J.L. Fernandez's Blog

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Entrevista con… Lucinda Williams

Posted by jlfercan en marzo 29, 2017

La carretera que da título a su última obra, The ghosts of highway 20, se extiende a lo largo de 1.535 millas entre Carolina del Sur y Texas, recorriendo buena parte de los lugares en los que Lucinda Williams creció y vivió durante su juventud.

Sin apenas tráfico en las últimas décadas debido a la proliferación de modernas autopistas, simboliza el mundo que dejamos atrás, y los fantasmas que habitan estas carreteras desiertas son dolorosamente reales para su autora. El de su padre, el laureado poeta sureño Miller Williams, fallecido el año pasado al igual que su suegro, o el de su madre, aquejada de una enfermedad mental heredada también por varios de sus hermanos.

Se trata de un disco doble de aires sombríos, apuntalado por las guitarras de Bill Frisell y Greg Leisz y que resume tanto las experiencias vitales de Lucinda como el amplio abanico de géneros –Country, Gospel, Blues del delta, soul sureño- que ha marcado esta última etapa, en la destaca el papel de su marido y mánager Tom Overby.

The ghosts of highway 20 es casi un disco conceptual. Estas canciones no podrían encajar en ninguno de tus trabajos anteriores. El tema es la muerte, echar la vista atrás

La idea me la dio la carretera del título. En un primer momento, era muy reticente a volver a escribir sobre lugares del Sur. Tengo tantas canciones así, que temía sonar redundante. Pero tener esa carretera como referencia le dio sentido. Todo surgió cuando actué en Macon (Georgia), que es donde empezaron The Allman Brothers Band. Después del show, estábamos saliendo de la ciudad en el bus de la gira, y empecé a ver todas las señalizaciones de la ruta, y me di cuenta de que esa carretera conecta muchos de los lugares en los crecí: Vicksburg (Mississippi) donde nació mi hermano, Jackson donde lo hizo mi hermana, o Monroe (Louisiana) donde nació y está enterrada mi madre.

Hay una frase de la canción que titula el álbum que dice: “every exit leaves a little death”

Conforme te vas haciendo mayor, tienes que acostumbrarte a perder a tus seres queridos. Y para mi es muy, muy difícil. Mi historia familiar es además un poco complicada, ya que en mi familia materna hay un historial de enfermedades mentales. Mi madre era maníaco-depresiva, y también lo es uno de mis hermanos. Me duele especialmente cuando pienso en él. Aunque no ha muerto, es como si lo estuviera, ya que llevo diez años sin verle, y se ha convertido en un extraño para sí mismo.

En cierto modo siento que The ghosts of Highway 20 es una especie de segunda parte de Car wheels on a gravel road Aquel disco era una mirada hacia mi juventud, y es como volver a esa reflexión ahora que soy aún más mayor. Porque buena parte de los lugares sobre los que hablo ya no tienen nada que ver como eran antes.

¿Escribes sobre esos lugares que han cambiado tanto para preservarlos tal y como eran?

En cierto modo. Escribir es un acto nostálgico en sí. Otra de mis aficiones es la fotografía, que también lo es. Creo que de no haberme dedicado a la música, sería fotógrafa y me dedicaría a documentar como era la vida en los lugares donde crecí. El Sur que yo conocí, con carcasas oxidadas de camiones a los lados de la carretera, los letreros con frases religiosas y otras cosas que menciono en mis letras, son cada vez más difíciles de ver. Me gusta pensar en algunas de mis canciones como fotografías de esos lugares, y que escucharlas es como ver un pequeño álbum.

Tu padre, Miller Williams, falleció el año pasado a causa del Alzheimer. A él le dedicas “If my love could kill”

Estábamos muy, muy unidos. Él fue mi mayor consejero y mi crítico más duro. Como te decía antes, mi madre tenía una enfermedad mental grave y no se podía ocupar de mi y de mis hermanos, porque requería tratamiento constante. Cuando se divorciaron, nos fuimos a vivir con él, y eso no era nada frecuente en los años 60. Por lo tanto, el vínculo que tuve con mi padre fue siempre especial, y verle enfermar se me hizo durísimo. El día en que mi padre me dijo que ya no podía escribir más poesía, ese día supe que el final estaba cerca, que lo había perdido.

¿Qué fue lo más importante que aprendiste él a la hora de componer?

A dejarme llevar a la hora de escribir y a no dar demasiadas vueltas a las cosas. Él me aconsejó que nunca tuviera miedo de lo que otros pudieran pensar. Que lo importante es la canción en sí misma, y cuando estás trabajando debes olvidar por completo el mundo exterior.


Él trabajaba como profesor de Universidad y vivisteis en el extranjero, en Chile entre otros lugares. Tuvo que ser duro volver después al Sur, que no es un lugar muy abierto de miras precisamente

Yo era una niña un poco rara, introvertida o como prefieras llamarlo. Pero es que mi familia era diferente a las demás. Vivir en el extranjero y conocer otras culturas me dio una visión más global del mundo y volví con una mentalidad mucho más abierta. Era una de las pocas niñas de mi escuela que había vivido fuera de Estados Unidos.

Vivimos en Santiago de Chile durante 1963, y allí descubrí la música de Violeta Parra, porque mi padre conocía a su hermano, el poeta Nicanor Parra. Teníamos los discos de Violeta en casa, y sonaban muy a menudo. En mi anterior gira española interpreté una de sus canciones.

La figura de tu madre está también presente en el álbum. «Louisiana Story» habla sobre su infancia en un ambiente de extremismo religioso

¿Recuerdas «Bus to Baton Rouge» de mi disco Essence? Pues esta sería una especie de continuación, que describe la infancia de mi madre en el Bible Belt, o cinturón de la Biblia como lo llamamos aquí. Dudé sobre incluirla en el disco hasta el último momento, porque es una canción dura, llena de imágenes oscuras. Siempre he tenido una sensibilidad muy “southern gothic”, me identifico mucho con escritores sureños como Eudora Welty, o con los relatos de Flannery O’Connor. Diría que el estilo narrativo de la canción va un poco en esa línea.

El material de este disco pertenece a las mismas sesiones de tu trabajo anterior Down where the spirit meets the bone. Hablamos de dos discos dobles en menos de dos años

Estoy en un momento de mi carrera en el que tengo control total sobre lo que publico. Ahora tengo mi propio sello –Highway 20- y puedo hacer lo que quiera.

Cuando dependía de las discográficas, me pasé años suplicándoles que me dejaran publicar un álbum doble y no me dejaban porque decían que no se vendían bien. Los dos trabajos que publiqué a mediados de la década pasada, West y Little Honey, tenían que haber sido una única obra y me obligaron a editarlos por separado, y creo que eso les perjudicó. No iba a permitir que me pasara lo mismo otra vez.

En este caso, salimos del estudio con unos 35 temas, aunque había algunos bastante antiguos, como «Death came», que escribí en 2004, cuando murió mi madre. Es curioso, porque este disco no se planteó inicialmente como un doble, pero el último tema, «Faith & Grace», era tan largo que nos obligó a publicarlo así. Podíamos haberlo acortado, pero fue uno de esos momentos en los que la química entre los músicos fue tan brutal, que era un crimen hacerlo.

Las guitarras de Bill Frisell y Greg Leisz tienen un protagonismo tremendo a lo largo de todo el trabajo, como lo tuvo la de Doug Pettibone en etapas anteriores. Da la impresión de que te comes mucho la cabeza para encontrar al guitarrista adecuado

Diría que la guitarra de Bill Frisell es la seña de identidad, el auténtico alma de este trabajo. Él es uno de esos pocos guitarristas que tiene un sonido característico,  reconocible a la primera.

En «House of earth» adaptas una letra de Woody Guthrie

Conocí a su hija, Norah, que es la que gestiona los derechos del legado de Woody. Él dejó muchas letras de canciones inéditas, sin musicar. Parte de ellas las grabaron Wilco y Billy Bragg, pero aún quedan bastantes en el archivo. Coincidí con Norah en un festival en Alemania, y ella misma me propuso trabajar en esa letra. Se trata de una canción era muy atrevida, que habla sobre la vida de una prostituta, pero desde un punto de vista muy valiente, y muy poco sentimental. No es lo que te esperas de Woody Guthrie.

¿Por qué has decidido registrar «Factory» de Bruce Springsteen?

La idea fue de mi marido, Tom. Él es muy fan de Springsteen, y hace poco perdió a su padre, que falleció un mes después de que se muriera el mio. Su infancia y la de Bruce fue muy parecida, ambos crecieron en ciudades industriales y su padre trabajó durante casi 30 años en una fábrica en Minnessotta, y Tom siempre se identificó con el chico de la canción.

Creo que en general, uno de los problemas de la música actual es que los artistas ya no hablan de la vida de la gente común, sino que intentan venderte un mundo de fantasía. Si lo piensas, los grandes del country y del blues, como Hank Williams o Johnny Cash, todos crecieron en la pobreza, en áreas rurales. Johnny Cash incluso llegó a recoger algodón para vivir. Hoy en día es diferente, la mayoría crecen en los suburbios o en las ciudades, y sus experiencias son distintas. Aunque eso tampoco les desacredita. Al final, se trata de tener talento para describir esas experiencias, o de no tenerlo.

Ahora vives en Los Angeles. Seguro que hay discos que te traen recuerdos del Sur cuando los escuchas

Claro… sobre todo me pasa cuando escucho a Hank Williams. Y también los clásicos del Jazz y el Blues que sonaban mucho en casa cuando era pequeña: Chet Baker, John Coltrane, Loretta Lynn, Bessie Smith, Mississippi John Hurt… Casi todo material editado por Columbia Records. Y la primera canción que recuerdo emocionarme de pequeña fue «Ramblin’ Rose» cantada por Nat King Cole (tararea un fragmento). Esa era de las favoritas de mi madre, que la solía interpretar al piano.

Normalmente al analizar tu trabajo, los críticos siempre escogen etiquetas como Country, Blues o Americana, pero yo últimamente aprecio también mucha influencia del Soul, cada vez más

Desde luego. Es más, me gusta referirme a cierto tipo de Country como Country-Soul: Kris Kristofferson, Tony Joe White, Bobby Gentry… Tony Joe White es uno de mis héroes y fue un honor que tocara en mi anterior disco. Cuando lo conocí fue increíble, habla exactamente como canta, con ese vozarrón (Risas), y vino al estudio con sus botas de cowboy, gafas oscuras y su sombrero. ¡No decepciona! (Risas).

Me gustaría preguntarte también por el rol que juega tu marido y mánager Tom Overby, ya que parece actuar como un consejero musical, interviene en la secuenciación de tus discos…

Sí, aportó varias ideas para este álbum, y cada vez interviene más. Incluso escribió alguna que otra línea en varias canciones. Pero él es bastante tímido, y lo negará todo (Risas). Yo al principio yo era reticente a dejarle participar, porque estoy acostumbrada a trabajar totalmente sola, pero nuestra unión funciona también a nivel artístico. Si hace unos años una de mis parejas llega a intentar meter las manos en mi música, le corto el cuello (Risas). Pero es una de las cosas que he aprendido con los años, a dejarme llevar.

No siempre ha sido así, de hecho tienes fama de ser muy perfeccionista, como cuando grabaste Car wheels on a gravel road. Una vez entrevisté a Steve Earle y le pregunté por aquella grabación…

Ya imagino… (Risas).

Steve me comentaba que fue un horror. Una pesadilla

No me extraña. Los volví locos a todos (Risas). Yo era muy insegura entonces y me estaba jugando mi carrera. En mi defensa diré que entonces Steve Earle no era fácil tampoco. Era una persona que intimidaba mucho y que tenía un carácter de mil demonios. Entró en el estudio queriendo mandar y controlarlo todo, y la que mandaba era yo. Nos peleábamos a gritos y no llegamos a las manos de milagro. Los dos hemos cambiado. Y creo que al final tuve razón, porque Car wheels fue un éxito y sigue siendo el favorito de mucha gente que me sigue.

Llevas en activo desde finales de los años 70. ¿Cómo evitas no repetirte?

Ese es el quebradero de cabeza de cualquier artista veterano. Fijarse en gente como Dylan, Chryssie Hynde o Neil Young ayuda. Supongo que la clave es ser capaz de abordar distintos géneros: Country, Blues, Rock, Soul… y de rodearte de músicos con personalidad, diferentes en cada trabajo.

Y pensar siempre en nuevos proyectos. Por ejemplo, tengo desde hace muchos años la idea de grabar un álbum de versiones de Standards de los 50 y 60, dándoles mi toque personal. Tengo una lista enorme de canciones para el proyecto, de Nina Simone, June Christy, Julie London… todo vocalistas femeninas. Aunque escogería las canciones más oscuras, dejando a un lado los hits. Porque en esa época se escribieron temas muy inquietantes, es una etapa muy interesante desde el punto de vista de la composición.

¿Hay algún artista actual que te haya impresionado últimamente?

El último disco de Sharon Van Etten me parece maravilloso, y también escucho mucho a Courtney Barnett y a la belga Melanie De Biasio. Su música me parece elegante. Hipnótica. Pero cuando estoy en casa escucho mucha música brasileña también: Jobim, Joao Gilberto…

Tu última gira gira está siendo todo un éxito de público. ¿Te sientes cómoda con tu estatus actual? ¿Puedes relajarte un poco y pensar que lo has conseguido?

Me costó más de 20 años conseguirlo, pero sí, me va muy bien tanto en lo financiero como en cuanto a reconocimiento. En general, ahora mismo estoy donde quiero estar.

.J.L. Fernández, 2016. Publicado en la revista Ruta 66

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