estos géneros.

Hasta hace unos años, apenas teníamos referentes de artistas grabando obras de madurez dignas. Creo que los American Recordings de Johnny Cash abrieron el camino, en cierta manera. ¿Los consideras un buen modelo para carreras como la tuya?
Son fantásticos, pero hay una gran diferencia, y es que Johnny Cash era mucho mayor que yo y prácticamente se estaba muriendo mientras los grababa. Espero que aún pasen muchos años hasta que yo llegue a ese momento (Risas). Pero puedo ver parte del paralelismo: Rick Rubin también devolvió a Johnny Cash a sus raíces, sólo él y su guitarra. Y lo mismo hizo después con Neil Diamond. Podríamos decir que mi relación con Ethan es parecida.

En tu último trabajo versioneas, entre otros, «Take my love» de Little Willie John. Siempre he pensado que es uno de los grandes Soulmen, y de los más infravalorados

Fíjate que incluso yo lo descubrí relativamente tarde. Quería grabar su gran éxito «Fever», ¡y ni siquiera sabía que era suya! Creía que era de Peggy Lee, que la convirtió en un gran éxito y es la versión más conocida.  Entonces alguien me hizo llegar al estudio la original de Little Willie John, y su talento me dejó alucinado. Especialmente, la facilidad con la que alcanzaba tonos altísimos. Escuchándole hoy en día uno aprecia como muchos otros cantantes de Soul contemporáneos y posteriores copiaron parte de su estilo.

tj6En su música todavía hay muchos clichés del rhythm & blues de los 50 que suavizan el resultado final, pero abrió camino y debería estar muchísimo más reconocido
Sí, pero pasó con muchos otros artistas de su época. En aquellos años, siempre se menospreciaba a los músicos negros originales y se buscaba a cantantes blancos, que se consideraban más aceptables, para regrabar sus canciones, y al final eran ellos los que se llevaban toda la fama. Diría que la causa de su olvido es fundamentalmente esa. Es muy injusto, pero entonces era así. Sucedió con Pat Boone, que hizo famosos los éxitos de Little Richard y Fats Domino, o Bill Haley & His Comets popularizando el «Shake, rattle & roll» de Big Joe Turner. Yo era un adolescente en los 50, y empecé conociendo esas versiones, porque era lo que pinchaban en la radio, y no fue hasta escuchar el «Long Tall Sally» de Little Richard, cuando descubrí cuáles eran las buenas de verdad. A mayores, Little Willie John murió muy joven y dejó pocas grabaciones. Quién sabe cómo hubiera cambiado la historia de haber tenido más tiempo para desarrollar su carrera. Ojalá mucha gente pueda descubrirle gracias a mi versión, eso me haría sentir genial.

Muchas estrellas de tu época, Elvis Presley sin ir más lejos, cayeron víctima de los excesos, ¿cuál ha sido tu secreto para llegar hasta aqui y mantener los pies en el suelo?
El principal: no meterme en drogas. Viví el Swingin’ London a tope, y mucha gente se cree que me pasaba el día drogado, pero la realidad es que en aquellos días ni siquiera había probado la marihuana. Me gustaba la cerveza y los licores, pero aquello de quedarse atontado durante horas no iba conmigo, me parecía un rollo hippy.

Y más tarde se puso de moda la cocaína, y eso si que me parecía horrible, totalmente falto de glamour. Estuve en mil fiestas, y ver a la gente metiéndose rayas me parecía patético. Lo que me gustaba de tener éxito era dinero para poder beber el mejor vino y champagne, y la sola idea de meterme en un retrete para consumir me repugnaba. Y ahora sé que la cocaína es terrible para cualquier cantante, porque te destroza los conductos nasales y las cuerdas vocales. Ningún vocalista que haya abusado de ella durante años vuelve a sonar igual.

Al principio, fumaba muchos cigarrillos, pero en cuanto me hice famoso y empecé a ganar pasta, me pasé a los habanos, y no puedo decir que me arrepienta. En las fiestas en los 60, normalmente llegaba alguien y me ofrecía cocaína colombiana de primera, y yo sacaba mi habano del bolsillo y le decía que no me interesaba nada Colombia, que Cuba era lo más al sur que estaba dispuesto a ir (Risas). Ahora bebo, básicamente vino, y me interesa probar denominaciones de todo el mundo. Aunque todavía me gusta la cerveza inglesa. Viviendo en Los Angeles, lo que más hecho de menos de mi país es poder ir al pub de la esquina y tomarme una buena pinta.

tj10Leyendo tu autobiografía, sorprende el espacio que dedicas a recordar tus orígenes en Pontypridd (Gales). Tu propio padre era minero, y le veías llegar a casa cada tarde cubierto de hollín hasta las cejas. ¿En qué medida te ha influenciado esos orígenes humildes?

Siempre he estado orgulloso de mis orígenes de clase trabajadora, nunca los he escondido, y seguramente me enseñaron que hace falta luchar para conseguir lo que quieres. Y los valores que me inculcaron entonces siguen conmigo a día de hoy. Me crié entre hombres de Gales, bebiendo en los pubs con mi padre y mis primos.Yo era pequeño, y veía a mi padre marchar al pub cada tarde con el resto de hombres, y yo le preguntaba a mi madre cuándo tendría edad suficiente para ir con él. Y cuando la tuve, fue uno de los mejores días de mi vida. La camaradería y la bebida entre hombres, todavía me gusta ese ambiente. Y no voy a decir que todo fuera ideal: había muchas broncas, mucha violencia. No usábamos armas, ni navajas, pero cualquier malentendido se solucionaba a puñetazos en la calle. Primero golpeabas, y después preguntabas. Una vez golpeé tan fuerte a un tipo que me había insultado, que me fui a casa con miedo de haberle matado.

Y entre esos valores de los que me enorgullezco, está el de ser un caballero y respetar a las mujeres, que por supuesto en esos años no entraban en los pubs. Mucha gente hoy en día no entiende por qué, y la explicación es simple: porque éramos hombres y ibamos allí a beber cerveza y whiskey y a contar chistes obscenos, y no queríamos que las mujeres vieran ese lado de nosotros.

Los chicos en el pub y las mujeres en casa. Suena bastante machista, incluso para los estándares de hace 50 años

No me malinterpretes, eran ellas las primeras que no querían meterse en ese tipo de ambientes. Los pubs y los clubs eran antros sucios y malolientes, y preferíamos llevarlas a lugares más agradables. Hoy, por supuesto, el mundo ha cambiado, y las mujeres son libres de ir a donde quieran. Algunas incluso maldicen como camioneros (Risas), pero allá ellas. El mundo que yo conocí era muy diferente, desde luego. Mi padre me habría dado una paliza si llego siquiera a maldecir delante de una dama.

¿Cómo te sientes frente a todos estos cambios?

Los acepto, claro, pero echo de menos muchas cosas del pasado. Estuve en mi pueblo, Pontypridd, la semana pasada, y fui al que solía ser uno de los mejores pubs, al que antes sólo se podía acceder con traje y buenos zapatos, y ahora todo el mundo vestía sudaderas y zapatillas. La moda actual, esa es otra cosa que no entiendo: veo a esos jóvenes vestidos con ropa de la época de sus abuelos, ¿cómo les llaman?

¿Te refieres a los hipsters?

Hipsters, eso es. Vestir con ropa antigua, ¡en mi época habría sido totalmente inaceptable!. ¿Y qué me dices de los piercings? Cuando yo era joven, si llega a aparecer alguien por Gales con un aro en la ceja le habríamos hecho así (hace el gesto de arrancarlo con un dedo) a las primeras de cambio.

tj2También vosotros fuisteis rebeldes. La generación que acogió el rock & roll que llegaba de Estados Unidos. Su influencia en la gente joven fue impresionante. Hoy parece que la gente se pase el día en Internet y nadie tenga ya pasión real por nada, pero a vosotros os cambió la vida

Más que rebelarnos contra la autoridad, nos rebelamos contra una música y una ropa que nos parecían viejas y no nos gustaban. En las salas de baile había orquestas tocando música muy rancia de la época de nuestros padres, y nos aburría. Yo era un quinceañero en el 55, cuando llegó «Rock around the clock» de Bill Haley y las primeras películas de rock & roll, y nos hizo vibrar. Y después estaba la ropa: chaquetas largas, tupés, pantalones ceñidos… Cuando veo fotos de aquellos años, creo que teníamos un aspecto razonablemente bueno, ¿no? (carcajadas).

Y además el rock & roll no ha cambiado tanto desde entonces. Lo han hecho las técnicas de grabación, pero no la propia música. Cuando un artista intenta volver a lo básico, siempre volvemos la vista hacia esa época: Elvis, Chuck Berry, Jerry Lee… Porque es la forma correcta de hacerlo.

¿Cuál de los rockers originales era tu favorito?
Jerry Lee Lewis, por su fuerza y su capacidad de tocar todos los palos. En directo era una bestia.

Os conocéis bien. ¿Es tan fiero como aparenta?
Es… complicado (intenta mantener la seriedad pero se le escapa la risa). Sí, sin lugar a dudas. El problema con Jerry Lee, es que le importa todo un carajo: el público, la prensa… Yo opino que él mismo es su peor enemigo, tener esa imagen pública de psicópata siendo un hombre con tantísimo talento. Pero hablamos de los rockers, de artistas rebeldes, tipos duros, y así es él. En su autobiografía, que apareció hace poco, dice que nunca en su vida ha hecho algo que no quisiera hacer. Y eso implica soltar lastre en muchos aspectos, incluyendo el ser amable o condescendiente con los demás.

Si tuviera que entrevistarle, estaría aterrorizado
No, a ver, si se relaja es una persona normal. Si hablas su mismo lenguaje, no suele haber problema. La cuestión es que no le gusta responder preguntas. Cuando le preguntan acerca de sus influencias siempre responde (voz seria): “No tengo influencias de nadie. Nací con el rock & roll dentro”. Una vez le dije que cómo podía decir esas cosas, cuando todos aprendemos de otros. Le dije: Hey Jerry, ¿qué hay del boogie woogie? ¿es que acaso no escuchaste a Professor Longhair?. Me contestó: ¿Professor qué? (carcajadas). Él tocó en clubs en New Orleans cuando era joven y aprendió de todos esos músicos, pero jamás lo admitirá en público.

Frank-Sinatra¿Qué hay de Little Richard?

Otro de mis buenos amigos en el negocio. Está enfermo, estuvo en el hospital hace poco y llamé a su habitación para saludarle y ver cómo estaba. Marqué el número y pregunté por Richard Pennyman, su nombre real. Y escuché una voz muy grave y muy seria diciendo “Richard Pennyman al habla”. Parecía muy, muy enfermo. En cuanto le dije que era Tom Jones empezó a vociferar “¡¡¡Oh, Tom Jones!!!” con su voz habitual (Risas). Fue muy gracioso, porque me dijo: “Oye Tom, me he enterado de que el otro día interpretaste en uno de tus directos Strange things happen every day“, que es un tema original de Sister Rosetta Tharpe que él hizo famoso. Me dijo: “He estado pensando, y creo que deberías cerrar tus actuaciones con esa canción”. Y le dije: “Está bien, Richard, pero llevo veinte años haciéndolo” (Risas). Él es así.

Cuando surgen los Beatles en los 60, representaron un cambio con respeto a los intérpretes de canciones ajenas, como podía ser tu caso o el de Elvis. ¿Los viste como una amenaza?
No, nunca, porque la primera vez que vi a los Beatles en TV, ellos todavía basaban su repertorio en versiones, y vestían como teddy boys. De modo que los consideré “de los nuestros”. Me parecieron fantásticos, porque hacían temas de Chuck Berry y Little Richard. O el «Dizzy Miss Lizzy» de Larry Williams. Para mi eran una banda de rock & roll fifties. Obviamente después evolucionaron, pero me sentí en sintonía con ellos desde el primer momento.

Hace años grabé una versión de «Red, White & Blues» para el documental del mismo nombre de Mike Figgis, para la serie sobre el Blues que produjo Martin Scorsese. Tuve a Jeff Beck a la guitarra y a Van Morrison para cantar conmigo. La grabamos en Apple Studios, coincidimos con unas sesiones de Paul McCartney, que se acercó por allí y me preguntó que qué hacíamos. Entonces le comenté que llevaba tiempo queriendo grabar el «Tryin’ to get to you» de Elvis, y que si le apetecía cantarla conmigo, y lo hicimos. El problema es que no lo quisieron incluir en el documental, y por lo que me han dicho, el problema no fue la canción, sino que a Paul no le gustó su aspecto. Se veía mayor y vetó su aparición en la película. Es una pena, porque tengo la grabación y solo se la puedo poner a la gente en mi casa.

Al parecer, Lennon no fue precisamente amable cuando os conocisteis
Fue un lamentable malentendido, por culpa de las diferencias de carácter entre los galeses y la gente de Liverpool. Allí tienen un sentido del humor muy sarcástico, humor negro, mientras que en Gales no había nada de eso. Hazle una broma a un galés en su cara, y lo más probable es que te conteste dándote una ostia.

Casi llegáis a las manos

Sí. La primera vez que nos vimos coincidimos en un plató de tv en el programa Thank your lucky stars, los Beatles y yo actuábamos en aquella edición y teníamos que grabar nuestras respectivas intervenciones. Yo estaba sentado junto a mi antiguo mánager Gordon Mills, y recuerdo que Lennon se me acercó y empezó a tararear por lo bajo «It’s not unsual», parodiándola y cambiándole la letra. Era algo así (canturrea): “it’s a not a unicorn, it’s an elephant…”. Yo me enfadé mucho, porque era mi primer hit, y las había pasado canutas para conseguir que me cedieran la canción. Asi que le pregunté que si tenía algún problema conmigo. Lennon me contestó: ¡tú debes ser ese marica de Gales!. Lo siguiente que recuerdo es que me levanté muy cabreado y le dije: Sal fuera conmigo, y vamos a ver quien es el verdadero marica aqui. Y Gordon tuvo que agarrarme y meterme en el camerino, (Risas). Pero ahora me doy cuenta de que sólo era una broma.

No suena muy convincente. De todos modos Lennon tenía fama de llegar a ser muy cruel con algunas personas, seguramente por su inseguridad

Paul McCartney vino a verme después, para disculparse en nombre de todo el grupo, y me dijo que en realidad era un cumplido, que Lennon parodiaba todos los hits populares que le gustaban. Y el tema quedó totalmente olvidado, cuando volvimos a coincidir en otros programas de tv como Top of the pops. Y llegamos a conocernos bastante bien años más tarde, cuando Lennon ya vivía en New York y existía esa especie de compañerismo entre los músicos británicos que residíamos en Estados Unidos. Por desgracia, poco después le mataron. Pude darme cuenta de que era un bromista nato, pero un buen tipo que además amaba el rock & roll con locura. Su canción favorita era Stand by me.
En esa época se le veía muy feliz y muy inspirado, y le pregunté que por qué vivía en New York y no se mudaba a Los Ángeles, como yo. Me dijo que porque allí se sentía a salvo, que la gente le saludaba por la calle, pero no como en Londres, donde no podía ni salir de casa debido al acoso de los fans y los paparazzi. Aún se me ponen los pelos de punta cuando lo recuerdo.

En muchas ocasiones has hablado de cuánto te influenciaron las giras que los grandes bluesmen americanos hacían por Gran Bretaña en los 60. ¿Es cierto que se les recibía tan bien en Europa en contraste con su país? ¿o era algo minoritario?

Era relativamente minoritario, porque tocaban en pequeños clubs, y casi todo el público eran otros músicos, muchos de ellos de éxito. Pero se les recibía como a leyendas, eso es verdad. Tengo grandes recuerdos de todos ellos, especialmente de T-Bone Walker, que además se convirtió en un buen amigo. Fue el primero que se negó a actuar en playback en el programa Ready Steady Go, y su intervención fue alucinante. Ese día estaban por allí gente de los Rolling Stones, Jeff Beck, creo que Eric Clapton también, y fuimos después a felicitarle.

Aquellas giras eran geniales: pudimos ver en directo a Muddy Waters, a Howlin’ Wolf, Willie Dixon, y siempre acabábamos charlando y tomando café con los músicos. Pero T-Bone Walker fue el único que se me acercó y me dijo que reconocía el Blues en mi voz. Me preguntó que si tenía algún pariente negro (Risas), porque mi tono de voz le parecía de negro incluso en «It’s not unsual», que hasta para mi era un disco Pop. Estaba convencido de que tenía que haber algún ancestro africano en mi familia. Y no fue el único: cuando me fui a América descubrí que pinchaban mucho mi música en una emisora para negros, y que pensaban que yo también lo era, y tardaron meses en descubrir la verdad. Una vez iba paseando por New York, y de repente escuché a alguien gritar mi nombre a mi espalda, y de repente vi asomarse a Screamin’ Jay Hawkins a la puerta de un bar, que me había reconocido y quería que nos tomásemos una cerveza juntos.Era todo un carácter: siempre llevaba una pistola encima, y cuando iba muy bebido a veces le gustaba apuntar a la gente con ella solo para asustarla. De la noche a la mañana empecé a alternar con muchos de aquellos artistas negros, tipos enormes que me animaban a seguir y me ofrecían sus canciones. Y todo eso me sucedió en mi primer año en América. También conocí mucho a Jackie Wilson, otro cantante extraordinario.

¿Por qué crees que te aceptaron?
Seguramente compartíamos un origen working class, y teníamos un sentido del humor parecido. No solo con los negros, sino también con Elvis, que venía del mismo estrato social. Elvis se había criado en la pobreza en Mississippi y se sentía más identificado conmigo que con muchas otras estrellas del show business. Incluso aunque nunca hubiera estado en Gales. Una vez me preguntó, totalmente en serio, que si todos en Gales cantaban como yo. Se imaginaba a los galeses volviendo de la mina cantando Blues y Gospel (Risas).

En tu libro, la imagen que das de Elvis, es la de una persona muy vulnerable, asfixiada por el éxito
Lo era, y vivía fuera de la realidad, por culpa de su mánager, el Coronel Parker, que quería controlarle y tenerle en una pequeña burbuja. Elvis vivía endiosado, pero nunca fue una persona arrogante, se esforzaba por agradar y era hasta inocente en cierta manera. Lo que resalto en mi libro es que Parker fue una mala influencia. Quería tenerle bajo control, y por eso nunca le quiso llevar de gira a Europa, y le hacía rechazar las entrevistas en televisión, cuando Elvis era una tenía un gran sentido del humor y era un gran bromista. Cuando coincidíamos en Las Vegas, a veces aparecía por sorpresa en mis shows, bailando con una careta de gorila, le encantaba hacer tonterías como esa. Lo que más rabia que daba era que Parker ni siquiera le dejaba cantar con otros artistas. Cuando yo era artista residente en el Caesar’s Palace me dijo que le apetecía subirse al escenario conmigo. Hablamos muchas veces de temas que podríamos cantar juntos, pero él me daba largas y al final me confesó que Parker se lo tenía terminantemente prohibido. Creía que no colaborar con otros artistas le daba ese aire de cantante por encima del bien y del mal, y que sería bueno para su carrera. Pero obviamente no lo fue.

¿Cómo crees que habría sido su carrera de haberse rodeado de otra gente?
Creo que habría seguido evolucionando. A pesar de su éxito, él seguía teniendo ganas de probar cosas nuevas, y de competir con otros artistas. Nunca perdió la pasión por la música.

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Over the top and back (Penguin, 2015), encabeza ya la lista de las biografías más vendidas en Reino Unido. No en vano, su autor pudo conocer de primera mano en sus años de esplendor a la flor y nata del entertainment mundial.
Muchos opinan, no sin cierta razón, que el de Tom Jones fue un talento desperdiciado. Que su voz, rotunda y negroide, merecía mejor destino que los circuitos de variedades y casinos de Las Vegas en los que recaló a partir de los años 70. Él mismo se esfuerza en reivindicarse como el joven rocker que fue en su adolescencia, uno más de la pandilla de Elvis y Jerry Lee, al mismo tiempo que se burla abiertamente de crooners como su enemigo declarado Elgenbert Humperdinck.

Encontramos entre estas páginas a un Elvis perdido en su propio mundo, encontronazos con Lennon, un Sinatra distante o la abierta hostilidad de algunos de los invitados a su show de TV This is Tom Jones como Shirley Bassey y Janis Joplin, que le consideraban poco menos que un hortera de otra época. Aunque el que se lleva la palma es Frank Sinatra. Tras coincidir en Las Vegas y saber que la familia de Jones estaba entre el público, Frank insiste en conocerles y termina hinchándose a whiskeys con su progenitor hasta altas horas de la madrugada, dejando al cantante -mucho menor que él- en una esquina con un palmo de narices.

Como toda biografías autorizada, es tan revelador lo que cuenta como lo que calla, básicamente lo referido a su tempestuosa vida sexual. Pura testosterona no en vano un conocido cronista aseguró en su día que “vestía pantalones tan ajustados, que uno podía saber a simple vista si era judío”.

Basta recordar que durante su etapa en Las Vegas un asistente debía recoger las montañas de ropa interior femenina e incluso llaves de habitaciones de hotel que las fans arrojaban al escenario, una costumbre que terminó convirtiéndose en un cliché y que llegó a irritarle profundamente, y que todavía le causa inquietud en la actualidad.

Sir Tom prefiere, sin embargo, obviar esta faceta –sobradamente cubierta en los tabloides británicos en su día- y presentarse como un hombre de familia enamorado de su esposa, Linda, enferma de enfisema en la actualidad y con la que lleva casado desde los 17 años. Una influencia fundamental en su vida que, asegura, es la razón para mantenerse cuerdo en el mundo del show business. Aunque ella hizo la vista gorda ante sus publicitadas infidelidades, llegó a ponerle un ojo morado de un puñetazo después de que una conocida revista publicase unas instantáneas suyas veraneando en compañía de una famosa modelo de la época.

Otras biografías cifran en más de 200 el número de groupies que Mr. “Sex Bomb” se beneficiaba al año, romances con estrellas de cine y top models, e incluso una habitación llena de lujos para intimar con las fans después de cada actuación. ¿Para cuando la segunda parte?

.J.L. Fernández, 2014. Publicado originalmente en la revista Ruta 66.

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